Alguien dijo en forma de gracia que aún cuando uno sepa que al morir va al cielo no por eso uno está apurado, la razón es que en general pese a que la vida en este mundo tiene muchas aflicciones escogeríamos estar en ella por nuestros seres queridos o por las satisfacciones cotidianas que el mundo nos da. Sin embargo hay quienes sin ser suicidas o tener graves problemas mentales han realizado esta oración y es más increíble que algunas se hallen en las Escrituras. Personas que pasaron por momentos de profunda depresión, angustia y desesperación producto de enormes sufrimientos: el íntegro Job, el valiente Elías y el gran profeta Jonás.

Existen aquellos momentos y circunstancias de la vida donde los problemas no parecen tener solución, donde ya no se mira nada satisfactorio en esta vida y donde estas situaciones parecen que serán para siempre. Así es que en la muerte se cree que se hallará la puerta de escape a los problemas que asfixian. Pero al menos hay que admitir que en esta oración hay un punto positivo, el reconocimiento que Dios es el Dios que da y quita la vida y nadie más debe quitarla, ni por eutanasia, ni por aborto, ni por suicidio.

Pero cuando uno hace esa oración, ¿Cuál es la respuesta de nuestro amoroso creador? Veamos la situación que les llevó a hacer esta oración y cuál fue la respuesta divina:

A. Elías: “1Re 19:4 …Basta ya, oh Jehová, quítame la vida,…” porque no vale la pena seguir luchando

Elías se siente solo, se siente como el que lucha contra el mundo y siente que pese al gran triunfo que acababa de tener no logró vencer. Se va al desierto, se echa bajo de un árbol y pide morir. Pese a que Dios lo había usado para detener la lluvia, hacer caer fuego del cielo y volver a abrir los cielos para que lloviera, ahora cuando la malvada reina Jezabel lo persigue siente que es el último profeta y no vale la pena seguir luchando.

Dios contestó pero no quitándole la vida sino con fortaleza, levantando ayuda y dándole nuevos horizontes: Primero envió un ángel que le llevó pan y agua porque tenía que caminar. Luego se le apareció en una montaña para decirle que no estaba solo sino que había 7000 hombres que no se doblegaban como él y finalmente le envió la ayuda de dos hombres que acabarían con la malvada reina.

¿Sientes que ya no puedes luchar solo? ora a Dios por fuerzas nuevas, pide que te envíe ángeles o seres humanos que aminoren tu carga y pide por una visión de la realidad.

B. Job y sus desgracias: “Sería mejor que me estrangularas; prefiero la muerte a esta vida.” Job 7:15 (DHH)

Job no sólo se queja de la vida de desgracias que le ha sobrevenido sino se pregunta por qué Dios lo dejó nacer y dice que él hubiera preferido que su madre lo hubiera abortado (Job 3). La historia nos relata de un hombre justo que adoraba a Dios, que tenía una linda familia y grandes riquezas y que de un día para otro experimenta la muerte de su ganado, la muerte repentina de sus hijos y al final una enfermedad grave de la piel que lo sume en la pobreza y la total desesperación. En un momento siente a Dios como en un ser incomprensible y lanza una serie de preguntas mientras que sus amigos le tiran muchas acusaciones agravando su dolor.

A partir del capítulo 38 Dios empieza a responder a Job no quitándole la vida sino haciéndole ver su necedad e ignorancia y al final Job responde pidiendo perdón por cuestionar su providencia. La historia termina con una devolución de la prosperidad de Job pero esta vez al doble.

¿Sientes que las desgracias de la vida dejan ver que Dios ha sido muy injusto contigo? ¿Has perdido tu salud, tus posesiones y sientes que ya no tienes nada más por lo cual vivir? Dios te responde diciéndote que le conozcas más, que conozcas más su poder sabiduría y majestad y que confíes en él que él tarde o temprano secará tus lagrimas y te consolará y restituirá al doble o al triple.

C. Jonás pide morir por lo que le parece una injusticia  “Por eso, Señor, te ruego que me quites la vida. Más me vale morir que seguir viviendo.”

Conocemos la historia del profeta que fue tragado por el pez detenido por una tormenta mientras trataba de escapar de la encomienda de Dios. Él no quería ir a predicarles a los ninivitas porque sabía que Dios podía perdonar a estas personas tan malvadas y sanguinarias. Sin embargo a regañadientes fue y predicó el mensaje y llegado el tiempo en que Dios debía destruir él ve que Dios no lo hace y entonces en su frustración pide que Dios le quite la vida. Este es el tipo egoísta y testarudo que quiere que Dios haga su voluntad aunque ésta esté mal.

Dios ni le quita la vida ni concede su capricho sino le explica con un ejemplo. Un gusano mata el arbusto que le cubre del calor y enojado de nuevo Jonás pide morir (4:8). Dios le dice que el amor que Jonás siente por el arbusto es muy inferior al amor que el siente por la gente de Nínive y que no los destruirá.

Es hora de cambiar de mentalidad si acaso estás molesto caprichosamente porque las cosas no han salido como tú las esperabas, porque no fuiste rico o famoso o porque otros triunfan y tú no, o porque Dios no castiga a ciertas personas. Tienes que cambiar de perspectivas y empezar a sentir como Dios siente.

Conclusión

Aún cuando a nosotros la oración “quitame la vida” pareciera justa en algún momento, Dios sabe cuando será el momento adecuado en el cual tendremos que partir. Elías no murió, fue llevado al cielo en un torbellino, Job murió lleno de días y de Jonás no sabemos nada más que Dios no le concedió su capricho.

Cualquiera que fuera la situación que te llevara a hacer esta petición ten en cuenta que el común denominador de estas historias es que Dios les contestó e hizo aquello que a él le parecía más conveniente para sus vidas. Cuando tú te sientes inhabilitado para continuar Dios toma el volante de tu vida y te lleva a buen destino.

Jesús oró “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?”, murió sin merecerlo y en su humanidad oró por no pasar por ese trago para que hoy puedas tú obtener la vida y la resurrección que él te ofrece y confíes que en sus manos tu presente y tu futuro están seguros.