El Dr. Armando de la Torre, teólogo, periodista y escritor estadounidense guatemalteco hace una pregunta interesante: ¿qué es más importante? ¿la libertad o la igualdad? o ¿la igualdad o la justicia? De la Torre dice que han habido tres momentos de legítimo valor sobre los cuáles en la actualidad se han formulado las ideas de igualdad:

  1. Los romanos fueron los primeros en decir que “los seres humanos somos iguales en la naturaleza”. Los filósofos estoicos en el año 200 a.C. decían que aunque seamos esclavos y libres somos iguales ante la naturaleza.
  2. Los cristianos basados en las Escrituras llegaron a la idea que “los seres humanos somos iguales ante Dios”, independientemente del estatus social o económico.
  3. Los ingleses fueron un paso más adelante en el siglo XVII al decir que “todos somos iguales ante la ley”. Se entiende que todos debemos pagar las mismas penas por los mismos crímenes sin importar posición social, política o económica.

A la llegada del comunismo se pensó que ahora debíamos tener “igualdad de logros”. Todos debemos tener la misma pertenencia y la misma riqueza. Para lograr esto, dice de la Torre, es necesario quitar la libertad. Ejemplo de esto es lo sucedido en Camboya entre los años 1975-1979 donde se obligaba a las personas a trabajar en el campo y quien se resistía lo mataban, quien tenía un título universitario se le mataba, quien tenía un automóvil, se le mataba,… nadie podía ser diferente. El resultado fue que en cuatro años exterminaron a la cuarta parte de la población. Conclusión, es necesaria tolerar la desigualdad de logros para preservar la libertad humana de poder escoger, poseer, etc. No solo la libertad está en peligro al darle un valor superior a la igualdad de logros sino también la justicia. Por ejemplo, en una competencia olímpica quien es más veloz y se ha preparado más, no debe ganar por mantener esta igualdad, y debe llegar al mismo tiempo que los más lentos para que aquellos no se sientan mal.

La revolución francesa fue emblemática en cuanto a la búsqueda de libertad e igualdad pero no dio cabida a la igualdad de género, entendiéndose esta última como la igualdad de los hombres y las mujeres ante la ley para educarse, votar, ejercer cargos públicos, en la iglesia, en el ejército y en la propiedad privada.

Contrario a la idea de “la igualdad de logros” está la concepción de “igualdad de oportunidades” que propone que todos puedan tener acceso al bienestar social y poseer los mismos derechos civiles y políticos. La igualdad no consistiría en eliminar las diferencias sino valorarlas y darles un trato equivalente, la equidad se refiere más a las acciones que compensan las condiciones que colocan en desventajas a un grupo o persona. Ejemplo: si un niño y una niña van a la escuela es  igualdad de género, pero si las niñas por alguna causa económica o familiar no van a la escuela y se les apoya con becas es equidad de género. En este sentido se dice que hombres y mujeres tienen igualdad de oportunidades pero no necesariamente de logros pues se entienden que no todos sacarán un diez.

La Biblia dice en el libro de Isaías: “guardad derecho, y haced justicia;… porque yo Jehová soy amante del derecho” (Is. 56:1, 61:8); también vemos reiteradamente la preocupación constante de Dios en los desprotegidos “a ninguna viuda ni huérfano afligiréis”(Ex.22:22), pues Dios “hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido” (Dt. 10:18).

Si bien la ley del código civil de Israel que Dios le dio mediante Moisés contemplaba a la familia y a la sociedad conducida por hombres y les garantizaba los derechos (lo mismo que el resto de las sociedades del mundo hasta el siglo XX), Dios no dejó de proveer normas en caso de faltar el varón, haciendo provisión de este modo para la mujer. Tenemos aquel caso en que luego que ya había sido dada la ley se acercan cinco hermanas, hijas de Zelofehad de la tribu de Manasés, a Moisés a decirle que su padre había muerto y no había tenido hijos varones por lo cual la tierra se perdería (Núm. 27:1-11). Moisés consultó con Dios quien les dio la razón a estas mujeres y les concedió la heredad de su padre. Poco tiempo después se acercan de nuevo a Moisés y le plantean otro caso, ¿qué pasaría con la tierra si se casaban con personas de otra tribu? la tierra de su tribu pasaría a la de la otra tribu. Dios dijo que ellas hablaban rectamente y les mandó casarse con personas de su propia tribu para conservar la tierra en su heredad (Núm. 36:1-13).

Los casos anteriores si bien ocurrieron en circunstancias diferentes a la de los países del siglo XXI en tanto que en la actualidad se procura la propiedad individual más que la colectiva o tribal, tienen en cuenta la provisión para las familias y nos hablan de que Dios deja espacio para ciertas modificaciones en el código civil (no en el moral) para el beneficio de las sociedades, para hombres y mujeres pero con vistas a sus familias. También nos enseña que en Dios no hay misoginia (aversión a las mujeres), pues no sólo permitió que se expresaran sino que confirmó que la petición era justa. De este modo estas mujeres serían propietarias y administradoras de la tierra de sus padres.

Concluimos de esto que la Biblia y el cristianismo han tenido mucho que decir ante el tema de la igualdad y de la justicia humanas aún cuando en la actualidad se piense en prescindir de estos pensamientos. No obstante requerimos de estudiar más el tema en cuanto a lo que enseña la Biblia sobre los roles de género y los denominados derechos sexuales porque en cuanto a estos asuntos podemos hallar discordancia con lo que se enseña en la actualidad lo cual discutiremos en el siguiente post.