En una esquina un niño llora por no tener que comer y porque su padrastro lo maltrata en casa, el vecino de enfrente fue traicionado por su esposa con quién estuvo casado diez años y una madre de dos niños de la otra calle fue diagnosticada con una enfermedad mortal. En nuestra noción de justicia el malo merece sufrir de algún modo y pagar por sus fechorías ¿pero el bueno? No decimos ¿por qué sufre el asesino serial o el pedófilo? o ¿por qué sufre el ladrón?  Pero, estas personas a quienes presumimos inocentes y de algún modo inmerecedores del dolor humano?. Pero para ser honestos no hay ser humano quien en pensamiento, palabra o acción no haya contribuido en mayor o menor grado al sufrimiento en la tierra y por tanto merezca cierta retribución.

Dicho lo anterior, aclaremos que la bondad divina es superior a la humana y su justicia no la coarta. Mateo 5:45 dice que Dios hace salir el sol sobre malos y buenos. La bondad divina, se expresa en el hecho de que sin importar que el hombre merezca solo sufrimiento se le de días soleados, comida, calzado, estudio, amistades, el olor de una flor y el trinar de las aves. Sí, porque usualmente el incrédulo reprocha a Dios de injusto y malvado pero no deja ver que todo lo bueno que tiene y el regalo máximo de la vida lo tiene por la bondad divina.

Respecto a la pregunta ¿quién es bueno? no debe ser respondido en función de lo que subjetivamente nos parece sino ¿quién es bueno ante Dios? A lo cual la Biblia enfáticamente responde que nadie por sí mismo(Ro. 3:10), pero sí se nos enseña que podemos ser justificados por la fe en Jesús (Ro. 3:22) y de este modo se nos concede ser “buenos” ante Dios.

Alguien preguntará, si Dios es bueno y poderoso, entonces ¿por qué no evita que los hombres malos no hagan el mal para que de este modo no se condenen ni hagan daño?

EL SUFRIMIENTO POR EL PECADO DE OTROS

Libre albedrío e intervención divina

Primero consideremos que Dios hizo al hombre con libre albedrío, lo cual es la capacidad de decidir por sí mismo si hace el bien o el mal. De otro modo se vería aquella acusación de Satanás como verdadera: “Dios es un tirano que nos sujeta a la fuerza para que se haga su voluntad”. Dios quería que le amaramos y sirvieramos voluntariamente por lo que nos dotó de esta capacidad de elección para escogerle a él. Nosotros elegimos hacer el mal y con ello causamos sufrimiento al prójimo, a nosotros y a nuestro creador. La libertad es el regalo más grande que Dios le ha dado al hombre. En esta tierra las personas hacen revoluciones y luchan por libertad, los jóvenes desean la emancipación de sus padres, y el que está en la cárcel añora tener una vida libre. Dios nos concedió libre albedrío y no lo quitará de nosotros: permitirá que amemos o que odiemos, que demos palabras de consuelo o expresemos palabras hirientes, dejará que seamos generosos pero también que elijamos robar, etc. 201604171007360ba40f6c86b6e14e6e46d96a6ce65f7c

Que Dios nos haya dotado de libertad para hacer lo que determinemos no significa que él se quede estático viendo como nos destruimos, sino que él procura persuadirnos de hacer lo contrario: nos puso una conciencia, nos ha dado revelación de su voluntad mediante las Escrituras (sus mandamientos bien entendidos son el medio para librarnos de ser dañados y dañar a otros), ha permitido el establecimiento de la ley civil para que sean castigados en esta vida los crímenes que cometemos, y puede usar a las personas a nuestro alrededor para persuadirnos a no hacer el mal al prójimo. Dios no coartará nuestra libertad usualmente pero sí usará diferentes medios para que esta persona no lleve a cabo el mal. Lo que sí es posible es que en ocasiones Dios libre a sus amados de los daños de la gente mala.

Usualmente conforme a las leyes de la física la bala saldrá y dañará el corazón pero en algunos pocos casos que Dios escoge (mayormente por la oración y con propósitos redentores mayores) puede hacer por ejemplo que el arma no funcione, que la bala se desvíe o que si toca su cuerpo sea expulsada milagrosamente. También puede detener el avance del asesino o del que pretende hacer mal a un justo con el propósito de glorificarse y salvar a alguien: consideremos el caso de Balaam a quien Dios detuvo enviándole un ángel con una espada (Núm. 22), el caso del ejército del faraón a quien Dios detuvo con una columna de fuego, o a Saulo de Tarso a quien derribó del caballo con una luz enceguecedora.

A parte del libre albedrío ¿Por qué Dios permite que los buenos sufran?

Hay varias razones:

Uno puede ser por falta de fe y oración de los creyentes. Jesús dijo que oremos “no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal” (Mt. 6:13). Pero cuando no oramos nuestra protección contra el mal está por los suelos y somos vulnerables a toda clase de ataques.

Otro puede ser que el plan de Dios a largo o mediano plazo es usar el mal para su propósito redentor: una cosa mala llevará al final a un bien mayor. Ejemplo: José fue odiado por los hermanos y vendido a Egipto como esclavo, luego fue a dar a la cárcel pero ahí conoció al copero del rey quien luego se acordó de él y luego lo llevó ante el faraón para así convertirse en rey y salvar a muchas personas de la hambruna que vendría. Dios dice que tiene planes de paz y no de mal para sus hijos (Jer. 29:11) y además que todas las cosas ayudan a bien a quienes lo aman (Ro. 8:28). El dolor requiere perspectivas correctas.

O puede ser para hacerme una persona más paciente y mediante ella ser más integro: ¿Cómo funciona de este modo? El sufrimiento y las pruebas son capaz de destruir a las personas o por otro lado son capaz de forjar como el fuego forja el metal nuestro carácter débil. El ejercicio agotador y constante puede desarrollar los músculos y preparar al atleta para la carrera.  Nuestras luchas terrenales pueden conducirnos a una preparación para consolar a otros (2 Co 1) y para lograr objetivos nobles y espirituales en medio de este mundo adverso.

También el dolor nos puede causar volvernos a la senda correcta si estamos mal, nos puede hablar más fuerte que mil consejos de un padre o un amigo. Así como el padre con su hijo en ocasiones tiene que corregir con dureza, del mismo modo lo hace Dios con nosotros, no con el propósito de destruirnos sino de que entendamos que nuestros actos tienen consecuencias y que comprobemos por nosotros mismos que el bien nos es más conveniente para nuestra dicha.

Los fieles en el dolor reivindican que no lo son solo en los tiempos de bonanza, que no se van cuando las cosas se ponen color de hormiga, que no renuncian cuando se acaba la fiesta. Estos no son interesados, como aquellos que sólo aman a Dios cuando todo sale bien, como quienes se acercan a un rico porque es rico y no lo estiman por ser quien es. Estos son como el esposo que está en las buenas y en las malas como lo prometió hace años ante su esposa vestida de blanco.

¿Cómo se deja ver la bondad de Dios en el sufrimiento? en que no nos deja para siempre postrados, en que nos consuela en todas nuestras tribulaciones (2 Co. 1:4), en que aunque el justo pase por muchas aflicciones Dios le libra de todas ellas (Sal. 34:19), en que aunque hace que sus hijos pasen por las aguas él está a su lado y si pasan por el fuego, este no les quema (Is. 43:2). Su bondad se deja ver en que por su misericordia no hemos sido consumidos (Lam. 3:22) y en que al final nos dará el doble de lo perdido y de lo sufrido el día de su gloria. Por esto y más el creyente puede confesar que Dios es bueno pese a su dolor y decir como Pablo:

Rom_12:12 gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración;