Hemos llegado al tiempo donde la gente dice: lo que tú creas que es verdad lo es para ti y yo lo respeto. En este mundo las creencias en ovnis, hadas, unicornios, fantasmas, dragones o santa claus; no parecen ser muy diferentes de la creencia en Dios, demonios, ángeles, en el cielo y el infierno, etc. Pero el que creamos que algo existe y a su vez tenga un efecto en nuestra forma de comportarnos no significa que aquello sea real y verdadero. Más que pensar que todo es válido y respetable es más noble buscar aquellas creencias que se ajustan a la realidad.

Esencialmente la fe es la creencia en cosas que no vemos o percibimos con los sentidos naturales (Heb. 11:1). Mucha gente no se da cuenta que a diario experimenta la fe. Las leyes de la naturaleza y de la cotidianidad nos hacen olvidar que el universo es asombroso pero impredecible. ¿qué nos asegura que mañana viviremos? ¿qué garantiza que el sol saldrá mañana?, sin verlo confiamos que así será y no nos detenemos a pensar que las cosas no son tan obvias. Pero cuando nos percatamos que hay excepciones corremos con cuidado y empezamos a dudar de las cosas. No nos sentamos con mucha confianza en un tipo de silla como la que se nos rompió, mucho menos con tanta facilidad nos entregamos al amor por segunda o por tercera ocasión.

A diferencia del ámbito físico lo espiritual es invisible y por consecuencia requiere de una mayor dosis de fe. El riesgo de equivocarse parece ser mayor que digamos confiar que no se robaran mi coche o que mi mejor amigo no me traicionará, acá no sé si quiera si existe un coche o dicho amigo o si esta persona es amigable realmente. Hemos llegado al mundo de las creencias, ¿Creer o no creer? ¿confiar o no en algo que no vemos?

Todos tenemos un sistema de creencias. ¿Cómo desarrollamos nuestras creencias? Pienso que al menos de dos maneras

  1. Nosotros mismos la desarrollamos: La interpretación de un hecho o pensamiento nos hizo llegar a la conclusión de que aquello es verdadero.
  2. Le creímos a alguien que nos contó algo que para él es verdadero. Oímos los hechos y la interpretación que él le dio y le creímos

Por ejemplo, hay mucha gente que dice que ha visto extraterrestres. Cuando llegamos a la conclusión de que los que nos cuentan son testigos fieles y verdaderos entonces les creemos. Si resulta que son mentirosos o personas con una doble intención lo dudamos.  O puede ser que estemos en una casa abandonada, veamos una sombra, oigamos ruidos en el techo y saquemos nuestra conclusión de que hay fantasmas.

La Biblia jamás indica que creamos a todo lo que la gente cree sino que examinemos todo (1 Ts. 5:21) y nos manda que no tengamos miedo a todo lo que la gente teme (Is. 8:12). Más bien nos muestra que toda creencia debe estar basada en testigos veraces y confiables. La Biblia dice que nadie ha visto jamás a Dios (Jn. 1:18), lo cual sería base suficiente para no creer en él, sin embargo en el mismo pasaje dice que su Hijo que vive en unión intima con él lo dio a conocer. La cuestión se reduce a si es Jesús veraz o el más grande mentiroso, un lunático o el ser más perverso de la historia.Dios le da tanto peso al buen testimonio que condenó en la ley el decir falso testimonio.

Jesús es llamado el testigo fiel y verdadero (Ap. 3:14). Ante Poncio Pilato Jesús confesó su misión en la tierra:

Jua 18:37 … Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.

Los discípulos que Jesús llamó tenían como principal tarea estar con él (Mr. 3:14), observarlo para así convertirse en sus testigos (Hch. 1:8). Juan introduce su primera epístola diciendo:

1Jn 1:1 Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida
1Jn 1:2 (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó);

Sólo un testimonio veraz, alguien que haya visto y oído que no esté loco, ni tenga doble intención ni acostumbre mentir puede asegurarnos que la creencia de la cual nos habla es verdadera.

Luego pues la Escritura nos exhorta a no creer a todo espíritu sino probar los espíritus (1 Jn. 4:1) sabiendo que muchos falsos profetas han salido por el mundo. Según la Biblia hay tres fuentes espirituales del cual surgen las creencias del hombre: De Dios (por medio de la Escritura y el Espíritu Santo), del hombre (de su imaginación o de su pensamiento), de los demonios (error y mentira, distorsión de la verdad).

Por tanto no todas las creencias son verdaderas. La Biblia rechaza el carácter subjetivo de la verdad y afirma su carácter objetivo. Lo verdadero no sólo existe en la mente sino que debe corresponder a una realidad. Si esto es así, deberíamos cuidarnos de lo que creemos y a quienes oímos.

Por tanto si la Biblia es el testimonio de personas fieles significa que ella misma es veraz. Jesús llegó a decir que la Palabra de Dios no sólo contiene verdad sino que es la verdad (Jn. 17:17). Si la Biblia es la verdad ella es la piedra de toque de toda creencia, ella es digna de ser creída y recibida, es la regla, la medida a toda creencia. Pero si dudamos de que esto sea así debemos remitirnos a las pruebas que estos testigos dejaron, su estilo de vida, sus milagros, lo que sus contemporáneos decían sobre ellos y aún sus enemigos. Sólo la verdad nos hará verdaderamente libres (Jn. 8:32)