Hace unos meses veíamos una película de un hombre que se había quedado viudo e invitó a sus hijos a pasar la navidad con ellos. Cada quién dijo que no podría ir a verlo. Él tomó la decisión de darles la sorpresa e irlos a ver a su casa. El menor le había mandado cartas de que se había convertido en pintor famoso, llegó a la dirección y tocó a la puerta en un apartamento algo arruinado, pasaron las horas y nadie salió, entonces pasó por las ventanas del establecimiento de al lado y vio unas pinturas, pensó que era mejor continuar su viaje. Llegó a la casa de una hija, esta tenía mucho dinero y un hijo, y un marido, ella no podía esperar que él se fuera, pero habían cosas que no le parecían, como por qué su hijo le gritó a su papá y por qué este siempre estaba fuera. Fue con su otro hijo varón, al llegar ahí lo buscó como el director de orquesta, eso le había dicho que era. Se sentó hasta el fondo y observó, pero al buscarlo se dio cuenta que era parte de los músicos, uno que tocaba el tambor. Cuando le preguntó por qué le había engañado se molestó y le dijo que no podía estar con él aquel día, que se tenía que ir. Mientras tanto entre ellos se preguntaban dónde estaría su hermano pintor. Finalmente llega a la casa de su hija, actriz exitosa supuestamente, un lugar bonito, ella hace como que no puede salir porque tiene que cuidar la niña de una amiga. Después de esta travesía llega a su casa y envía una carta a sus hijos y les dice de lo que se había dado cuenta, él había fingido haber sido engañado.

Que todos le habían mentido. Días después llegó la mala noticia de que su hijo menor había muerto por una sobredosis de droga y que no era pintor sino sólo hacía pinturas para vender. Su hija la que aparentaba una casa y familia hermosas resultó que estaba divorciada y estaba con una nueva pareja. Su otra hija había mentido y era una lesbiana y tenía un hijo. A pesar de esto el padre los invitó para pasar la siguiente navidad y terminan en la mesa con sus hijos vivos.

Heb 4:15  Pues nuestro Sumo Sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; solo que él jamás pecó.
Heb 4:16  Acerquémonos, pues, con confianza al trono de nuestro Dios amoroso, para que él tenga misericordia de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de necesidad.

¿Dónde queda la confianza? Desde Adán nos escondemos de Dios cuando reconocemos que estamos desnudos.

Nos alejamos, ocultamos la cara, mentimos y aparentamos que estamos muy bien. Pero nadie engaña al Padre él se da cuenta de todas aquellas cosas que nosotros no hemos hecho bien.

Nos alejamos porque pensamos en el regaño, en la recriminación, en la gran desilusión que le haremos pasar, no queremos que él piense que el hijo que llevó en sus brazos se ha convertido en una bestia, se ha manchado, ha arruinado la confianza que se le dio, fue y vendió las joyas de la familia.

Ponemos excusas para no venir a él, decimos que no hay tiempo, que estamos ocupados, que otro día será. Si cerramos los ojos, decimos algunas palabras que le hagan pensar que estamos bien, Sí, el típico “estoy bien”, ahí vamos, expresamos una oración de unas cuantas sílabas, no aguantamos tener que soportar algunas de sus palabras, ni tener que pasar mucho tiempo ahí.

La Biblia dice “acerquémonos con confianza” ¿Cómo? ¿Yo? Tal vez me acerque pero no con mucha apertura, no quisiera que viera lo que soy.

¿qué hace que pueda acercarme con confianza?

  1. Alguien capaz de compadecerse de nosotros. Capaz de entendernos, capaz de saber lo débiles y flacos, lo incapaces que somos.

Qué molestoso es que muchos hijos no les cuenten sus problemas pero si vayan a sus amigos más íntimos. Sin embargo existen los buenos amigos. Aquellos quienes les escucharán sin juzgarles, que les darán un abrazo y llorarán con ellos, a aquellos que saben les darán ánimo en su dolor y les apoyarán a un cambio.

No lo podemos contar al Padre porque pensamos que tal vez él no nos entenderá, él es perfecto y no sabe cuán difícil es tener los problemas que tú tienes. Sí lo sabe claro pero no lo ha experimentado. Sin embargo Cristo nuestro intermediario sí nos entiende. Él sabe que significa ser herido por la familia o por aquellos a quienes uno más ama, sabe lo que es el dolor, el hambre, la escasez, la fama y el poder, la muerte, el tener que ver a gente que no quiere cambiar, él sabe lo que es la angustia y qué son las lágrimas.

Fue sin pecado pero eso no significa que no fue real su sufrimiento y sentir el peso de la dificultad. Hijos si supieras sin embargo que tus padres pasaron por lo mismo, que cuando fueron más jóvenes metieron la pata en cosas que no quisieran admitir ni recordar. Hermanos deben saber que nosotros pasamos justo por lo mismo, somos tentados en muchas áreas, sentimos desánimo, a veces discutimos y decimos cosas hirientes, a veces nos cuesta buscar a Dios al igual que a ustedes. Nosotros no podemos decir lo mismo que de Cristo, nosotros sí fallamos.

Somos pecadores y estamos rodeados de pecadores, lo que pasa es que nos cuesta encontrar aquellos a quienes podamos confiarles nuestras luchas y debilidades. Dios siempre supo cómo somos. Hebreos 5:1-3 proveyó sacerdotes a favor de los hombres.

  • Gente no perfecta pero que pudiese acercarse a Dios por los demás,
  • para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados: No, no es fácil que tu hijo te cuente todos los males que ha hecho, quisieras castigarlo, echarlo de tu lado, el Padre celestial para poder aceptarnos ha tenido que hacer recaer su enojo sobre su Hijo unigénito para concedernos el perdón completo.
  • Nuestra humanidad nos hace sacerdotes aptos, nos hace pacientes para con los ignorantes y extraviados. El sumo sacerdote debe ser un líder espiritual, no sólo con el ejemplo o con la autoridad que causa temor sino que esa comprensión se expresa en la paciencia para aquellos que hacen las cosas por ignorancia como para aquellos que lo hacen adrede y se pierden en rumbos dañinos.
  • Los padres debemos orar por nosotros como por los de los hijos. Los pastores pedimos perdón por nosotros y oramos por ustedes.

¿Cuál es la razón por la que yo puedo acercarme con confianza al Padre? ¿Cómo podría acercarme de nuevo con la confianza de un niño y fundirme en un abrazo de amor con él si me separan ofensas?

  1. Porque Dios ya sabe lo que has hecho y harás y proveyó un pago para que te acerques
  2. Porque su Hijo Jesús es un perfecto sacerdote, compasivo, pasivo: No para una vez ni para un día, sino en todo el peregrinar de nuestra vida cristiana. No llegará un día que no lo necesitemos.
  3. Porque te acercas a un trono de gracia. Gracia significa regalo inmerecido. De antemano Dios nos dice que nos da misericordia aunque no lo merezcamos. De verdad que con la carga que vengas o la herida que vengas.

En el trono de la gracia no sólo alcanzarás misericordia en medio de tus sufrimientos y fallos sino también gracia para el oportuno socorro:

Como quien oportunamente grita auxilio, me ahogo. Seamos como Pedro. Recurramos a él cuando nos estamos hundiendo, no esperemos estar muertos. La gracia descenderá sobre nosotros para que podamos salir o vencer.

Conclusión:

Él llamado es para que te acerques a él en tu relación personal, en tu búsqueda, para que no tengas miedo, ni sientas culpa, ni pena, ni rechazo, que confíes en aquel que fue igual que a ti, quien pasó por lo mismo pero sin pecado.

Para que te atrevas a confesar ante él todo lo malo sin sentir que él seguirá molesto, el Hijo te invita.

Se para desde el centro y te extiende la mano a ti que estás afuera de la casa, quizás quieras tomar la culpa y rechazar la llamada él extiende una mano abierta y dice ven, yo te llevo ante mi Padre.

Dos ejemplos: un hombre llamado Mefi boset lastimado de los pies llega ante el rey de David quien lo invita a comer, él dice: soy indigno, sólo un perro muerto. Pero lo baña, lo viste con ropas esplendorosas, nada que la gracia no puede hacer. Puedes ver a David decirle no te sientas extraño, eres de la familia ahora.

El caso de Ester una princesa real tiene que decirle algo urgente a su esposo pero tiene días que no lo ha visto. Además no se le permitía entrar sin previo aviso. Ella parece que tiene que romper el protocolo real. Pasa en medio de todos con incluso el peligro de morir en el acto, el rey extiende el cetro y le dice pasa reina, no tengas temor. La gracia se extiende para el oportuno socorro de su pueblo.

En ambos casos hubo acercamiento, Y tú no te quedes más a la puerta de la casa, entra con la confianza de un hijo.

Predicado el 10 de enero 2016 en Iglesia de Dios Pan de Vida