Nicodemo era un individuo de carácter noble y honesto, sencillo pero un buscador de la verdad, muy objetivo y lógico. Un estudioso y un maestro al cual tal vez acudían las personas de Jerusalén a oír de vez en cuando. A más de eso, era de la secta de los fariseos y como tal un guardador de la ley y de los cientos de reglas que le habían sido enseñadas por los antiguos rabinos. Era un principal: es decir un miembro del Sanedrín, que era la corte judía que se encargaba de juzgar a los que quebrantaban la ley, admitir o rechazar a las personas en su religión. O sea que ostentaba autoridad y respeto ante los judíos, posiblemente rico y viejo.

Jesús, que muchos tenían como enemigo de su religión era un joven de escasos 30 años, sin recursos, sin estudios, pero con una enseñanza impresionante y un poder increíble que no podía venir ni del infierno ni de la tierra. Su enseñanza realmente incomodaba a sus compañeros fariseos a quienes les gustaba guardar una apariencia de piedad pero por dentro tenían corazones podridos (Me recuerda que muchos son incapaces de percatarse dentro del ciclo de la vida del sin sentido que es el sistema humano y religioso y se conforman con los demás a la migaja de la costumbre y del conformismo. La religión en verdad puede resultar ser un estorbo, un opio, un espejismo que al final será fatal).

Pero como dijimos Nicodemo era un sincero buscador de la verdad y convencido sus pies no lo dejaron esa noche y se fue a la casa donde supo se hospedaba el humilde carpintero. Sus libros, y sus maestros más sabios no podrían responder a esa inquietud porque ellos mismos estaban viviendo en una religión hueca y sin sentido, pero el humilde carpintero parecía saber de lo que hablaba, tenía sustancia y emanaba vida. Él quería de aquello que sus estudios y su liturgia no habían logrado.

Viene de noche, toca la puerta y es recibido. Pronuncia unas palabras mas Jesús conocía sus intenciones y le dice: te aseguro que si no naces de nuevo no entrarás al reino de los cielos. Con estas palabras Jesús cambia el concepto que se había formado durante toda una vida sobre la forma en que se podría agradar a Dios. Esto significaba que ni su fama, conocimiento, religión ni su honorabilidad lo podrían llevar al cielo por muy estricto que él hubiese sido.

La respuesta de Jesús revela que Nicodemo se sentía insatisfecho, inseguro e incapaz con la religión que practicaba:

  1. Insatisfecho: en el cumplimiento seco y llano de mandamientos humanos: no comas, no toques, no manejes,… como un mero sirviente obligado por las normas pero sin una relación viva con Dios. Esto no sacia, es más llega a hartar. Este es el yugo de una religión vacía. Orar es mero hablar a la nada y venir a la iglesia perder el tiempo. Cuando niño me sentí insatisfecho y me fui de la iglesia y creo que si alguien se va de la iglesia por esto no lo culpo, pero más bien lo animo a que busque ese algo más. Ese algo más se llama nuevo nacimiento.  Así la religión cristiana se convierte en una relación de deleite y ríos fluyen desde tu interior. Así orar es hablar con tu Padre y al leer la Biblia él te habla, la relación se hace real, el corazón vibra de gozo al estar con Dios.
  2. Inseguridad: Nicodemo tal vez sentía la inseguridad de no saber si ya había alcanzado lo suficiente, si tenía que hacer algo más para entrar a pesar de ser tan meticuloso. Como a quien le dicen “el que venda más será ganador de un aumento”, y vende y vende pero nunca sabe si ya lo logró. Si sientes inseguridad si has de ir al cielo si murieras hoy es probable que sea porque no lo harás, pero Cristo da la respuesta, tienes que nacer de nuevo. Cuando la persona nace de nuevo el Espíritu viene al corazón a darte testimonio de que ahora eres un verdadero hijo de Dios y no sólo un mero siervo, por lo cual , seguro de ello comprendes que eres heredero del cielo y de todas sus bendiciones, tu temor e inseguridad se borran.
  3. Incapacidad: Dios ordena hacer el bien pero yo no puedo en el fondo. Nicodemo sentía que podía engañar a las personas y aparentar ser grande, pero en el fondo sabía que no lo era porque simplemente no podía. Es dominado por el pecado. No se puede pedir a un león comer monte, a un águila que nade, que el vino sea agua, al árbol malo dar fruto bueno, a la fuente amarga dar agua dulce (Jeremías 13:23). Se necesita un trasplante de corazón y se necesita poder para lograrlo. El nuevo nacimiento hace que tus deseos y voluntad cambie para desear hacer lo que Dios y quiere y amar lo que Dios ama.

Jesús no dijo, sé más estricto en tu religión, lo cual sería cambiar la fachada sino cambia el interior: Una tumba limpia, con flores y pintada no cambia el hecho que por dentro tenga huesos y gusanos. Religión sin Cristo en el corazón es inmundicia. Jesús dijo a Nicodemo- tienes que nacer del agua y del Espíritu-. Pero, ¿qué es nacer del agua? Significa ser lavado por el Espíritu de los pecados, ser limpiado de los pecados que nos han ensuciado el alma: Salmo 51:2, 7; Ez 36:25 y Tito 3:5 Se le llama lavamiento de la regeneración. El agua al que hace referencia es al agua de la Palabra. No se refiere a un lavado de agua y jabón, o sumergirse en el bautismo pues eso no te cambia por sí solo. El único lavado interno lo puede realizar el Espíritu Santo y generar en ti una nueva naturaleza. Ahí no dice, tú te limpiarás, ni tú te darás un corazón, dice que es Dios quien lo hace. Todos los esfuerzos del hombre por regenerar su propio corazón que es malo son en vano. Cuando oímos sobre nacer de nuevo en vez de ver el poder de Dios decimos ¿cómo le puedo hacer? ¿Cómo me puedo cambiar? y nos llenamos de frustración al no poder lograrlo.

El nacimiento humano produce un ser humano con sus mismos atributos: es decir, igual de falible y tendencioso hacia lo malo, igual de pecaminoso e imposibilitado. Lo nacido del Espíritu, espíritu es: El Espíritu es capaz de generar un hombre espiritual. 2 P 1:4 habla de ser participantes de su naturaleza divina, es decir, el nuevo nacimiento consiste en llegar a participar de su vida, su comunión, su amor, su paz, su gozo, su presencia, sus deseos. Es ser despertados a una nueva conciencia y realidad con Dios.

 El nuevo nacimiento es un misterio, no lo podemos comprender cabalmente, sucede por el poder de Cristo. Así como el viento, el Espíritu es invisible, se mueve como quiere, se siente y tiene efectos reales. No hay que entender cómo es para experimentarlo, así como no hay que ser ingeniero eléctrico para usar la electricidad. Sólo hay que confiar en su obra y abrir el corazón y no cerrarse porque no lo entiendas. Experimentar el nuevo nacimiento es posible y la experiencia más maravillosa que uno puede vivir. Así lo fue en mi caso.

No importa quien seas, cuantos años hayas ido a una iglesia, si fuiste bautizado de niño o si conoces la Biblia, tú necesitas nacer de nuevo. Hoy te invito a pedir al Espíritu que te de testimonio en tu corazón y que venga y sople sobre ti como viento dándote nueva vida y sufrirás la experiencia más extraordinaria de tu vida lo cual ninguna religión del mundo puede hacer, te lo aseguro. Solo di, “Señor reconozco mis faltas contra ti, perdóname. Crea en mí un espíritu recto dentro de mí” (lee Salmo 51)

Nota: La historia relatada se halla en Juan 3