Algunos consideran que la creencia en milagros no es más que pensamiento mágico que el ser humano ha desarrollado y producto de la mente(Freud). Del mismo modo para la gente que tiene un pensamiento naturalista creer en milagros es meramente imposible dado que de entrada se niega todo aquello que no pueda explicarse en base a la fuerza, la materia o la energía los cuales son tangibles. En este universo, según el naturalismo, no debe ni puede existir lo sobrenatural.

Pues bien, ¿cómo definimos un milagro? Algunos como el filósofo David Hume lo han definido erróneamente como la interrupción o violación de las leyes de la naturaleza, ejemplo: caminar sobre el agua estaría interrumpiendo la ley de la gravedad y ciertas leyes hidráulicas. Sir George Stokes aclara que “el milagro no es obrado por una suspensión de las leyes en una operación ordinaria, sino por la estupenda adición de algo no ordinariamente en operación”. El diccionario define un milagro como un hecho no explicable por las leyes de la naturaleza y realizado por la intervención de Dios. Tomás de Aquino lo definió como algo hecho por Dios más allá de las causas conocidas por los hombres (Suma teológica, 1ra parte, p. 105). Esto significa que Dios como el creador y gobernador del mundo creado no sólo supervisa sino sostiene y mantiene el universo mediante las leyes de la naturaleza que el mismo estableció y es capaz de intervenir desde el exterior o dentro del universo para producir eventos o hechos distintos a los cuales llamamos milagros.

Algunos ejemplos de milagros son multiplicar el pan, convertir agua en vino, resucitar a un muerto, calmar una tempestad, sanar a un enfermo, que las aguas de un río se detengan de repente, etc. Por cierto, la palabra milagro significa “algo que produce asombro o admiración” tal y como lo son estos sucesos narrados en la Biblia. A diferencia de lo que los milagros significan para otras religiones, si se le quitan los milagros al cristianos se le deja sin nada o con un mero humanismo lleno de bonitas enseñanzas moralistas.

El escéptico David Hume, filósofo naturalista (s. XVII) decía que los milagros no pueden existir por el simple hecho de que nadie ha visto un milagro. Esto tiene el grave problema de hacer una generalización y llamar falsedad a todo aquel que diga haberlo visto por el hecho de que la mayoría nunca se ha percatado u observado este tipo de fenómenos y pasar por el alto el testimonio de al menos una persona que diga haberlo visto.

Otros simplemente llaman leyenda o mito a aquello que no pueden creer pues les parece inverosímil. Pero esto no fue así a lo largo de la historia de la humanidad hasta el siglo XVII, ni tampoco lo es en la mayor parte del mundo oriental.

Pero si Dios existe y es el creador del mundo y del universo entonces él puede intervenir de muchas formas conforme a su voluntad. Si además este Dios es todopoderoso significa que bien puede resucitar a alguien o detener una tormenta, o romper unas cadenas de las manos de unos prisioneros.

El asunto de si se cree en los milagros pareciera un razonamiento circular, creer que Dios existe me lleva a creer que existen los milagros y creer en milagros me lleva a creer en Dios. Pero del mismo modo no creer en milagros me lleva a no creer en Dios y a rechazar todo supuesto milagro bajo el argumento de que no existe. Todos tenemos prejuicios que afectan nuestras conclusiones, tanto los creyentes como los incrédulos.

Sin embargo, como dijera alguna vez Albert Einstein “nuestra mente es como los paraguas, funciona mejor cuando está abierta”. Tener la mente abierta nos lleva a cambiar de paradigma aún en el ámbito científico, reconociendo que la ciencia es una forma de concebir el universo. Antes los científicos creían por ejemplo en la existencia del éter, una sustancia invisible en la que se trasportaba la luz, sin embargo hoy se sabe que el éter no existe, la luz puede moverse en el vacío. Por lo que ni siquiera podemos estar muy seguros de aquello que llamamos ciencia.

Los milagros son posibles si Dios existe y tenemos una serie de testimonios fehacientes en las Escrituras. Testimonios de hombres, mujeres y grupos de personas que vieron y oyeron, hasta comunidades enteras o ciudades que se percataron de ellos: el paso del mar Rojo por ejemplo en el cual un pueblo entero fue testigo, la resurrección de Lázaro muerto de cuatro días ante los ojos atónitos de familiares, judíos y detractores de Cristo, decenas de sanidades ante las diferentes comunidades de Israel, etc. Normalmente de hecho los milagros de la Biblia no son de eventos en lugares apartados y oscuros sino a la luz de la gente.

Pero siempre han existido los escépticos, desde el tiempo de Cristo a quien llamaron mentiroso, obrador de milagro por operación de Satanás, farsante. Ojos que viendo no vieron ni oyendo creyeron. Esto demuestra que ni siquiera los milagros mas grandes son capaces de convencer a quienes cierran sus corazones y mentes para no creer.

La fe en milagros no significa suspender la capacidad de pensar sino abrir la mente a la posibilidad de cosas mayores, es no dejar de maravillarnos de la misma forma que lo hacen los niños…

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