Una oleada de violencia y maldad se ha levantado sobre nuestro país y amenaza la seguridad de nuestras familias. Las estadísticas de desapariciones, secuestros y asesinatos son alarmantes y hasta el momento no parece haber nada que lo detenga. ¿Cómo puede la fe ayudarnos a vivir tranquilos?

La Biblia profetizó acerca de estos tiempos hace dos mil años “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.” 2Ti 3:1, porque habría gente movida por la codicia, crueldad y violencia. Jesús dijo   “Habrá tanta maldad, que la mayoría dejará de tener amor hacia los demás.” Mat 24:12

justicia2Con el fin de restringir el mal en el mundo Dios proveyó de autoridades civiles para protegernos y castigar el crimen. “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo… porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.” Ro 13:3,4. Es por ello que una responsabilidad que tenemos como cristianos es orar por ellos para que ellos tengan sabiduría para gobernar: “Se debe orar por los que gobiernan y por todas las autoridades, para que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad.” 1 Ti 2:2 (DHH).

Sin embargo en México el derecho y la justicia están ausentes “Y el derecho se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir. Y la verdad fue detenida, y el que se apartó del mal fue puesto en prisión; y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho. Lo ha visto, y le ha asombrado ver que no hay nadie que intervenga. Por eso su propio brazo vendrá a salvarlos; su propia justicia los sostendrá.” Is. 59:14-16. El anterior pasaje nos dice que Dios juzgará a las autoridades corruptas y él mismo habrá de actuar para impartir la justicia y librarnos del mal imperante.

 Aunque a veces parece que en esta vida el mal triunfa y que no hay justicia, tarde o temprano esta llegará. El Señor dijo “Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán;…” Jer_2:19 y advirtió “Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado ante Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará.” Núm 32:23. La pregunta es ¿no somos también parte del mismo mal de la sociedad? ¿No practicamos nosotros también la mentira y el soborno? ¿no somos indiferentes a la necesidad de los pobres? Demandamos justicia pero nos falta vivirla.

La paz de Cristo: Jesús dijo en Jua 14:27 “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” En los tiempos de Jesús el imperio romano vivía la pax romana, un periodo de calma interior y seguridad exterior implantado a golpe de espada mediante su poderoso ejército. Israel vivía de conflictos y guerrillas constantes por quitarse la pesada carga tributaria y la influencia cultural griega. Los zelotes eran un grupo revolucionario judío que buscaba echar fuera a los romanos e implantar su reino. Jesús nació en este tiempo de “paz”, fue perseguido por el rey Herodes, fue juzgado injustamente y murió como un vil malhechor, burlado por sus enemigos. Sin embargo antes de morir Jesús dijo “mi paz les dejo”. Su paz consistió en la confianza de haber hecho el bien en vida y en la seguridad de su resurrección. Tanta paz tuvo que en la cruz perdonó a sus enemigos y entregó su espíritu en las manos de su padre y fue a descansar. Por tanto, la paz no la trae el gobierno ni las armas porque en tanto no nos reconciliemos con Dios mediante Cristo viviremos en el mal y enemistados con el Padre, con nosotros y con los demás.

su-paz-nos-da Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”Jn 16:33. Jesús no prometió que no tendríamos cosas que nos afligieran pero sí que podríamos hallar paz al unirnos a él y al confiar en su victoria. El camino para la paz y la victoria sobre el mundo que Jesús enseñó consiste primero en volvernos a Dios dejando lo malo, segundo siguiendo su ejemplo de amor y constancia, y tercero confiando en él y en sus promesas. La paz superior del alma sólo la puede dar el Príncipe de paz. Jesús dice que no nos angustiemos ni tengamos miedo ante lo que puede venir o haya de venir porque todo ayudará para bien a quienes le aman (Ro. 8:28).

En una ocasión ante la persecución que vivirían sus discípulos Jesús dijo: “Y os digo a vosotros mis amigos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después no tienen nada peor que hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.” (Lc. 12:4,5) En otras palabras ¿qué es lo peor que pudiera pasarle a alguien? ¿Ser lastimado o asesinado? Cristo dijo, eso no es lo peor, es el ir al infierno y sufrir ahí para siempre, y quien tiene poder de echarnos ahí es él y no ningún hombre. Contrario a lo que vemos pocos tienen temor a ello y buscan la forma de escapar de ese terrible juicio.

 No debemos temer si tenemos la vida eterna. Jesús dijo sobre sus ovejas: “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” Jn 10:28,29 Significa que los que son de Cristo pueden estar seguros de la vida eterna y por tanto no temen a lo que venga porque el Padre los protegerá del presente y aún del mismo infierno. La razón principal para no temer es porque Dios está con nosotros y “…Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Ro. 8:31

Dios tiene el control de toda situación, por muy difícil que esta pueda ser, aunque nos sintamos perdidos o en una jaula “¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.   Pero aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; más valéis vosotros que muchos pajaritos.” (Lc. 12:6,7) Por tanto si Dios valora un pajarito y lo cuida, también nos tiene en cuenta aún cuando al presente la situación parezca negativa.

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David fue un pastor de ovejas muy valiente que enfrentó a un gigante. Fue perseguido a causa de la envidia del rey y muchas veces tuvo que refugiarse del ejército en cuevas. Sin embargo buscó refugio en Dios, él decía “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado.” Sal 27:3 Y no es que no tuviese temor sino que su fe era mayor, pues dijo:  “En el día que temo, yo en ti confío.” Sal 56:3. En otra ocasión dijo:  “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” Sal 23:4. La razón de su confianza era que él sabía que Dios estaba con él y que así como él algún día protegió a sus ovejas, el Señor lo guardaba a él con su vara y con su cayado contra todos los lobos de alrededor.

Dios te dice “No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.”  Jer. 1:8. Dios es experto en librar y en salvar a todo aquel que le clama. El dice “invócame en el día de la angustia, te libraré y tú me honrarás” (Sal. 50:15)