Jeremías era un chico común y corriente, alguien que podía pasar desapercibido entre la gente de la época, alguien quizá que nadie recordaría. Claro, ¿qué le esperaba? seguir la tradición familiar, ser un sacerdote como su papá, y su abuelo, y su bisabuelo, etc… ¿qué le esperaba en su trabajo? acomodarse a las presiones socioculturales de la época y si fuera poco, amoldarse a la corrupción imperante de sus correligionarios, mantener el status quo y no causar ningún problema porque eso le ganaría solo problemas y mala fama. El no era anciano (como se esperaba de la gente de aquel entonces para poder influir), ni sabio, ni adinerado, no era estudiado, ni persona de reconocimiento. El problema era que la amenaza externa era inminente para su país y la decadencia moral era muy grande, pero, ¿qué podía hacer él?

Pero un día la voz de Dios se escuchó irrumpiendo en sus sueños y esquemas para cambiar su vocación y destino, quizá un día como otros, sus oídos se abrieron para oír más allá de sus propios pensamientos. Dios le dijo:

Jer 1:5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

¿Qué? ¿quién? ¿cómo?…Grandes preguntas que saltaron a la mente del joven con seguridad. Pero Dios no le pide opiniones, no le dice si quiere o si no quiere, hay algo que trasciende su misma existencia al eterno pasado y al futuro de su vida humana, su misión en la tierra. No, no ha de ser otro sacerdote más, habrá de convertirse en uno de los más grandes profetas de Israel tan grande como Isaías o Miqueas.

Muchos jóvenes y adultos se preguntan para qué nacieron, si están aquí por casualidad, si cualquier camino es bueno o si acaso habrá un trabajo, un lugar, una persona o gente a la cuál ellos habrán de impactar. Todo mundo quiere trascender, que su paso por el mundo sea recordado para bien. Queremos saber que no estamos en este mundo sólo para gastar oxígeno.

Del ejemplo de este joven aprendemos algunas cosas:

  1. Que nuestro creador nos formó con un propósito y ese propósito es bueno para nosotros, para otros y para la gloria suya
  2. Que él decidió de ante mano quiénes seríamos, dónde viviríamos y en qué tiempo y para qué somos buenos. Esta es una de las cosas con las cuáles mucha gente lucha porque no está de acuerdo, porque quiere ser alguien más, porque no acepta la forma única y especial en la que Dios lo hizo.
  3. Debemos recurrir al creador y formador para que él nos muestre la razón y la meta de nuestra existencia sobre la faz de la tierra.

En el caso de Jeremías su reacción fue tratar de huir de su propósito:

Jer 1:6 Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.

Así muchas veces nosotros escogemos caminos equivocados por temor, por flojera o porque nos consideramos poco aptos para la tarea, preferimos quedarnos en terrenos conocidos. Nos quejamos y ponemos mil excusas al creador para no cumplir con el propósito de nuestro diseño original y eterno más que nada porque quitamos la mirada de él y la ponemos demasiado en nosotros.

¿Quién soy yo? es una buena pregunta, no obstante la respuesta será muy equivocada si dejamos fuera de la ecuación al fabricante celestial. La cuestión es quién soy yo con Dios.

A veces requerimos de un empujoncito o a veces de un jaloncito de oreja para arrancar:

Jer 1:7 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.

El jefe de jefes dio la orden y ahora era el momento de actuar y no de rezongar. Muchos recurrimos al argumento de “yo soy el arquitecto de mi propio destino” cuando en realidad ni sabemos si viviremos mañana o amaneceremos enfermos, pero hay uno que sí tiene nuestro destino en sus manos al cuál hay que recurrir.

Por si esto fuera poco Dios al igual que a Jeremías nos da una promesa de cuidado y una de capacitación. Claro, la primera porque tememos que las cosas se salgan de control y que caigamos en problemas económicos, o que nos pase algo malo,… Pero ¿sabes qué ayuda? que Dios estará para librarnos cuando nos metamos en problemas si estamos cumpliendo con el propósito para el cual él nos llama.

Jer 1:8 No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.

La segunda promesa tiene que ver con la incapacidad con la que nos sentimos para actuar. Algunos creen que las habilidades vienen sólo de nacimiento. La realidad es que cuando uno “oye a Dios” y acepta la vocación de su vida recibe nuevos dones. Son como los poderes de un superhéroe, son habilidades especiales que nacen en uno sin haberse dado cuenta de cómo:

Jer 1:9 Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.

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Podrías desperdiciar tu vida intentando hacer mil cosas, tratando de complacer a la gente o ganar más dinero o fama o puedes intentar vivir tu vida con un propósito superior y trascendente si oyes a Dios y aceptas tu llamado. Tu sabes donde naciste pero no sabes dónde y cómo habrás de morir, si haciendo lo que quieres o cumpliendo el sueño de tu formador…