Pese a que en este tiempo parece que la línea de lo moral e inmoral parece diluirse junto con el valor de las instituciones humanas. Dios instituyó el matrimonio como una relación exclusiva de amor entre dos personas hasta que la muerte los separe. Cuando este ideal es cumplido, el hombre y la mujer llegan a ser una sola carne, pero cuando uno de los dos rompe el pacto de fidelidad y es introducido un tercer individuo se quebranta la confianza, se hieren corazones y es muy difícil recuperar lo perdido. El adulterio y toda forma de fornicación rompe con el pacto de exclusividad en el matrimonio de tal manera que esta es una causa justificada para el divorcio según Jesús y Pablo. Es tan seria la exclusividad que Pablo dice en 1 Co 7 que el cuerpo del hombre le pertenece a su esposa y el de su esposa a él y nadie más.

Cuando vamos al plano espiritual notamos que frecuentemente Dios compara su relación con Israel con el pacto del matrimonio. Dios se ha comprometido como un esposo a permanente cuidar, dirigir y salvar  a su pueblo y éste a guardar sus mandamientos y adorarle sólo a él. No puede haber un tercero en el corazón, no pueden haber amantes espirituales…

La gravedad del asunto no se deja ver mucho en estos días donde muchos consideran a Dios como uno más entre tantos, tan bueno como cualquier otro. Se juzga como algo liviano poner en el corazón a otras cosas y a poner a Dios a lo último. Se cree que no pasa nada, que ese Dios siempre está dispuesto a recibir como si no pasara nada.

Jer 3:9 Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño.

Para aquel tiempo la idolatría consistía en arrodillarse ante la piedra y el leño, confiar en ellos como si fuesen poderosos y dignos de la gratitud, de las oraciones y de la confianza. Hoy el hombre se postra ante sí mismo o ante el dios dinero, ante el dios placer o ante el dios fama,… da igual.

No es cosa liviana la idolatría del alma como no lo es la fornicación que se comete contra la pareja a la cual sea jurado amor para toda la vida.

Stg 4:4 ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

En serio que nuestro creador no quiere un amor de lejos sino la unión total, permanente y exclusiva de nuestra vida con la suya. De veras que él nos busca para que seamos su posesión. No podemos tener el amor suyo y el amor del mundo (entendido este como las cosas pecaminosas a las cuales somos atraídos)

Stg 4:5 ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?

Tenemos a un Dios celoso en el buen sentido de la palabra, pero por sobre todo misericordioso que está dispuesto a perdonar por nuestra infidelidad espiritual.

Jer 3:12 Ve y clama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo.