En el universo tal como hay leyes físicas como la de la gravedad también hay leyes morales y espirituales. La ley de la justicia dice que todo tiene un pago. Hay una relación directa entre la calidad de nuestras obras y la recompensa que hemos de recibir de parte de Dios. El pago de la maldad es el mal y el quebrantamiento…

El mensaje de Jeremías 4 es que esto iba a experimentar Judá pronto y la forma sería mediante una invasión de un poderoso enemigo. Dios le dijo:

Jer 4:18 Tu camino y tus obras te hicieron esto; esta es tu maldad, por lo cual amargura penetrará hasta tu corazón…

Fijémonos que no dice “yo te haré esto” sino “tu camino y tus obras”, por lo cual la ley de la siembra y la cosecha es tan real como la ley de acción y reacción. Nosotros mismos sembramos para el futuro y cosecharemos del fruto de nuestras obras.

Pero, ¿qué hay detrás de la maldad?

Jer 4:22 Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron.

En otras palabras, el producto de la ignorancia, la necedad y el desconocimiento de Dios es la maldad y la ignorancia del bien. Significa que si no tener una relación correcta con Dios en la que sepamos quién es Dios y cómo es él y actuamos con temor y obediencia a su palabra el resultado será una vida de maldad. En consecuencia el bien y el mal en nuestra vida es determinado por una relación adecuada hacia Dios mas que sólo una religión externa.

Ellos eran expertos en el mal pero ignorantes de cómo hacer el bien. Esto nos habla de que había intención e inteligencia, hábito y aprobación de las malas acciones pero desconocimiento, ignorancia, falta de deseo e incapacidad para hacer el bien. Recordemos que en el lenguaje hebreo el conocimiento y la sabiduría son más que aspectos intelectuales son personales y morales y están íntimamente relacionados con la experiencia.

Cuando hablamos de una persona experta nos imaginamos a un hombre o mujer habilidoso en algún área de trabajo, a un experto en el deporte, en el liderazgo, en la ciencia. Al referirnos a un experto en el mal hablamos de alguien que hace una maestría en mentir, a otro que tiene doctorado en cometer adulterio, a otro que es un perito en enriquecerse de forma ilícita, a alguien hábil para destruir la vida al prójimo, y aún quienes tienen mil maneras de matar. Sin embargo cuando se trata del bien no saben ni con qué se come. Ignoran cómo ayudar al prójimo, no saben cómo perdonar, son unos novatos en mostrar amor o misericordia, no saben dar, se les hace imposible e innecesario…

En la vida la maldad es fácil de aprender porque la traemos en los genes, la tenemos alrededor mediante la sociedad y la gente cercana que nos rodea. El bien sin embargo parece anormal, va contra la voluntad y naturaleza humana, no se enseña en los medios de comunicación, no parece tener mucha fama, requiere de esfuerzo y dejar a un lado el egoísmo y la comodidad. No es algo fácil.

Otro profeta llamado Isaías dijo:

Isa 1:16 ¡Lávense, límpiense!
¡Aparten de mi vista sus maldades!
¡Dejen de hacer el mal!

Isa 1:17 ¡Aprendan a hacer el bien,
esfuércense en hacer lo que es justo,
ayuden al oprimido,
hagan justicia al huérfano,
defiendan los derechos de la viuda!” (DHH)

Así que en la vida debemos desaprender y abandonar los malos hábitos que nos dañan y lastiman a otros y aprender a practicar cosas buenas. Al principio tal vez nos sintamos raro pero descubriremos lo bien que se siente. Los que nos rodean quizá digan ¿y ahora a ti que te pasa? pero estarán satisfechos de vernos andar en un buen camino.

Pero, ¿dónde y con quién aprendemos el bien? Nada menos que del experto, del modelo celestial. Debemos hacer lo que él hace y no hacer lo que él no hace, seguir sus pisadas…

Efe 5:1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Así que en primer lugar Dios nos llama a ser sus hijos por la fe en Jesús y siendo sus hijos a ser imitadores de él:

1Pe 1:14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 1Pe 1:15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;…

En Jesús no vemos a alguien aburrido sino alguien apasionado y lleno de vida. Un hombre valiente y capaz de bendecir al mundo pero sin contaminación. Un hombre que se sentaba en las fiestas con los pecadores pero los influía con su amor y verdad. Sencillamente un experto del bien.

Nosotros hagamos lo contrario a los israelitas,

Rom 16:19 … pero quiero que seáis sabios para el bien, e ingenuos para el mal.

Tú ¿qué quisieras cosechar? ¿destrucción como el pueblo de Israel? ¿o vida y paz?

Gál 6:7  No se engañen ustedes: nadie puede burlarse de Dios. Lo que se siembra, se cosecha. (DHH)