Algunas personas dicen que no van al templo porque tienen miedo de que les caiga encima, en tono de broma claro, pero de algún modo sienten que no son dignos de entrar a un lugar que consideran puro o que al menos así debería de ser. La cuestión es que si fuese un requisito ser puro y santo para entrar a un templo entonces nadie podría entrar. Pero el asunto no es como entras sino cómo sales.

Dios le dijo al profeta que se pusiera en la puerta del majestuoso templo de Jerusalen y denunciara con una voz valiente y firme a las personas que iban entrando ¿Por qué Dios le ordenó al profeta pararse en la puerta para decirle a los adoradores que entraban que mejoraran sus caminos (v.3)? Porque eran personas que llamándose conocedores de Dios vivían mal y tenían una falsa confianza en el sistema religioso. Para decirlo de otro modo, confiaron que lo litúrgico (su adoración) era suficiente para agradar a Dios sin importar su moral. El profeta dijo:

Jer 7:9 Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis, Jer 7:10 ¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones?

Sentirse justificado para hacer el mal es la peor aberración del cristianismo, es malentender la gracia. Por gracia podemos pararnos ante su presencia sabiendo que aunque somos pecadores somos justificados por la fe en Jesús, pero pensar que de algún modo el templo nos cubre del mal de alrededor mientras seguimos viviendo del mismo modo es una terrible falsa seguridad. No nos imaginamos con quien nos estamos metiendo. Mejor es estar fuera si es de este modo, digo porque el que está adentro y hace esto recibirá mayor condenación. Pero todavía mejor es quedarse dentro y mejorar la conducta como Dios pidió. Ciertamente la casa de Dios es un resguardo para los que confían en él y se refugian bajo el amparo de sus alas, pero es un lugar terrible para esconder ladrones.

Jer 7:11 ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Jehová.

Imagínense dos sicarios que secuestran y matan y se meten en una casa para esconderse de los policías, luego vuelven a cometer sus crímenes y se vuelven a esconder en el mismo sitio. Dios compara de este modo a quienes van a su casa y la toman en poco con una confianza engañosa. Hay cabida para todo aquel que venga humillado, hay siempre entrada para aquel que viene a recibir y al que entra con la esperanza de ser tocado por Dios y su palabra. Pero cuando creemos que ir a la iglesia nos justifica por sí mismo es erróneo.

Los evangelios relatan al menos dos veces en los cuáles Jesús limpió el templo. La primera vez al comienzo de su ministerio, la segunda vez al termino. Las palabras que usó fueron estas dichas en Jeremías 7:11, por varias razones. Primero por tomar las cosas de Dios como fuente para ganancias deshonestas y segundo por ocupar un espacio en el cual los gentiles (las personas de las otras nacionalidades) tenían reservado para adorar.

Se puede decir que sí, el templo “les cayó encima” a estas personas. Dios les dijo que de no mejorar sus caminos destruiría el majestuoso templo de Salomón como lo había hecho antes con el templo de Silo (vv. 12-14). Esto se cumplió y el templo fue destruido en el siglo VI a.C. y fue vuelto a destruir en el 70 d.C. luego de que Cristo dijera que no quedaría piedra sobre piedra de aquel hermoso templo reconstruido.

No temas si te acercas a Dios con pecados y faltas porque él te recibe en el nombre de su Hijo, no temas si vas a buscarlo. Te invito a ir a su casa y considerarla como lo que debe ser, no una cueva de ladrones sino una casa de oración, un lugar para platicar con Dios y donde él nos hable.

Isa 56:6,7 Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.