Uno de los dioses más aborrecidos por Dios era Moloc o Moloc Baal. Este era un dios de origen cananeo que llegó a ser adorado en Fenicia, Cartago y Siria como en Israel. Antes de que los judíos entraran a la tierra prometida Moloc era invocado por los cananeos y sus hijos eran pasados por el fuego. Dios les había advertido que por ningún motivo practicaran este tipo de cosas.

Lev 18:21 Y no des hijo tuyo para ofrecerlo por fuego a Moloc; no contamines así el nombre de tu Dios. Yo Jehová.

Moloc también era identificado como Cronos y Saturno. En la Biblia también es identificado como Milcom (So. 1:5) y Baal (Jer. 19:5). Su nombre se derivaba probablemente del hebreo melek (rey) pero los judíos le llamaban molek (vergüenza).

Como resultado de una catástrofe ocurrida en el despertar de los tiempos, el espíritu de Moloch se había transformado a sí mismo en oscuridad al convertirse en materia. De acuerdo con las creencias fenicias y una vertiente del gnosticismo, el hombre era la encarnación de esa misma tragedia, y para redimirse de ese pecado era necesario ofrecer sacrificios a Moloch, incluyendo el sacrificio de bebés y jóvenes.

Generalmente Moloch es representado como una figura humana con cabeza de carnero o becerro, sentado en un trono y con una corona u otro distintivo de realeza, como un báculo. En los templos en los que se rendía culto a Moloch se encontraba una enorme estatua de bronce del dios. Dicha estatua estaba hueca, y la figura de Moloch tenía la boca abierta y los brazos extendidos, con las manos juntas y las palmas hacia arriba, dispuesto a recibir el holocausto. Dentro de la estatua se encendía un fuego que se alimentaba continuamente durante el holocausto.

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En los días de Jeremías al parecer la adoración al dios Moloc era común y su santuario se localizaba en un lugar llamado Tofet que posiblemente significa “hoguera” en el valle de Ben Hinón (hijo de Hinón). Dios estaba molesto no solo por lo que hacían sino porque al parecer había quienes decían que Dios quería que esto fuese llevado a cabo para bendecir a la nación. Las personas creían que al sacrificarle a este Dios aseguraban la prosperidad económica de ellos y sus familias. Durante sus sacrificios fueron prohibidos a llorar, porque se pensaba que cada lágrima, cada suspiro quejumbroso resta el valor de la víctima.

Jer 7:31 Además, construyeron el santuario pagano de Tofet, en el valle de Ben Hinón, para quemar a sus hijos y a sus hijas en el fuego, cosa que jamás ordené ni me pasó siquiera por la mente.

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Santuario de Tofet en Túnez, hallado en 1921

Años antes en ese mismo lugar los reyes de Judá, Acaz y Manasés pasaron a sus hijos por el fuego en dicho Valle de los hijos de Hinon, pero otro rey llamado Josías lo destruyó, aunque la practica aún pervivió hasta el tiempo de Jeremías. (2 Cr. 28:1, 3; 33:1, 6, 2 R. 23:10). Por lo que a la postre el lugar sería conocido como lugar de maldición. Este mismo lugar sería un lugar de matanza de los adoradores de  Moloc.

Jer 7:32 Por eso llegarán días —afirma el SEÑOR—, cuando ya no lo llamarán más Tofet ni Valle de Ben Hinón, sino Valle de la Matanza; y a falta de otro lugar, en Tofet enterrarán a sus muertos.

La palabra traducida como infierno en los evangelios en griego es Gehenna (Ge hinon) es referido al quemadero de basura y lugar donde se lanzaban los cadáveres de los criminales que estaba a las afueras de Jerusalen en el valle de Hinon,  un barranco estrecho. Ese mismo lugar que las personas habían ocupado para adorar a su dios falso sacrificando criaturas inocentes se convirtió en sinónimo del castigo divino, del mismo infierno.

De ninguna manera Dios pidió sacrificios humanos. Aunque se relata la historia de Génesis 22 donde Dios le pidió en sacrificio a su hijo Isaac, esta tenía el propósito de mostrarle precisamente que no era un Dios sanguinario como los dioses de Canaán sino lleno de misericordia. Dios salvó a Isaac y le proveyó de un cordero. Ese cordero simboliza que en vez de nuestra muerte Dios proveyó un salvador para nosotros para pagar por nuestros pecados, a Cristo Jesús.

En el tiempo de hoy puede reportarse casos de personas que entregan hijos a Satanás en rituales en búsqueda de poder o riqueza. Pero no menos horrendo es cómo la práctica del aborto es llevada a cabo por ciertas personas para conseguir dinero. Es increíble que la avaricia nos deshumanice, borre todo sentimiento de afecto natural y nos haga pensar que un niño no vale lo mismo que un adulto. La Biblia sin embargo nos presenta la vida de los seres humanos (incluidos los niños) como de un valor infinito, tan alto, que Dios estuvo dispuesto a salvarnos de la condenación y no ir al lugar llamado infierno.

Mat 25:41 Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

Wenceslao Calvo dice en su artículo “Madame Roland, Moloc y el aborto” publicado en protestante digital

Ese Moloc representa la perversión por la que erigimos en ídolo lo que no es más que una abominación. Ese Moloc sigue presente hasta el día de hoy y millones lo tienen por dios. Es el materialismo, esa miope noción de que no hay más realidad que lo que puedo ver y tocar. Ese Moloc es el hedonismo, que no permite contrincantes ni competidores en su hegemonía sobre la posesión de nuestras facultades. Ese Moloc es el ego, que se encumbra por encima de todo y de todos, supeditando cualquier norma a su voluntad.