¿Deberíamos en estos casos quedar callados y aceptar ciegamente aquello que no entendemos con respecto a lo que Dios hace? A esto, podemos llamarle fe en circunstancia normales pero podría suceder que la pregunta interior llega a ser tan molesta que no la podemos sacar de nuestra mente pues requerimos de razones. Estas preguntas no las hace un ateo desde la incredulidad sino un creyente en la búsqueda de la verdad, un deseo verdadero de saber la forma de actuar de Dios en nuestras vidas y en el mundo. Por ejemplo preguntamos ¿por qué le va bien a los malvados?  ¿por qué no actúa pronto?

Según el diccionario una discusión consiste en manifestar una opinión contraria a la de otra persona o presentar razones contra el parecer de otro. El profeta Jeremías que conocía mucho acerca de Dios tenía preguntas honestas que quizá para algunos de nosotros que nos consideramos teólogos consumados son preguntas necias, sin embargo él no las reprimía ni las ocultaba y a Dios le pareció bien que quedaran registradas para nuestro ejemplo.

Jeremías dijo:

Jer 12:1
Señor, si me pongo a discutir contigo,
tú siempre tienes la razón;
y sin embargo quisiera preguntarte
el porqué de algunas cosas… (DHH)

En primer lugar Jeremías estaba consciente de que Dios siempre tiene la razón y que eso al parecer hacía que no tuviera sentido discutir o manifestar su punto de vista. Dios es sabio y omnisciente y nosotros finitos e ignorantes por lo que si discutimos con Dios llevamos todas las de perder. Perder no en el sentido de que a Dios le guste discutir y nos quiera humillar con su conocimiento infinito sino que con paciencia y gracia nos explica. Sabemos por la fe que todas esas preguntas tienen una respuesta razonable pues tenemos a un Dios razonable.

En segundo lugar vemos que podemos preguntarle al Señor sobre todo aquello que nos inquieta como lo hizo Jeremías, David, Moisés, Job y otros hombres de Dios. ¿Ganamos algo discutiendo con Dios?  Creo que sí, expresarle nuestro sentir y recibir su respuesta. Que nos agrade la respuesta es otra cosa.

Después de que Jeremías cuestionó a Dios respecto a las injusticias que estaba sufriendo éste le respondió con algunas preguntas a él.

Jer 12:5
“Si tanto te cansas corriendo contra gente de a pie,
¿cómo podrás competir con gente de a caballo?
En terreno seguro te sientes tranquilo,
¿pero qué harás en la espesura del Jordán?

En otras palabras, Dios le dijo,- Jeremías, no te desanimes, esfuérzate porque apenas vas en el primer round y te falta enfrentarte con gente más poderosa y malvada. En efecto Jeremías había enfrentado la batalla con la gente de su pueblo Anatot pero aún le faltaba enfrentarse con los principes y consejeros reales de Jerusalén. Dios no le dijo que no le haría justicia pero atendió las verdaderas causas de sus preguntas, su desaliento y angustia. Dios lo desafió para seguir caminando. A veces más que respuestas teológicas o filosóficas necesitamos consuelo divino y esperanza y Dios que conoce nuestras motivaciones reales nos la ofrece.

En el v. 6 Dios le dijo que no confiara ni en su propia familia. Esto quiere decir que cuando Dios nos dice no, aún no, también dice ten precaución. Nos ama, nos cuida y nos cuidará.

Se puede decir que Dios le ganó de nuevo a Jeremías en su altercado sacándolo una vez más de su depresión así que no es del todo infructuoso “discutir” con Dios siempre y cuando sepamos oírle y obedecerle, pues Dios siempre estará dispuesto a hablar con quienes quieran obedecer.