¿Qué es lo que hacía que Dios oyera la intercesión de Abraham, de Moisés o de Samuel? La intercesión es pedir por otro ante Dios. Pero, ¿a caso Dios no oye a todo ser humano? La constante en todos estos casos de intercesión es la desviación total y reiterada de un pueblo y la amenaza inminente o el juicio manifiesto de Dios del cual el intercesor se percata y se conmueve. La intercesión parece un misterio porque por un lado Dios determina hacer ciertas cosas y se deja influir en sus decisiones por seres humanos finitos como si él no supiera lo que es mejor hacer. La cuestión es que Dios cuando dice que traerá juicio no lo hace sin razón ni está haciendo algo malo, tampoco quienes interceden no están pidiendo algo malo sino sólo aquello que ellos saben que es su voluntad. Lo interesante es que en virtud de esa relación de amistad está dispuesto a conceder otra oportunidad a aquellos que no lo merecen.

Abraham intercedió por Sodoma y Gomorra por si acaso hubiesen diez justos en ellas y Dios estuvo dispuesto a perdonarlas si los encontraba. Moisés por su parte intercedió en favor del pueblo de Israel porque Dios había dicho que los destruiría por adorar al becerro de oro y los perdonó (Ex. 32-34). Dios también se molestó con ellos por la codicia y envió fuego a su campamento pero lo apagó por la intercesión de su siervo (Núm. 11). Moisés pidió por ellos por causa de las serpientes ardientes que les mordían por su murmuración (Núm. 21) y Dios le mostró un medio para ser salvos de la muerte. Por su parte Samuel oró en favor de la nación para que fuesen librados de los filisteos quienes les habían atacado (1 Sa. 7) y Dios envió truenos que asustaron a sus enemigos, luego oró por ellos porque habían pecado contra el Señor al pedir rey (1 Sa. 12) y apartó de sobre ellos su ira.

Dios oía a estas personas en virtud de su relación cercana, de amistad basada en la fe y la obediencia y porque sus oraciones fueron hechas conforme a su voluntad. Sin embargo le dijo a su pueblo a través de Jeremías:

Jer 15:1 Me dijo Jehová: Si Moisés y Samuel se pusieran delante de mí, no estaría mi voluntad con este pueblo; échalos de mi presencia, y salgan.

De esto aprendemos hasta dónde llega el alcance de la oración intercesora. Hay un límite al cual la oración de los que interceden pueden ser oídos por Dios. Esta nación permaneció por cientos de años por la oración de personas como Moisés y Samuel pero ya no más. Dios estaba diciendo que su ira sería implacable, nada ni nadie lo movería de su propósito o lo conmovería a la misericordia, ni aún el amigo más íntimo. A Moisés le enseñó que la misericordia de Dios no depende de nadie más que de su propia voluntad:

Éxo 33:19 … y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

Bueno es saber que Dios con mucha frecuencia tiene misericordia, es más se dice que su compasión alcanza hasta las nubes (Sal. 36:5). Dios busca personas con los que pueda establecer una íntima relación, gente que pueda cambiar su parecer de ira y enojo en tanto que hay tiempo para que haya perdón y se extienda el tiempo de existencia de una nación. No hay necesidad de muchos de ellos sino de por lo menos uno que se pare en la brecha antes que sea demasiado tarde.