Es difícil hablarle a gente que no quiere oír o contradice el mensaje, es fatigoso y desalentador pues nos lleva a la queja y a la autocompasión. La reacción del profeta ante el rechazo que estaba viviendo fue de queja ante Dios porque fue él quien lo envió con la misión de predicarle a su generación.  ¿te has sentido así alguna vez? El profeta se sentía sólo y abandonado, como que Dios no hacía nada para librarlo de aquellos que lo insultaban por su causa (v.15). Jeremías le dice a Dios que aún lo que él ha hecho por Dios ha sido mucho, al grado de renunciar a cosas que el resto de la gente disfrutaba y sin embargo se siente herido y defraudado (vv. 16-18).

La respuesta de Dios no es de tratarlo como a un niño ni darle la razón sino retarlo a cambiar de actitud. Esto nos muestra que Dios no nos sigue la corriente cuando nos autocompadecemos sino que nos reta a algo mejor.

Jer 15:19  Dios me contestó: «Yo soy el Dios de Israel. Si te vuelves a mí, yo calmaré tu dolor y podrás de nuevo servirme.
Si dejas de hablar tonterías, y comienzas a anunciar lo que realmente vale la pena,
entonces tú serás mi profeta.
No le hagas caso al pueblo; son ellos quienes deben escucharte. (TLA)

Esto muestra varias cosas:

  1. que la oración de autocompasión no ayuda a sanar las heridas que las personas nos hacen sino cuando nos entregamos en sus tiernos brazos activaremos su poder sanador. Un hombre herido no puede funcionar y Dios es el único que puede sanarle de las palabras y actitudes que la gente dice en su contra. Cuando tenemos autocompasión no podemos servir al Señor sino que nos imposibilita por estar concentrados en pensamientos negativos.
  2. Dios al igual que a Jeremías nos anima a tener una forma de hablar diferente con cosas que valga la pena hablar para que podamos ser sus instrumentos. La gente que habla y ora con rencor y enojo no puede transmitir las palabras correctas, es como un tubo sucio que enturbia el agua del manantial.
  3. El cambio de paradigma que le presenta Dios a Jeremías es que no se desanime por lo que la gente le está diciendo, que no se apene ni se avergüence por su mensaje sino que entienda que es la gente quien debe sentirse mal por su proceder. El estaba por tirar lo toalla pero Dios le recuerda que la gente es la que está mal, no él.

Después de esas palabras que llaman a Jeremías a cambiar de actitud y de postura Dios le promete su protección en todo el proceso

Jer 15:20 (20-21) »Yo haré que seas para este pueblo como un fuerte muro de bronce.
Los malvados pelearán contra ti, pero no te podrán vencer, porque yo estaré contigo
para librarte de su poder. ¡Yo te salvaré de esos tiranos! Te juro que así lo haré». (TLA)

Entonces vemos que Dios atendió la petición de Jeremías confirmando lo promesa que desde un inicio le había dado pero sobre todo lo reanimó para seguir batallando con su pueblo. Jeremías se levantó fortalecido y fue de nuevo pero ahora con una actitud distinta.