Fácilmente tendemos a dejar de confiar en Dios para confiar en los hombres cuando estamos en problemas. Confiar en Dios no parece fácil, porque no lo vemos y porque la mayoría procura seguir la política humana y buscar el aliado más poderoso. Israel tenía la alternativa de esperar en su Dios siguiendo su Palabra ante el poderoso ataque de los babilonios o buscar la ayuda de las naciones circundantes. Los consejeros del rey decidieron que era mejor “irse a lo seguro”. La historia nos cuenta de que la elección fue buscar el apoyo egipcio para que los defendiera en desobediencia al profeta que les decía que debían rendirse ante los babilonios.

Jer 17:5
El Señor dice:
“Maldito aquel que aparta de mí su corazón,
que pone su confianza en los hombres
y en ellos busca apoyo.
Jer 17:6 Será como la zarza del desierto,
que nunca recibe cuidados:
que crece entre las piedras,
en tierras de sal, donde nadie vive. (DHH)

Jeremías compara la maldición de la persona o del pueblo que se aparta de Dios para buscar su ayuda de los hombres con una zarza del desierto que no recibe cuidados, que crece entre piedras y tierras de sal. La comparación nos dice que un hombre llega a ser como una planta sin hojas ni fruto por entrar en contacto con el entorno seco y árido de las diversas pruebas de la vida, mostrando que la ayuda del hombre es vana cuando quitamos nuestra firme confianza de Dios. Dios puede usar a los hombres para ayudarnos pero en última instancia no deben ser ellos los que determinen qué hacemos o dejamos de hacer.

zarzao-1-11
zarza en el desierto

Pensemos en las veces que parece más fácil pasar por alto los mandamientos de Dios antes que buscar la ayuda humana por ejemplo, dejar de ir a la iglesia por obtener un trabajo donde nos prometen un buen salario, no orar ni buscar consejo para meternos en relaciones dañinas, pasar por alto el esfuerzo por juntarnos con personas de influencia, etc. y que al final resultan en fracaso para nosotros porque nos alejamos de la fuente y al final quedamos solos.

No pretendamos ser más sabios nosotros que aquel que nos formó y seamos como aquella planta que vive junto al río al poner la confianza en Dios.

Jer 17:7 “Pero bendito el hombre que confía en mí,
que pone en mí su esperanza.
Jer 17:8 Será como un árbol plantado a la orilla de un río,
que extiende sus raíces hacia la corriente
y no teme cuando llegan los calores,
pues su follaje está siempre frondoso.
En tiempo de sequía no se inquieta,
y nunca deja de dar fruto.(DHH)

arbolesfrutales290814

El sentido es que quien confía en Dios aunque sufre sequías y calores no deja de dar fruto porque tiene una fuente continua de agua que le llega a través de sus raíces y esa es bendición. El creyente no deja de pasar por las pruebas económicas, físicas, espirituales o relacionales de la vida pero tiene una ayuda segura en Dios. Quien se vuelve a Dios y confía en su Palabra antes que en la facilidad de la fuerza y la sabiduría humana Dios lo recompensará porque Dios honra a los que le honran. Confiar en Dios no significa sólo esperar en él sino seguir su camino, sus métodos, su Palabra revelada y no dejarse confundir por las alternativas fáciles o que parecen tener sentido desde la perspectiva natural.