Jeremías nos dice que no hay algo más engañoso y perverso (o incurable) que el corazón. ¿Cómo nos engaña el corazón? pero antes que nada ¿qué entendemos cuando hablamos del corazón? Evidentemente no se refiere al órgano físico que tenemos en el pecho y que late a cada instante sin embargo puede referirse a la mente o a la fuente del cual surge todo lo que el hombre hace, la persona entera o la fuente del deseo, de la voluntad y de las emociones, o al centro del pecado y de la rebelión del hombre. En este caso se refiere al último concepto. Jeremías dice:

 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. Jer 17:9, 10

Esto nos muestra que el hombre en su interior no es bueno, ni justo, ni se quiere someter a Dios. Esto va contra la lógica natural, puesto que todos queremos ser buenos. El corazón nos engaña porque nos seduce al mal, nos lleva hacia donde no queremos ir con argumentos bajos y perversos, nos domina con sus pasiones. Alguna vez nos hemos preguntado ¿por qué hice esto si yo no quería? no lo entendemos.

¿Hay alguien que pueda entender el corazón humano con toda su perversidad? Sí, claro, Dios el creador. Dios escudriña la mente, es decir, la investiga de tal modo que conoce a fondo los sentimientos que nos llevan a hacer todo lo que hacemos. Después de hacer esa evaluación nos dará conforme a nuestras acciones. Esto para nosotros es mala noticia. La mayoría de nosotros nos escondemos detrás de máscaras y queremos aparentar lo que no somos ante los demás pero no ante Dios. Claro, ya lo dijo Jesús que del corazón salen los asesinatos, los adulterios, los robos y los malos pensamientos. Pero aún más importante es hallar la solución que nos lleve a librarnos de este corazón malvado y loco. La buena noticia es que el mismo Dios que nos juzga también nos ofrece un corazón renovado.