Estas parecen preguntas simples pero tienen suma importancia a la hora en que intentamos acceder a él. Sin duda que existen muchas religiones y creencias actuales y antiguas que han tenido diferentes concepciones acerca de él, pero evidentemente no todas pueden tener la razón porque entonces habría contradicción. Sin embargo, si Dios existe y se reveló a nosotros en las Escrituras nos ha dejado la respuesta a estas interrogantes para que no nos equivoquemos al respecto.

Preguntar si Dios es personal o no lo es, es de mucha importancia si queremos saber si acaso nos podemos relacionar con él o no. Si la forma que pensamos en él es como una energía, vibraciones, la materia a nuestro alrededor o el todo entonces lo concebimos como un ser impersonal, como a una cosa que no piensa, ni siente, ni decide. Esta clase de dios que es muy popular hoy en día dista años luz de ser el Dios revelado en las Escrituras porque ni siquiera puede hablar. Simplemente es una cosa que podríamos identificar con el universo mismo o con alguna sustancia fuera de él. Si Dios es una cosa por muy suprema que sea no tiene sentido preguntar qué siente, qué piensa o qué quiere porque sólo está gobernada por leyes o principios esencialmente naturales como las de la física o la química como la primera ley de Newton o la ley de los gases ideales.

Otros lo conciben como una mente o conciencia superior en el universo pero al parecer en sí mismo sin revelación clara, ni expresión y sin una moral o voluntad definida más que por la que uno descubre al entrar en contacto con nuestra propia conciencia lo cual lo hace sumamente subjetivo. Por tanto este modo de creer aunque concibe a Dios como espíritu o conciencia se contradice en sí mismo.

Otra forma de pensar en Dios relacionándolo con la materia es mediante la concepción de un ser personal pero con limitaciones físicas al estilo de las religiones idolátricas antiguas: pensar en muchos dioses, en el dios del agua, el del sol, el de la tierra, etc. De este modo creemos que estos seres piensan, se emocionan y tienen voluntad pero están confinados a un área, tienen rivales y están definidos por la forma de su representación. Su imagen o ídolo es su punto de contacto y su fuente de poder, el medio de adoración y lo que lo contiene, pero fuera de esto ¿qué queda?

Sin embargo Jesús dijo:

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
… (Jn. 4:24)

Esto puede confundirse por el uso actual que se le da a la palabra espíritu y así los defensores de las concepciones mencionadas pueden decir que sus dioses son espíritus. Ejemplo: “ponerse en contacto con el espíritu universal”, “el espíritu del dios del aire” o “los espíritus de los dioses”.

Sin embargo, cuando Jesús asevera que Dios es Espíritu lo distingue de todos los demás y de todo lo existente porque lo separa de toda cosa material y le da un carácter esencialmente personal. Alguien que puede decidir, pensar y sentir. Dios no es una vibración, ni es energía, ni es aire, ni vapor sino que es Espíritu no hecho de materia sin partes ni dimensiones.

Dios no es un espíritu, ni tampoco un ser que tiene un espíritu sino es Espíritu. Nosotros somos espíritus limitados a un espacio y los ídolos eran seres igualmente limitados pero Dios como Espíritu no está sujeto ni al tiempo ni al espacio. No tiene un espacio para que lo podamos encajonar a una representación además que de ningún modo esta podría reflejar la grandeza de sus atributos.

Dios no está hecho de nada creado sino que lo trasciende pero por ser Espíritu puede relacionarse con nosotros de modo personal. Lo anterior es posible porque fuimos hechos espíritus creados a su imagen y derivados de él somos capaces de relacionarnos mediante su Espíritu Santo. Jesús dijo que es necesario adorarle en espíritu y en verdad. Esto quiere decir que para entrar en contacto con él y agradarle no requerimos ni de una imagen, ni de una escultura suya, ni tampoco de un templo especial, ni de una montaña, ni entrar en trance o ponernos en contacto con nuestras consciencias sino por la obra de su Espíritu y mediante la clara revelación de su Palabra.