Dios llevó al profeta al taller del alfarero para ilustrarle la forma en el que él puede moldear a una nación. Allí vio al alfarero trabajando en su torno con el barro al que daba forma. Cuando la vasija que estaba haciendo le quedaba mal lo volvía a hacer de nuevo del mismo barro hasta que le quedara de la forma que él quería.

Dios le dijo al profeta Jeremías:

¿Acaso no puedo hacer yo con ustedes, israelitas, lo mismo que este alfarero hace con el barro? Ustedes son en mis manos como el barro en las manos del alfarero. Yo, el Señor, lo afirmo. (Jer. 18:6 DHH)

Con cuanta dedicación y amor Dios nos moldea para llevarnos a ser quiénes el soñó que fuésemos pero pocos alcanzan a serlo. Yo me había preguntado, ¿cómo es que algo en las manos de Dios se puede echar a perder? entiendo que aún al más experto alfarero no le salga bien a la primera o a la segunda la vasija que está haciendo pero ¿por qué al Todopoderoso le puede salir algo mal? Sin duda es debido a que las personas tenemos un libre albedrío y a pesar del moldeamiento que Dios hace en nosotros siempre tenemos la opción de desobedecer. Entonces algo sale mal. Si por nosotros fuera, sin embargo, nos quedaríamos deformes o incompletos pero Dios no se rinde y nos vuelve a hacer.

El barro es el elemento del cual Dios hizo al hombre según Génesis 2 y esto implica que él tiene todo el derecho y la autoridad de hacer con nosotros lo que él desea. La Biblia nos enseña que Dios nos hizo para su gloria y nosotros le damos honor si le honramos con nuestra obediencia.

Lo interesante de la ilustración es que Dios interactúa con nuestras decisiones. Si decidimos arrepentirnos él ya no traerá el mal que había dicho, pero también dice que si en otra ocasión el pueblo se desvía ya no enviará lo que tenía preparado (vv. 7-10).

A veces nos gusta decir que estamos en sus manos y lo que suceda será su voluntad, pero deberíamos entender que estar en sus manos no sólo significa aceptar los acontecimientos que en su soberanía nos suceden, sino es dejarse moldear con sus mandamientos y tomar la forma que el desea que tomemos y no la nuestra.

Hay una buena noticia en todo esto, es que si estamos en sus manos aún la aplicación correctiva será siempre para nuestro bien, también es bueno saber que Dios no nos abandona cuando nuestra vida a resultado equivocada por los errores y pecados que tomamos sino que le pertenecemos y él está comprometido en nuestro cambio. Pero, ¿a quién le gusta sufrir? Es por eso, la advertencia y el llamado divino para que de buena gana permitimos que su voluntad sea hecha en nuestras vidas.haciendo-de-nuevo