A algunas personas les parece que el Dios del Antiguo Testamento es muy diferente al del Nuevo. En el Antiguo Testamento vemos a un Dios que parece implacable, lleno de ira, capaz de ordenar una guerra como de permitir que quien viole sus leyes sea muerto a pedradas, un Dios lleno de juicio. Sin embargo en el Nuevo Testamento vemos a un Dios lleno de amor que perdona, que acepta, que no desea juzgar sino salvar, que sana y abraza a los rechazados. Pareciera como que Dios se ablandó o como que quien escribió la Biblia tenía perspectivas diferentes diferentes acerca de este ser.

Sin embargo la Escritura nos afirma que Dios no cambia, que es inmutable.

Mal_3:6 Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.

Stg 1:17 todo lo bueno y perfecto que se nos da, viene de arriba, de Dios, que creó los astros del cielo. Dios es siempre el mismo: en él no hay variaciones ni oscurecimientos.(DHH)

Dios no cambia en el sentido de que en su ser sigue actuando con el mismo amor, justicia, santidad, sabiduría y poder por siempre. Esta es una afirmación de mucho valor e importancia porque si Dios pudiera mejorar o empeorar en su forma de ser implicaría que no podríamos confiar en él. Sin embargo confiar en que él no cambia nos ayuda a descansar en que el día de mañana o de aquí a diez años sabemos que él deseará las mismas cosas y actúará del mismo modo.

Algunos han negado al Dios de ira del Antiguo Testamento porque les parece que contiene algo de inmoral y elevan su atributo del amor a un nivel sobre sus otros atributos. Sin embargo, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento se afirman los atributos que algunos tienen a sobreenfatizar.

En el Antiguo Testamento por ejemplo encontramos atributos divinos como misericordia, piedad, paciencia, fidelidad, perdón y justicia.

Éxo 34:6,7 …¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.

Esto significa que cuando nos fijamos más en las causas de la ira de Dios podremos ver justicia y santidad aplicadas, pero siempre veremos misericordia que envuelve y está dispuesta a perdonar.

En el Nuevo Testamento por otro lado, Dios también sigue obrando en juicio y amor hacia la humanidad. Vemos ejemplos de juicio en la muerte de Ananías y Safira su mujer por mentir al Espíritu Santo en Hechos 5, y la enfermedad y muerte de algunos hermanos de la iglesia de Corinto por tomar indignamente la cena del Señor (1 Co. 11).

Por lo cual no podemos afirmar que Dios sea de un modo o de otro en cierto tiempo o periodo. Jesús vino a mostrar como es Dios realmente:

Jua 1:18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Con su forma de obrar nos demuestra que Dios actúa con misericordia y amor y que lo que más desea es la salvación de los hombres. Sin embargo, si Jesús vino a dar su vida es precisamente porque la justicia y la santidad divina exigen la condenación por el pecado humano, es decir, Dios no ha cambiado. También vemos en Jesús la justicia aplicada en la defensa de su santidad al echar fuera a los cambistas del templo con gran ira. Mientras que Dios fue amoroso con los pobres, con los desvalidos tenía como enemigos a los religiosos de su época y a los orgullosos.

Quizá la diferencia no está en que Dios haya dejado de ser de cierta forma en el tiempo actual sino que el nuevo pacto que hizo a través de Jesús con la iglesia exige una forma de trato diferente. El Antiguo Pacto tenía estipulaciones de bendición por la obediencia y maldición por la desobediencia (Deuteronomio 28,29), pero habiendo quedado por viejo llegó uno nuevo a través de Cristo.

De lo que podemos estar seguros es que Dios es el mismo y por tanto podemos confiar en él:

Heb 13:8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.