Dios le da al hombre lo que busca, cosecha lo que siembra. El joven profeta ordenado por Dios fue y compró una vasija y llevó consigo a varios líderes de Israel tanto del orden civil como del religioso (ancianos y sacerdotes ancianos) al Valle de Hinom, a la puerta de los tiestos. Este lugar era, sin lugar a dudas, el más horrible y detestable de la ciudad. El Valle del hijo de Hinom o Tofet había sido el lugar en el cual algunos reyes y personas de Israel habían hecho sacrificios de niños al Dios Moloc. La puerta de los tiestos por donde salieron era el lugar en que los alfareros arrojaban los objetos defectuosos de su fabricación y posteriormente fue llamada la puerta del basurero. ¡Qué sitio más feo para predicar!

El mensaje dirigido a los gobernantes y a los habitantes de la ciudad es que Dios traería una calamidad terrible sobre ellos por haber convertido el lugar de su morada en un lugar irreconocible, lleno de violencia a personas inocentes, quemando incienso a dioses falsos y sacrificando a niños a Moloc. Dios dijo que haría pedazos los planes que ellos habían hecho para ser liberados de sus enemigos, y sus cadáveres serían comida de los animales de rapiña. En la situación desesperada que experimentarían se comerían a sus hijos y se comerían entre ellos.

Cuando uno lee estas líneas no sólo se deja notar el enojo y la indignación divina por las cosas horrorosas que ellos habían hecho para llegar a convertir la ciudad en algo tan malo, es entonces que el juicio de su destrucción es sólo la consecuencia de lo que ellos buscaron. Comerse a sus hijos por desesperación era la consecuencia del sacrificio avaricioso e insaciable de sus infantes.

Jeremías entonces toma la vasija y la rompe ante ellos. Así como la gente arroja su basura ahí, Dios quebrantará a su nación y la arrojará a la basura de ese sitio y no podrá ser reparado.

La vasija es representada por nosotros mismos. Somos capaces de entender que las cosas rotas tienen que ir a la basura pero nos cuesta admitir que haya personas que tengan que ser desechadas al Gehena (mejor conocido como infierno, el Gehena es el mismo lugar del Valle de Hinom (Ge Hinom) o Tofet donde posteriormente arrojaban los cadáveres de los extranjeros y los quemaban). Nadie debería ir a ese lugar pero la codicia humana, la violencia sanguinaria, la idolatría abominable y nuestros caprichos nos hacen descender ahí desoyendo a Dios que nos llama a salir de la basura para darnos un lugar de honor.

Mar 9:43-49 Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.  Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno,  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.  Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.