Dicen que valiente no es el que no tiene miedo, sino aquel que a pesar de tenerlo puede avanzar. Es más común conocer a Jeremías como el profeta llorón que como el profeta valiente, pero sin duda que fue muy valiente. El valor de Jeremías se deja ver en que una y otra vez se levanta contra la opinión más popular de su época y donde otros callaban él hablaba.

En Jeremías 19:14,15 dice que después de haber denunciado a los ancianos gobernantes de su ciudad se para en las puertas del atrio del templo de Salomón para anunciar a todos los que llegan a adorar que la ciudad sería destruida por la dureza de sus corazones. Las malas noticias y el reproche no le gustan a nadie, molesta sin duda a la mayoría. Pero hay cosas que son necesarias decirse porque si se callan se es cómplice del mal. Hay que entender que quien denuncia no siempre será bien recibido, ni aplaudido; puede ser condenado, rechazado como un fanático e incluso hasta matado. ¿Quiénes están tan comprometidos con la justicia para levantarse? ¿cuántos se precian hoy en día como valientes?

Es entonces que Pasur quien fungía como inspector del templo y sacerdote, al oír todas las palabras de juicio, le manda atrapar, golpear y azotar afuera del templo y ante la contemplación de las personas que antes le habían oído. Jeremías tuvo que pasar un día pegado al cepo con las heridas sangrando y con la humillación pública para luego ser puesto en libertad. Un castigo semejante hubiera sido suficiente para destruirlo, para derrotarlo y ponerlo fuera del juego para que ya no siguiese hablando, pero no fue así.

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Jeremías le dice a Pasur, el sacerdote y guardián, que su nombre sería cambiado a Magor- misabib (v.3). El nombre Pasur significaba liberación pero Magor- misabib, terror por todas partes. Es decir, Jeremías refirmó su mensaje anterior diciéndole que no serían libres del ataque sino que tendría miedo por todas partes. Me llama la atención esto porque quien no oye al Señor por temor a confrontar la injusticia de su vida y la de los demás al final tendrá terror. Confiar en uno mismo es contraproducente. Aquellos que no se levantan por agradar a los demás, aquellos que corren en el mismo desenfreno por temor al qué dirán, no piensen que han librado su cuello, no piensen que están seguros; por tanto, hay que decidirnos entre temer a Dios o temer al hombre. El temor no es opcional pero sola la justicia libra nuestras almas.

Jer 20:4-6 Porque Dios dice que tú serás un terror para ti mismo y para tus amigos. ¡Hasta verás cuando el enemigo mate a tus amigos! A todos los habitantes de Judá los entregaré al rey de Babilonia, para que se los lleve como esclavos a su país o para que los mate. Además, a los enemigos de Judá les daré toda la riqueza de esta ciudad, junto con todos los tesoros de los reyes de Judá. Todo eso lo tomarán y se lo llevarán a Babilonia. Y tú, Pashur, serás esclavo en Babilonia junto con toda tu familia. Allá morirás y serás enterrado; y lo mismo les pasará a todos tus amigos, a quienes les decías puras mentiras». (TLA)

Pasur como vemos era un opositor a la verdad, un mentiroso falso profeta que creyó poder detener la Palabra de Dios, palabra de justicia y verdad; pero se olvidó que aunque podía lastimar el cuerpo del profeta no podía acallar la verdad. ¿A quién nos queremos parecer nosotros? ¿A los que sienten confianza en su posición y respaldo pero niegan sus convicciones personales o a los que como Jeremías están dispuestos aún a sufrir por causa de la verdad y la justicia?