La Biblia nos enseña que toda autoridad en la tierra emana de Dios (Ro. 13:1-7). La autoridad y poder delegados por Dios demandan una responsabilidad ante él, puesto que están hasta cierto punto representándole y manifestando su carácter de justicia y misericordia ante el pueblo a quien gobiernan. Esto significa que de no hacerlo estarán deshonrándolo y además siendo negligentes con la gente.

Mucha gente pregunta por qué Dios no obra en el mundo de forma más directa y tiene más confianza en el hombre, pero ignoran que Dios realmente obra y quiere obrar en perfección hacia el ser humano mediante el poder depositado en el gobierno. Otros se desaniman porque ven como la corrupción de los gobernantes parece no tener restricciones y la impunidad permanece pero olvidan que hay un Dios en el cielo quien demandará cuentas de estos.

En el tiempo de Jeremías Dios le dijo que les advirtiera a los reyes de Judá que eran descendientes de David que su ira estaba por encenderse y que de hacerlo no podrían extinguirla:

Jer 21:12 Adviértele a la dinastía de David que así dice el SEÑOR: »“Hagan justicia cada mañana, y libren al explotado del poder del opresor, no sea que mi ira se encienda como un fuego y arda sin que nadie pueda extinguirla, a causa de la maldad de sus acciones. (NVI)

Recordemos que en el tiempo antiguo los reyes fungían como legisladores y jueces, por lo que el encargo divino hacia ellos era la aplicación de la justicia y el velar por los oprimidos y desamparados de la nación; mantener la ley y el orden pero sin olvidarse del pobre y del menesteroso, del huérfano y de la viuda. La justicia y la misericordia es algo que nosotros debemos aplicar a nivel individual pero hay decisiones y actos que sólo nuestras autoridades pueden hacer y por ello darán cuenta. Esta es la razón por la cual debemos orar por su buen desempeño y sabiduría.

Cuando los gobernantes no logran hacer aquello para lo cual fueron puestos en el gobierno van a enfrentarse con la autoridad máxima que vela porque se haga justicia en la tierra y defiende la causa de los necesitados. En este tiempo donde nuestros países carecen de buenos líderes tanto en carácter como en obras el pueblo gime y clama a su Dios por ayuda; pero de igual manera cuando se tienen a hombres o mujeres que desempeñan adecuadamente su cometido la gratitud es para Dios porque él lo ha establecido.

Muchos gobernantes son incluso inconscientes de a quien están sirviendo en última instancia pero Dios no dejará de obrar pese a que vivamos en una era secular pues para él no han cambiado las leyes divinas y sus demandas.