Vivimos en los tiempos donde a la gente le gusta hablar de los derechos pero no de las obligaciones.  Como consecuencia llegamos al matrimonio sintiendo que debemos exigir el cumplimiento de las promesas que se nos hizo en el noviazgo pero pasamos por alto el cumplimiento de nuestras responsabilidades personales. Son muchos los problemas que se dan en el matrimonio y que inclusive llegan a terminar en el divorcio pero Dios como creador de esta institución es quien conoce el secreto para la unidad y la armonía entre los casados y esta se encuentra en lo que se hace por la pareja de forma sacrificial. Para ello consideremos el pasaje de Efesios 5:21-33 como el pasaje más específico de la Biblia sobre los deberes del matrimonio.

LA SUJECIÓN DE LA ESPOSA

Pablo dice, Efe 5:22 “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;”

Seguramente esto es muy desagradable para los defensores del movimiento de liberación femenina el cual se opone contra toda forma de dominación masculina en el hogar y en la sociedad. La razón ha sido que bajo la premisa del dominio del varón se han llevado a cabo muchos abusos y maltrato hacia el sexo “débil”. Si bien este movimiento ha tenido muchos aspectos positivos como el logro de reconocimientos de derechos laborales, educativos y políticos en los casos más radicales dicen que tener hijos es esclavizante, que no es necesario el matrimonio para tener pareja, que pueden recurrir al aborto si les estorba o que pueden casarse entre mujeres. Como consecuencia el hombre sale sobrando, y el matrimonio y la familia son dañados.

Dios da una mejor solución al problema del abuso del hombre hacia la mujer en el mandato hacia los varones de amar a sus esposas, de lo cual se hablará luego. Pero, ¿por qué la Biblia enseña la sujeción de la esposa? ¿no es esto denigrarla? Según el concepto bíblico acerca del origen del hombre (Génesis 2) Dios creó Adán y Eva siendo iguales entre sí, en esencia hechos del mismo polvo y sostenidos por el espíritu de vida, como seres hechos a imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, estableció al varón como cabeza o líder del hogar, osea que Dios lo diseñó y lo autorizó para ello dentro del matrimonio no por ser superior en esencia sino dentro del orden gubernamental del hogar. No para gobernar en soledad sino para estar acompañado por su ayuda idónea como un rey que es apoyado de la reina, ella le aconseja pero no toma el control, ni usurpa ni pretende sobrepasarlo. La sujeción, entonces, no significa inferioridad de la mujer. Ambos fueron hechos a su imagen para tener relación con él pero diferentes en formas de pensar, en el aspecto físico y en la forma de relacionarse para poder complementarse.

A nadie le gusta ser el segundo ni que lo manden obviamente. Esto es cierto porque por experiencia hemos comprobado lo detestable que son los líderes egoístas y prepotentes a los cuales debido a su posición tenemos que seguir y servir; pero de nuevo, ese no es el ideal de Dios para la relación del marido y la esposa. La sujeción no significa que la esposa no puede ni debe compartir sus opiniones ni deseos: A veces se considera que es la que no dice nada, la que acepta todo sin emitir su juicio. Contrario a esto la Biblia presenta a la esposa como ayuda idónea (Gn. 2:18) (no ayuda errónea). Le ayudará a pensar, a no tomar malas decisiones que afectarán la familia. Le ayudará a no irse tras el pecado. No es obediencia sin sentido o con el propósito de evitar una discusión a toda costa. Puesto que la mujer piensa y siente de forma distinta contribuirá al buen gobierno de su marido en el hogar. Pro 14:1 “La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba.”

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Algunos piensan que la sujeción es algo así…

La sujeción no significa dejarse abusar por el marido. A la esposa que sufre abuso sexual, físico, verbal o sicológico debe hacer una cosa: recurrir en ayuda de protección. No significa no meter la mano para defenderse de los golpes. Más adelante Pablo dice que esto no va con un hombre cristiano. NO es esclavitud, sino servicio. El hombre no debe ver a la esposa como la esclava, sino como la ayuda, la que está al lado, pero que la responsabilidad corresponde al marido. La sujeción es respetar la autoridad del esposo en el compromiso de solucionar los problemas que se presenten.

Pablo establece que la relación entre la esposa y su marido debe ser como la de la iglesia con Cristo su salvador, Efe 5:23 “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.” ¿Por qué es cabeza?

  1. Por la procedencia inicial. La mujer salió del varón.
  2. Las responsabilidades ante Dios le fueron dadas a Adán y a él pide cuentas

Ahora bien, para que Cristo se convirtiera en cabeza de la iglesia tuvo que morir para salvarla. Los cristianos nos sometemos a su autoridad y gobierno porque él ha sido bueno y amoroso para con nosotros y porque consideramos que sus mandamientos son justos y sabios para nuestra vida. Esto debería ser así en el matrimonio. Las esposas sometiéndose por amor y en respuesta al amor de sus maridos. Jesús nunca obligó a nadie a seguirle, pero quienes decidieron hacerlo se convirtieron en su cuerpo, en parte de él mismo.

La sumisión del cristiano es parte de la evidencia de la llenura del Espíritu Santo y también de madurez. Se da cuando se aprende a trabajar en equipo y se aprende a confiar en la otra persona. Cristo no quiere que peleemos por posiciones sino que nos consideremos servidores de los demás: no orgullosos, sino humildes, estimando a los demás antes que a nosotros mismos. Por cierto, el matrimonio no se debe basar en quien tiene el primer lugar o la razón porque se debe procurar el bien de todos entendiéndose que ambos son uno.

Pablo continúa diciendo en Efe 5:24 “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”

¿De qué formas se manifiesta que una esposa no se sujeta a su marido? Algunas veces puede ser que la esposa tome decisiones personales sin consultar a su marido, puede ser que no lo oiga porque lo considera un inútil, le falta al respeto con palabras, no confía en su marido para la resolución de los problemas, es “respondona”, es “mandona”, desatiende las peticiones y consejos del esposo, lo ignora, etc. Si bien, hay que considerar el contexto y la situación para no caer en generalizaciones la sujeción es una actitud del corazón de respeto a la autoridad que Dios depositó en el marido.

¿Qué sucede cuando una esposa se sujeta a su marido? No hay alabanza ni honra más grande para un hombre que el ser admirado y respetado por su esposa. Los hombres pelean por respeto y aún llegan a matar por ella. Aún muchas mujeres consideran que lo único que le importa al marido es el sexo, pero si él se siente desplazado y deshonrado con todo lo que ella pretenda ofrecerle no logrará llamar su atención para calmar su enojo.

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Quizá la objeción más difícil para la sujeción de la esposa ¿Y si mi marido no es cristiano? ¿y si mi esposo es necio, no es buen líder, no me demuestra el amor como para que me sienta inspirada o sujetarme o es egoísta? El peor consejo que se le podría dar es que entre en una guerra campal para presionarlo a que cambie, es algo inútil, es amenazante para el hombre y lo único que logrará será causar más conflictos y en la mayoría de los casos hará que él empeore. Pedro aconseja ganarlos con la conducta casta y respetuosa.

1Pe 3:1,2 “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que              también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de                  sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa.”

Es decir, puedes conquistar a tu marido aún espiritualmente, y esto es lógico debido a que sólo Dios puede hacer que tú tengas una conducta casta y respetuosa y sólo él lo puede cambiar. Pero también lo podrás ganar en el amor romántico y es posible que lo despiertes y lo inspires a ser un hombre responsable y amoroso.

Dios quiere bendecir tu matrimonio si tú le obedeces.

En la próxima entrega hablaremos de el amor del marido a su esposa. Bendiciones.