Es el deber de los hombres amar a sus esposas como Cristo amó a su iglesia, es decir, con entrega total. Un amor semejante jamás la dañará, no la humillará, ni la maltratará. Un amor como este la cuidará, la ayudará, la tratará con cuidado y le mostrará un gran afecto.  Si los esposos queremos que nuestras esposas se sujeten voluntariamente a nuestro liderazgo debemos ser amorosos.

El modelo de amor en el matrimonio no lo tenemos de David, ni de Moisés, ni siquiera de José sino de Jesús. El apóstol Pablo dice en Efe 5:25 “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,”

 

En el tiempo que Pablo escribió esto la gente se casaba mayormente por conveniencia socioeconómica y era raro que fuese “por amor”. Ciertamente desde hace unas cuantas décadas para acá el concepto del amor entre pareja es entendido como el afecto romántico y erótico. No obstante, no es este el tipo de amor del cual se habla aquí. Como sabemos, para los griegos habían varias palabras para designar el amor: eros para el amor de pareja, filial para el amor entre hermanos y ágape para el amor divino. Cuando Dios nos ordena amar a la esposa usa la palabra ágape y no lo dice para que respondamos a los sentimientos físicos o sexuales que podríamos tener y ni siquiera por el amor a las buenas cualidades de la esposa sino porque debe ser recíproco al amor recibido de nuestro Salvador. La Biblia dice que debemos amar como Cristo a la iglesia, y ¿cómo fue que se nos amó?, veamos:

  • En primer lugar se dice que fue de manera incondicional, Rom 5:8 “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Jesús no esperó a que le amasemos ni que nos sujetaramos a su voluntad para morir por nosotros, lo hizo por gracia, lo hizo a pesar de lo que eramos. Esto significa que como hombres somos quienes tenemos la responsabilidad de iniciar el ciclo del amor, debemos ser quien provoque el amor amando. El hombre no puede decir, ya no la quiero o ya no la amo, porque el amor más que sentimientos son acciones de bondad y misericordia motivadas por el amor de Dios.
  • En segundo lugar, consideremos que el costo fue altísimo, Jua 15:13 “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” Eso significa que amar a nuestras esposas no es algo fácil sino implica la entrega de nuestros más grandes valores: nuestro tiempo, dinero y esfuerzo. ¿Qué estamos dispuestos a hacer por ella para verla bien? ¿qué estamos dispuestos a dar para ella sea feliz?

¿Por qué y para qué se entregó Jesús por su pueblo? Pablo dice que fue:

 Efe 5:26,27 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

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Vemos entonces que el amor no es en vano. Cristo amó a su novia sucia y con ropas arrugadas pero la bañó, la perfumó y le dio las vestiduras más bellas y lujosas a fin de presentársela a sí mismo como la novia radiante que él esperaba. Esto nos enseña a los hombres que si queremos mujeres bellas debemos trabajar para tenerlas, que si queremos una esposa feliz debemos luchar por lograrla con paciencia y amor. El amor divino se entrega al pecador con el fin de que este ya no sea así más.

Nuestro propósito debe ser el mismo de Cristo, procurar su santificación, hacer lo posible para que ella esté hermosa, sana y bien cuidada. Con el propósito de regocijarnos en ella. Si ella no es lo que quisiéramos deberíamos sacrificarnos para que ella desarrolle su potencial, sea dichosa, sea hermosa y al final nosotros tener deleite en ella.

Como a nuestros cuerpos

Otra dimensión del amor hacia las esposas es presentada por Pablo en la verdad espiritual de que somos una sola carne con ellas:

Efe 5:28-31 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.

Pablo está haciendo alusión al antiguo pasaje de Génesis 2:24 cuando Dios casó a Adán y a Eva y los unió en uno. Esto a su vez se derivó del hecho que la mujer fue extraída del costado del varón para ser hueso de sus huesos y carne de su carne. Es decir, parte de sí mismo. Por lo tanto, la esposa no es otra persona sino es él mismo. Cuando comprendemos esto tratamos a nuestras esposas no con indiferencia, ni menosprecio, ni descuido sino siempre con compasión poniéndonos en los zapatos de ella.

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El amor no es grosero, ni egoísta … 1 Co 13:5

Pablo asevera que amarla no es otra cosa sino amarnos a nosotros mismos. Es decir, quien golpea y denigra a su mujer no se quiere a él mismo, quien no la cuida ni la sustenta no se ama. Creo que Dios hizo la creación de este modo porque nos quería mostrar esa realidad, pues si Dios hubiera hecho a la mujer aparte de él tendríamos nosotros razón para negarla, para rechazarla como un objeto y continuar con nuestro egoísmo.

Y de nuevo Pablo dice que quien ama a su cuerpo se sustenta y cuida como lo hace Cristo por su iglesia. Para Jesús no somos simples mortales sino él nos ama al punto de que se ve en nosotros reflejado por lo cual con paciencia, amor y gracia nos alimenta, nos provee en alma y cuerpo y nos protege del mal. Se coloca como  nuestro abogado y como nuestro pastor para defendernos. Pedro agrega aún un punto más allá porque debemos tratarlas como a vaso más frágil: es decir siendo considerados, comprensivos y tratarlas con tacto. Significa que no seamos ásperos, egoístas o caprichosos con ellas. ¿Por qué? porque a veces somos tan necios en considerar que si debemos tratarlas como nos tratamos a nosotros debemos ser rudos y aún desconsiderados como a veces los somos con nosotros mismos. Pero no se trata de eso,

1Pe 3:7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

El propósito final es la unidad plena entre esposo y esposa. Cuando consideramos con atención el binomio sujeción de la esposa y liderazgo amoroso del esposo llegamos a la conclusión que esta es la forma más sabia para vivir en el matrimonio pero no es la más fácil, de hecho es la más exigente y es la que nuestra humanidad rechaza por su naturaleza egoísta. Esto significa que si anhelamos un matrimonio sano, santo y bendecido debemos renunciar a nosotros mismos para seguir el modelo divino y no la filosofía de moda, pero por sobre todo debemos estudiar como se da ese matrimonio entre Cristo y su iglesia pero más que ello recibir plenamente el amor supremo de nuestro Señor y Salvador. Pues Efe 5:32 “Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.”

Pablo dice en resumen Efe 5:33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.