En el año 598 (597) a.C. el poderoso rey de Babilonia desterró al rey Jeconías y se llevó a Babilonia a él, a sus líderes y a sus artesanos y cerrajeros. Al hacer esto, Nabudonosor el rey de Babilonia, estaba haciendo que los judíos perdiesen la posibilidad de volver a levantarse en armas contra ellos, además de fortalecer su imperio.

Los judíos que se quedaron en la ciudad  vieron con malos ojos que estas personas fueran llevadas a Babilonia. Dijeron, “qué desgracia para esta gente” y se consideraron más afortunados que aquellos que se fueron al cautiverio.

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Fue entonces que Dios le mostró una visión a Jeremías en la que veía dos canastas de higos colocadas frente al templo, una de higos muy buenos y otra con higos podridos. ¿Qué significaba esto? Israel es comparada en la Biblia como una higuera de la cual Dios espera frutos. El que estas dos canastas se hallen ante su templo significa que habrá un juicio que se habría de ejecutar desde la misma presencia de Dios.

La canasta con higos buenos representan a los que fueron llevados como esclavos a quienes Dios promete hacerlos volver y prosperarlos para ya nunca más hacerles mal. Sin embargo la otra canasta de higos podridos representan al rey Sedequías que quedó gobernando y a la gente que buscó refugio en el rey de Egipto antes que en buscar la ayuda divina. Estas personas que se quedaron sufrirían ya no el destierro sino hambre, peste y guerra y serían humillados a la vista de las naciones. ¿Qué tenían de especial las personas que fueron llevadas cautivas para que Dios los presentara de esa forma? Antes de la deportación todos en realidad estaban desviados, pero ahora cuando ocurrió este evento la gente de Jerusalen en vez de volverse a Dios se confió, no se volvió a Dios sino que recurrió a otros dioses y a otras instancias en busca de ayuda. La gente que fue llevada cautiva sin embargo sufrió todo el proceso de dolor que le hizo arrepentirse del mal camino que ellos habían seguido.

Lo anterior quiere decir que estas personas no eran nada especial, fueron higos buenos pero vistos desde la perspectiva de lo que Dios haría con ellos por la prueba que les vendría, no por lo que en realidad eran.

Reflexionemos en que es más bienaventurado aquellos a quienes Dios disciplina que aquellos que al presente están bien pero sin Dios, pues como nos vemos ahora tristemente para muchos no es como Dios nos verá en el futuro. Y no es que nosotros seamos mejores sino cuando aprendemos la lección cuando Dios puede cumplir sus propósitos en nosotros.