Jeremías fue un profeta que siendo un jovencito fue llamado por Dios a hablarle a reyes y a naciones, una tarea nada fácil. Aún con el temor que tenía recibió la promesa de ser librado de muerte, “y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.” Jer. 1:19

Uno de esos ataques lanzados en su contra ocurrió el día en que Dios le ordenó hablarles a las personas reunidas en el templo de Jerusalén al comienzo del reinado de Joacim sobre la destrucción de ese lugar. Dios les advirtió a través del profeta que si ellos no atendían a su ley, el lugar donde se encontraban adorando sería puesto como Silo (vv. 4-6). Los sacerdotes que estaban presentes en el momento y los profetas (falsos) que estaban ahí junto con el pueblo le echaron mano para acallarlo y matarlo por decir estas palabras.

Para entender la gravedad hay que recordar que Silo fue el lugar elegido al entrar a la tierra prometida para tener el tabernáculo de reunión de Dios (Jos. 18:1) y durante casi 400 años fue el lugar donde Dios habitó, pero debido al pecado de los sacerdotes y a la maldad de Israel Dios permitió que ese lugar fuese dejado en ruinas y el arca fuese llevado a territorio filisteo, como relata el libro de 1 Samuel en sus primeros capítulos. Posteriormente David volvería a traer el arca para ponerle un lugar en Jerusalén y su hijo Salomón construirle un hermoso templo rodeado de oro y de belleza increíble. La gloria de este templo se deja ver en que el día en que fue dedicado este templo Dios mismo se apareció (2 Crónicas 7) e hizo descender fuego del cielo ante la vista de todo el templo. Para este pueblo decir que Dios permitiría la destrucción del templo era casi como decirles que su Dios sería derrotado, cuando ya de hecho ellos le faltaban al respeto y lo estaban dejando de lado.

Cuando Jeremías fue llevado para ser juzgado ante los ancianos en vez de retractarse por temor a la turba se paró firme para reafirmar lo antes dicho y demandar una mejoría en sus obras pues de este modo Dios se arrepentiría. Jer 26:13 “Mejorad ahora vuestros caminos y vuestras obras, y oíd la voz de Jehová vuestro Dios, y se arrepentirá Jehová del mal que ha hablado contra vosotros.” El profeta sin temor a lo que podrían hacerle dice que pueden hacerle lo que quieran, pero que él es inocente porque está diciendo la verdad y si lo matan serán culpables de sangre inocente.

Jeremías llevaba desventaja ante esta multitud molesta e indignada pero Dios lo defendió. Los jefes del pueblo sintieron que las palabras que había dicho no eran palabras de un loco ni de un falso profeta más sino que provenían del Señor. Uno de ellos se paró y recordó que en el tiempo pasado Miqueas, el profeta de Moreset, había dicho que Jerusalén, sería dejado en ruinas como un campo de arado (v. 18), pero que el rey Ezequías quien lo oyó no lo mandó matar sino temió al Señor y se humilló. También recordaron a otro profeta llamado Urías que igual profetizó contra la ciudad pero no corrió con la misma suerte pues fue asesinado por Joacim. El punto era que Jeremías no era el primero en anunciar estas terribles palabras de juicio pero igual algunos en el tiempo pasado habían atendido a la voz divina y otros no.

Un funcionario llamado Ahicam hijo de Safán fue quien protegió a Jeremías para no ser entregado al pueblo para su muerte. Este Ahicam era un hombre temeroso de Dios que había participado de las reformas religiosas del rey Josías padre de Joacim.

Unos 600 años después de este acontecimiento Jesús el hijo de Dios anunciaría palabras de juicio contra el templo reconstruido de su tiempo y recibiría el mismo atropello y amenaza. Jesús murió por instigación de los líderes religiosos que no se daban cuenta de lo apartado que estaban de Dios, y que eran incapaces de reconocer la verdad, y humillarse a Dios. No obstante también hay que mencionar las varias ocasiones en que Cristo fue librado de las manos asesinas de sus contemporáneos tal y como lo fue Jeremías. Jesús da una bienaventuranza a los que son perseguidos por causa de la justicia porque así lo fueron los profetas antiguos.

Hoy hay muchos templos majestuosos en el mundo y muchos de ellos son solo reliquias del pasado, lugares donde solo hay recuerdos de un ayer glorioso, bonitos para tomarse una foto, pero sin Dios. Hoy también hay templos repletos de gente que domingo a domingo van a adorar, que se glorían en la magnificencia de la arquitectura y la tecnología pero que no mejoran sus caminos, pero si el templo de Jerusalén acabó en ruinas, ¿cuál será el destino de estos?