A algunos cristianos les molesta usar el término “religioso” para designarse a sí mismos y otros, en cambio, lo usan de modo muy reiterado para autonombrarse. Los primeros enfatizan la relación personal con Dios como lo indispensable para su forma de adoración y quieren distinguirse de las formas huecas de practicar su cristianismo. Los otros, sin embargo, creen que no se puede tener relación con Dios si no se cumple con un conjunto de prácticas cúlticas, litúrgicas o devocionales. Sin embargo como veremos en la Biblia el término “religioso” no es de desecharse pero sí hay que hacer distinción entre el uso o la consideración adecuada para la vida cristiana.

Antes de entrar al tema debemos señalar que no trataremos de juzgar cuál es la verdadera religión dentro de las religiones del mundo sino sólo nos abocaremos al cristianismo. Tampoco queremos ser minuciosos en cuanto a cuáles son las prácticas de la verdadera religión y las formas correctas de llevarlas a cabo, pero sí establecer las características distintivas de la verdadera religión cristiana.

Según el diccionario Time Life la palabra religión significa en su primera acepción:  “Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad y de las prácticas rituales para tributarle culto.” Esta es quizá la forma más genérica de concebir el término en el tiempo actual pero no necesariamente la forma bíblica. Algunos consideran que el término religión se deriva de la palabra latina “religare” y significa volver a ligar o a unir a Dios mediante ciertas prácticas que el hombre ha dispuesto. Ya de entrada esto llevaría a un problema teológico porque no es el hombre quien dispone los medios para llegar a religarse a Dios sino que es Dios quien dio a su Hijo para reunir al mundo consigo mismo. Es en virtud de esa unión con Cristo que el hombre da frutos agradables a Dios (Jn. 15).

No obstante, en la Biblia no encontramos la palabra religare sino la palabra griega threskeia que según W. E. Vine en su diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento alude a la religión externa, al culto religioso, al aspecto ceremonial. Es decir, un religioso es identificado con un piadoso o devoto en cuanto a los actos ceremoniales externos. Este término lo encontramos en Hechos 26:5 haciendo referencia a la religión de los judíos que antes practicaba Pablo en una de sus sectas o facciones (fariseísmo) y en Colosenses hablando Pablo acerca de la adoración o culto a los ángeles que algunos llevaban a cabo en esa ciudad. Otra palabra que podemos hallar en el Nuevo Testamento es deisidaimonia, que puede traducirse como temor a los dioses, en el sentido de reverencia o miedo a su castigo y se usa de este modo en Hechos 25:19, acusando a los discípulos de ser supersticiosos.

Santiago por otro lado usa la palabra threskeia en Stg. 1:26,27 para referirse a la verdadera religión y trata de corregir una mala concepción de aquellos que se creen religiosos dentro del cristianismo. Dice:

Stg 1:26 Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. Stg 1:27 La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.

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Si analizamos las palabras que dice Santiago apóstol, hermano del Señor y pastor en Jerusalén podemos darnos cuenta que en los albores del cristianismo ya había discípulos de Jesús que se consideraban religiosos pero que tenían una doble vida, donde sus actos no reflejaban lo que decían creer. Pablo advierte a Timoteo acerca de este tipo de religiosos “Aparentarán ser piadosos(religiosos), pero su conducta desmentirá el poder de la piedad (religión). ¡Con esa gente ni te metas!” 2 Ti 3:5 (paréntesis mío)

¿Qué era lo que sí hacían y qué era lo que no hacían para que Santiago les corrigiera de este modo?

  • Sí oían el mensaje pero no lo practicaban (1:22),
  • sí alababan a Dios con sus bocas pero no refrenaban su lengua sino que daban rienda suelta a su ira, maldecían y juzgaban al prójimo (1:19,20; 3:1-12)
  • Se creían sabios y maestros pero sus envidias y rivalidades demostraba que no conocían a Dios (3:13-18)
  • Decían tener fe en Dios y buenas confesiones de fe pero carecían de obras que las respaldasen (2:14- 26)
  • No veían por los huérfanos y viudas sino tenían predilección por los ricos de la congregación por fijarse en las apariencias (1:27, 2:1-13, 5:1-6)
  • Amaban al mundo pese a que decían amar a Dios. Esto quedaba de patente por sus pleitos por cosas materiales, por la codicia y la envidia (1:27, 4:1-12)

Santiago dice que la religión de las personas que practican este tipo de cosas que a Dios no le agrada es vana, es decir sin efecto, superflua, como la hojarazca. También dice que es impura y está manchada. Esto puede ocurrir cuando hacemos diferencia entre la creencia y la práctica, en otras palabras tener una dicotomía entre nuestra ortodoxia y ortopraxis y nos conformamos a sólo vivir de un lado. Nos puede pasar cuando consideramos a los actos externos como los más valiosos ante Dios y hacemos distinción entre lo ceremonial y lo moral. Pensar que lo más importante es agradar a Dios mediante los actos litúrgicos o cúlticos que él demanda pero dejando de lado el amor al prójimo y el cuidado de nuestras almas. En el protestantismo lo externo puede ser aprender de la Biblia, orar, ayunar, cantar; en el catolicismo puede ser asistir a misa, rezar, hacer penitencias, etc. y cometemos el error de juzgar que quienes hacen esto automáticamente son buenos religiosos.

Los profetas del Antiguo Testamento se dieron cuenta que los judíos se abocaban a lo ceremonial y dejaban lo más importante de la ley. Los judíos celebraban sus festividades, luna nueva, día de reposo, hacían sacrificios y ofrendas pero la sangre seguía siendo derramada y los ayunos y oraciones no eran oídos ante esta vana y falsa religiosidad por la injusticia que practicaban con el prójimo y su falta de misericordia. Dios entonces les dijo a través de Oseas, Miqueas, Isaías las siguientes palabras que Jesús mismo citó a los fariseos de su tiempo:

Ose 6:6 Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.

Isa 29:13 Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;

Miq 6:6 ¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año?…Miq 6:8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Por tanto, deberíamos evitarnos llamar religioso a una persona sin antes ver sus obras.¿Quiénes son los verdaderos religiosos cristianos entonces? Son todos aquellos que han nacido de nuevo (Stg. 1:18) y tienen buenas creencias y alaban a Dios pero practican el amor, la justicia, la misericordia y la santidad en sus vidas. El cristianismo más que distinguirse por el culto o los rituales debe distinguirse por la piedad hacia los necesitados y la vivencia del reino de Dios aquí en la tierra. Llegaremos ser auténticos religiosos si llegamos ser como Cristo que sanaba al enfermo y predicaba el evangelio a los pobres. Pese a que el mundo actual secularizado tiende a presionar al cristiano a un cristianismo de cuatro paredes, Jesús nos llama a ser sal y luz al mundo y reflejar su gloria en santidad y amor.