¿A cuántos les gusta perder o dejarse someter por otros? A nadie. Nuestra condición humana nos hace clamar y luchar por libertad y si nos dan a escoger, preferiríamos estar sin lazos ni cadenas. Nuestros héroes no son los derrotados sino los que han luchado y aún aquellos que saben que han muerto con honor en la batalla pero nunca se dieron por vencidos. Sin embargo, aceptar la derrota a veces es más sabio. Aceptar que es tiempo de rendirse es lo más prudente en ocasiones y más si nuestra causa es injusta y el enemigo mucho mayor. Como cuando luchamos contra el Hacedor.

Jeremías fue comisionado por Dios a enviar yugos para los reyes de Judá, Edom, Moab, Amón, Tiro y Sidón. El mensaje que les llevaba es que debían rendirse ante el gobierno del rey de Babilonia porque Dios le había entregado el dominio sobre ellos a causa de sus maldades.

Jer 27:5,6 Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la faz de la tierra, con mi gran poder y con mi brazo extendido, y la di a quien yo quise. Y ahora yo he puesto todas estas tierras en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan..

Si ellos no hacían caso serían destruidos con hambre, pestilencia y espada. Por tanto, debían ponerse el yugo voluntariamente y así podrían salvar sus vidas y conservar sus tierras y labrarlas (v.11).

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Para poner lo anterior en perspectiva habría que compararlos con una banda de criminales que se luchan contra la policía porque no se dejan atrapar, y pueden terminar siendo acribillados si no salen con las manos en alto. O comparémoslo con un niño travieso que no hace caso a los llamados reiterados de su madre y prefiere continuar en su terquedad hasta que su madre se enfurezca y le pegue.

Ahora, ponerse el yugo era compararlos con bueyes que se uncen por el cuello con dicho instrumento de madera para arar la tierra. Los animales renuentes podían lastimarse si no se dejaban sujetar con un aguijón que les podía herir las patas. Un día mientras Saulo se hallaba en camino hacia Damasco en persecusión de los cristianos Jesús le salió al encuentro y Pablo ante el asombro “…dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” Hechos 9:5. ¿Gana uno en querer luchar por no rendirnos voluntariamente ante el yugo divino aunque este sea de más beneficio que nuestra necia lucha?

Dios no es derrotista y no quiere que nosotros tengamos espíritus pusilánimes, el punto es ¿de qué lado estamos? ¿contra qué creemos que estamos luchando? ¿Pensamos que podemos ganar aunque nuestra dirección sea la contraria a la de Dios? Quizá es que pensamos que nuestra libertad es mejor que estar sometido al yugo divino, pero Dios es tan misericordioso que nos da a escoger el bien. Si te sometes a su yugo tendrás pan y libertad. Ya lo dijo el Señor: Mat 11:29,30 “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Para aceptar el yugo hay que bajar la cabeza, dejar el orgullo a un lado y sujetarse “al otro buey” que en este caso es Cristo. Luchar contra el Todopoderoso no es lo más sabio pero someterse a su yugo irónicamente es lo que más libertad, paz y gozo traerá a tu corazón.

Ahora no es a Babilonia a quien Dios ha entregado los reinos sino a su Hijo pero son muchos más los que prefieren luchar contra él… Les dejo con el salmo 2 para que vean quien saldrá ganando…

Sal 2:1 ¿Por qué se amotinan las gentes,
Y los pueblos piensan cosas vanas?

Sal 2:2 Se levantarán los reyes de la tierra,
Y príncipes consultarán unidos
Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:

Sal 2:3 Rompamos sus ligaduras,
Y echemos de nosotros sus cuerdas.

Sal 2:4 El que mora en los cielos se reirá;
El Señor se burlará de ellos.

Sal 2:5 Luego hablará a ellos en su furor,
Y los turbará con su ira.

Sal 2:6 Pero yo he puesto mi rey
Sobre Sion, mi santo monte.

Sal 2:7 Yo publicaré el decreto;
Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú;
Yo te engendré hoy.

Sal 2:8 Pídeme, y te daré por herencia las naciones,
Y como posesión tuya los confines de la tierra.

Sal 2:9 Los quebrantarás con vara de hierro;
Como vasija de alfarero los desmenuzarás.

Sal 2:10 Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes;
Admitid amonestación, jueces de la tierra.

Sal 2:11 Servid a Jehová con temor,
Y alegraos con temblor.

Sal 2:12 Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino;
Pues se inflama de pronto su ira.
Bienaventurados todos los que en él confían.