A veces por nuestras faltas o las de otros vamos a dar a donde no quisiéramos ir y nos quedamos atrapados por tiempo indefinido en un lugar muchas veces sin saber qué hacer o qué pensar. En la Biblia vemos varios ejemplos: Jacob huyendo de su hermano que lo quería matar estuvo más de catorce años en Harán (Gén. 29), José estuvo como esclavo en Egipto por el odio de sus hermanos durante mucho tiempo(Gén. 40,41), Moisés fue a dar a tierra de Madián por matar a un hombre (Ex. 2), aún Jesús estuvo en su infancia en Egipto por unos años por causa de la persecución de Herodes (Mt. 2) lejos de su tierra.

La historia de este día tiene que ver con los judíos que fueron llevados cautivos a Babilonia en el 597 a.C. No es lo mismo ir a una tierra extranjera de turista que ir a dar a un lugar capturado y humillado como un advenedizo sin saber qué harás, sin saber si volverás, sin saber cómo comenzar, sin saber si procurar huir o aguantar.

Para los judíos de ese momento era típico recurrir a los profetas para saber lo que Dios haría o cuál era su voluntad, así que ellos fueron a ver a algunos de ellos quienes les dijeron que no se preocuparan porque pronto regresarían. Eso les hacía estar renuentes a tomar decisiones a largo plazo, a trabajar con ira y desprecio a los babilonios, a cerrarse a las oportunidades que les podían surgir porque al cabo esa no era su tierra y ellos se irían de ahí pronto. Ellos creían que si Dios era bueno no debería dejarlos ahí mucho tiempo, sin embargo a veces nuestras definiciones de bondad no son las mismas que las de Dios. El plan de Dios era otro, aún mucho mejor. En primer lugar la razón por la que iban a dar a aquel lugar era por las injusticias que ellos habían cometido en su tierra y porque necesitaban corrección. La transformación de sus vidas no obstante no podía lograrse en un instante sino mediante el aprendizaje de la disciplina que les vendría. Dios opta por sacarnos de nuestra zona de confort con el fin de lograr nuestro cambio y este plan es mucho mejor para nosotros a la larga.

Pues bien, Dios envió una carta a través de Jeremías a los exiliados de Babilonia para decirles que su regreso no sería en breve sino que ellos debían ajustarse a su nueva vida porque estarían por 70 años (v.10).

Recordemos que la ciudad de Babilonia era la capital del gran imperio. Una ciudad muy rica y avanzada, llena de templos fastuosos, jardínes hermosos, arquitectura exquisita, un lugar de mucha ciencia, donde llegaban las exuberancias de las naciones y donde confluían diferentes culturas de los pueblos conquistados. Para un judío sin embargo era un lugar despreciable por sus ídolos, confuso y extraño,  y por muy prospera que fuese nada sería igual a su ciudad de Jerusalén. Tal vez sentirse como una hormiga, o como un trofeo, tal vez sentirse la burla de los pueblos, no parecía pues una tierra buena para florecer. Podemos sin embargo escoger una actitud diferente para ser bendecidos y ser de bendición para los demás en donde quiera que seamos puestos.

Las órdenes de Dios a través de esta carta a los judíos deportados nos dicen cómo:

  1. Establézcanse y lleven una vida normal (Vv. 5,6): Ellos debían edificar casas, y habitarlas. Debían plantar huertos, y comer de ellos. Debían permitir que sus hijos se casaran, y tener muchos hijos.

En otras palabras Dios los alentó a rehacer sus vidas en esta nueva tierra. Les estaba diciento que no se quedaran inmóviles e indecisos pensando en el pasado sino viviendo el aquí y el ahora. Podemos vivir en la depresión de nuestro ayer o comenzar a pensar en nuestra familia. Saber que es la voluntad de Dios establecerse en un lugar es bueno.  Mucha gente se queda varada en una estación de la vida sin poder seguir hacia adelante, otros se hunden porque piensan que si no es con aquello tampoco será con esto. Nos quedamos viendo una puerta que se cierra, pero no vemos las posibilidades del  nuevo lugar donde somos plantados. Aunque ellos iban a vivir a una tierra extraña llena de otras costumbres debían ajustarse en todo lo necesario para llevar una vida que fuese normal y crecieran. El exilio no era el lugar para el sufrimiento y la auto conmiseración.

Debía ser un lugar para trabajar, para estudiar, para relacionarse, para tener un hogar y ver crecer a la descendencia. Se deja ver el cuidado divino por su pueblo que aunque los echa de su tierra, a donde van no los deja de bendecir. Ellos no van a vivir como esclavos sino con cierta libertad. Dios en verdad aprieta pero no ahorca. Dios no les dice que se olviden de su tierra pero sí que se ajusten y vivan entre los babilonios como si fuesen otros babilonios pero sin olvidar quienes son y quien es su Dios.

El mejor comentario a como vivieron en Babilonia lo podemos leer en el libro de Daniel donde vemos que hubieron personas que llegaron a estar en el mismo palacio del rey sirviendo y viendo progresar a la gente de su nación. Nunca te sientas pequeño e insignificante donde estás. Dios no ha terminado contigo pues él no es Dios sólo de Israel sino también lo es en Babilonia.

2. Trabajar por la prosperidad de la ciudad y orar por la paz de ella (v.7): Esto era realmente increíble porque Dios les estaba diciendo que oraran por la ciudad de sus enemigos y procuraran su bien porque en el bien de ella, ellos tendrían bienestar.

Muchos reniegan y maldicen su país, no trabajan con gusto sino con desgano y lo único que logren es empobrecer sus propias vidas. No importa en que sociedad estemos viviendo, aún si es que tenemos que servir a nuestros enemigos la prosperidad vendrá a nosotros si nosotros la procuramos con buenas actitudes y esfuerzo.

No maldigamos la casa, ni la familia, ni el trabajo, ni la iglesia en que nos reunimos sino bendigamos dando el 100%, dando nuestros dones y talentos y pidiendo a Dios de corazón por el bienestar del lugar donde nos hallemos. Aunque estamos de paso en esta tierra debemos sentir que somos de bendición para quienes nos rodean: Jacob no maldijo a su suegro aunque solo estaba allí esperando el momento de tener a su esposa sino que hizo prosperar a sus animales, José vivió en tierra de Egipto y aunque tuvo muchas razones para vivir amargado prefirió bendecir y salvó a una nación, y salvándola salvó a su familia.

Cuántos cristianos anhelan el cielo y menosprecian la tierra, y viven sin clamar por el país, sin estudiar y sin procurar el bienestar material y espiritual de los demás porque creen que sólo son extranjeros. Sin embargo, aún cuando nuestra estancia sea corta podemos ser de bendición.

3. Dios tiene planes de bienestar: Jer 29:11 “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.” (DHH)

Este es el texto clave para entender las ordenes anteriores. Si yo creo que el plan de Dios para mi vida es de destrucción y me va a dejar sólo en tierra extraña he perdido su compañía y no queda fuerza para luchar. Nosotros podemos perder la esperanza y la confianza en Dios en momentos de prueba. A menos que nos afirmemos en nuestro corazón la promesa de que Dios nos quiere hacer bien y no mal. Si yo creo que Dios me dejará aquí para siempre, perderé las fuerzas para luchar. Pero si yo creo que el momento que estoy pasando era necesario para mi transformación donde yo estoy voy a prosperar porque su intención no es destruirme si no es hacerme bien. ¿Y si Dios te trajo hasta aquí al lugar donde creíste que sería tu tumba sólo para prosperarte y transformar tu vida?

Por otro lado, a menos que ellos se sujetaran a la voluntad de Dios esos buenos planes no se llevarían a cabo. A menos que ellos obedecieran los mandamientos que antes dio la esperanza no podría venir a ellos. Dios dice que pasarán allí 70 años, pero que al cabo de este tiempo el efecto sería que la nación completa comenzaría a buscarle de todo corazón en arrepentimiento(vv. 12-14) y Dios los volvería a su tierra porque miraría el cambio en sus corazones.

Sabemos que la situación política y económica en las naciones a veces es adversa, y que en algunos lugares los gobiernos son injustos pero podemos vivir con esperanza porque sabemos que Dios también va con nosotros al exilio y vale la pena confiar en él pues todo lo tiene en control