Cuando alguien muere de alguna forma dramática o hay algún desastre natural decimos “por algo ha de haber sido que les pasó”, “algún pecado habrán cometido para merecer tal muerte”. Sentimos que de alguna forma el hecho de que no nos toque a nosotros algo así es porque somos más justos y nos sentimos ajenos a esa situación. Nos hemos acostumbrado a ver las noticias con ojos morbosos de sangre y nos hemos vuelto insensibles e irreflexivos sobre la realidad de nuestra propia existencia. Es por ello que al ver lo que acontece en otro país o a nuestro alrededor nos medimos con nuestra propia medida y resulta que somos absueltos por nuestro propio juicio.

En una ocasión algunas personas fueron a comentarle a Jesús acerca de unos hombres que mientras estaban ofreciendo sacrificios a Dios fueron asesinados por Pilato. Jesús preguntó

Lucas 13:3,4 «¿Creen ustedes que esos hombres murieron porque eran más malos que los demás habitantes de Galilea? ¡De ninguna manera! Y si ustedes no cambian su manera de vivir ni obedecen a Dios, de seguro morirán. (TLA)

Luego Cristo les hizo la pregunta si acaso los 18 a los que les cayó una torre en Siloé eran más culpables que los habitantes de Jerusalén. “Les digo que no (eran peores); y si ustedes mismos no se vuelven a Dios, también morirán.” Lc. 13:5 (paréntesis mío)
Así que ya sea que las personas mueran asesinadas, sufran un crimen, un accidente o les acontezca una catástrofe o desastre natural no somos mejores que ninguno de ellos.

Independientemente de que todos tenemos que morir en algún momento, ya sea buenos o malos, el juicio de Dios viene sobre los hijos de desobediencia (Col. 3:6) tarde o temprano y este juicio no sólo implica muerte física sino muerte eterna. Es por ello que cuando veamos un acontecimiento como este no debe ser ni para alegrarnos, ni para juzgar, ni para justificarnos sino para reflexionar en nuestro caminar y considerar que el tiempo que ahora vivimos es una oportunidad para cambiar nuestra forma de actuar y ser salvos a través de la fe en Jesús.

La Biblia nos habla de juicios que Dios hizo sobre ciertas ciudades como Sodoma y Gomorra a los que destruyó con fuego y azufre, los egipcios a quienes trajo plagas, también nos habla sobre pocas personas a quienes se dice que quitó la vida por malos como lo fue el caso de Er (Gén. 38: 7). Pero no es la forma usual de Dios trayendo juicios sobre la gente mala del mundo en todo momento sino que es más frecuente ver una gran paciencia que se extiende por décadas en aguantar las maldades de una sociedad.

Los acontecimientos que se viven en la actualidad pueden ser el producto de muchos factores tales como el pecado humano (asesinatos y guerras por ejemplo), el mundo caído y enfermo en el que ahora vivimos, es decir, una tierra contaminada, destruida y desequilibrada por la misma mano del hombre que genera enfermedades y desastres naturales como los provocados por el calentamiento global… o por la maldición de la tierra introducida por el pecado de Adán que despreciando las bendiciones del huerto comió del fruto prohibido (Gén. 3) acarreando muerte, escasez, enfermedad, plagas y catástrofes en el mundo…

El error más grande sería anestesiarnos a nosotros mismos con la falsa suposición de que si Dios castiga a los malos y no a nosotros entonces es porque nosotros estamos bien. ¿Cómo sé si estoy bien o no lo estoy? ¿Cómo sé si yo estoy incluido dentro de este juicio que emitió al decir “si no cambian… de seguro morirán? Pablo responde:

Rom 3:9 ¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Rom 3:10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;… (énfasis mío)

No somos mejores porque si quizá yo no robo o mato, sí miento, sí soy egoísta, sí cometo adulterio, sí soy desobediente, sí soy codicioso. Los pecados aunque por sus efectos pueden ser mayores a otros, no obstante, todos llevan el mismo pago: la muerte. No hay ni un justo dice Pablo, porque tal vez no sea asesino pero sí odio a mi prójimo, tal vez yo no engañe a mi esposa (o) físicamente pero sí lo hago en el corazón… No somos mejores si nos vemos a la luz de un Dios santo y perfecto.

La cuestión final es que nadie podrá escapar al juicio de Dios a menos que venga al arrepentimiento… La cuestión no es la forma de nuestra muerte sino si estamos preparados para morir y si estamos preparados para vivir eternamente.