No falta el hombre que diga que a cada hombre le tocan siete mujeres, o el que quisiera ser un jeque árabe y tener un harén, o el que está enamorado de más de una persona y se halla con el dilema de con quien quedarse. Si bien hay muchas países islámicos en los cuales la poligamia es permitida no es así en occidente.

El tema de la poligamia en la Biblia despierta algunas interrogantes tales como ¿por qué Dios lo permitió?  o ¿es una práctica que puede considerarse ética? y ¿por qué ya no debe practicarse en la actualidad?, las cuales trataremos de contestar. Para poder estudiar este tema vamos a caminar conforme a la revelación gradual que Dios fue dando a los hombres en las Escrituras. Esto quiere decir que al leer la Biblia no podemos tomar una costumbre cultural e incluso legal en el pacto con Israel como algo normativo para toda época, puesto que Dios fue manifestando su voluntad conforme el paso del tiempo.

La poligamia en los libros de la ley o pentateuco

Primero consideremos Génesis, el libro que explica los orígenes de la humanidad y del pueblo de Israel.

La primera porción a considerar es Génesis 2 donde se narra como formó Dios a Eva y se la dio como compañera y esposa para que fueran una sola carne(v. 24). Podemos notar que la historia no es casual sino tiene una intencionalidad de enseñar acerca de cómo debe ser la relación matrimonial para el resto de los hombres. Es Dios el diseñador del matrimonio y quien puso las reglas para esta institución. La enseñanza es que el matrimonio entre un solo hombre y una sola mujer hacen un complemento idóneo y más que eso una unidad en la carne que es realmente imposible lograr entre tres o más personas. Esta historia nos muestra el ideal divino y el modelo a seguir. No obstante no hace falta ir muy lejos para darnos cuenta que en el paraíso este matrimonio perfecto comenzó a tener problemas en su seno al comer del árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 3), tales como: verguenza, culpa, lucha por el dominio, problemas laborales por la tierra maldecida, alejamiento de Dios, dolor al parir y al criar, enfermedad y finalmente muerte.  Sin embargo dentro de todo este mal hay una promesa en la que Dios promete que un hijo de Eva aplastaría la cabeza de la serpiente engañadora para volver a bendecir la familia (Gén. 3:15).

El pecado, concebido como un errar al blanco de la perfecta voluntad divina, es pasado a la descendencia de Adán y Eva. Ya en Génesis 4 vemos que Caín mata a su hermano Abel y de sus descendientes nace un hombre llamado Laméc que fue la primera persona de quien se dice que tuvo dos mujeres, Ada y Zila (Gén. 4:19). Para este momento vemos que Dios ha dejado a los hombres actuar hasta cierto punto conforme a los deseos de sus malvados corazones sin imponerles una ley pero teniendo relación con aquellos que le buscaban aún en medio de ello. tales como Enoc y Noé.

Pasado el tiempo Dios se fijó en un hombre llamado Abraham, habitante de Harán en Mesopotamia, a quien llamó para formar la familia y la nación con la cual bendeciría al resto de naciones (etnias y culturas). Antes de continuar recordemos que la orden divina al crear a la primera pareja fue multiplicarse y llenar la tierra (Gén. 1:28), y luego de que Dios destruyó a los moradores de la tierra volvió a darle este mandato a Noé y a sus hijos (Gén. 9:1,7). Abram sin embargo no tenía hijos pero tenía la promesa de tener una descendencia como las estrellas del cielo. Como su esposa Sarai era estéril le rogó que tuviera un hijo con su sierva egipcia Agar porque consideró que así cumpliría la promesa divina (Gén. 16). Esto nos parece extraño, pero era una costumbre mesopotámica y posibilitada por las leyes del momento, una sierva podía ser utilizada para tener un hijo y bajo convenio el hijo llegaba a ser hijo de la dueña. El término usado era “dar a luz en las rodillas” dado que en el parto la receptora en señal simbólica abría sus piernas para recibir de la otra el niño nacido. Para el momento esto estaba tipificado como concubinato, no bajo los cánones actuales (dos amantes o en unión libre), sino un matrimonio de baja categoría por darse entre personas de distinta clase como entre un hombre libre y una esclava, es importante hacer esta distinción ya que en ocasiones a la concubina también se le conoce como esposa.

Pues bien, aunque en el Antiguo Testamento no es condenada la poligamia es claramente visible el efecto negativo que este produce dentro del hogar. Aún este matrimonio de Abram y Sarai considerado santo incurrió en esta falta por la falta de fe. El resultado fue que Agar veía con desprecio a su señora y entraron en pleitos continuos hasta tener que despedirla. Ismael, el hijo de Agar con Abram, no fue el heredero de la promesa porque Dios le dio un hijo con su mujer estéril del cual provendría el mesías. Esto nos da varias enseñanzas de por qué la poligamia no es vista con buenos ojos por Dios: La primera es que el matrimonio es bendecido por Dios y que cuando esperamos en él no tendremos que buscar ninguna cosa en un tercero, lo segundo es que lo único que tendremos como resultado serán problemas familiares que pueden ser trascendentales, en este caso los problemas intergeneracionales entre los árabes descendientes de Ismael y los judíos descendientes de Abraham. La unión con Agar es considerada producto de la carne mientras que la relación con Sarai una promesa de pacto (Gálatas 4).

Otro personaje que incurrió en la poligamia fue el nieto de Abraham llamado Jacob. Recordemos que conforme hemos venido estudiando la poligamia es producto del alejamiento de la perfecta voluntad de Dios para el matrimonio al punto que se instituyó como una práctica normal en Mesopotamia y las naciones de alrededor. Génesis 27-30 relata como Jacob fue a Harán a buscar esposa. Notemos que Jacob no iba en busca de mujeres sino de una sola esposa, pero se nos cuenta que Labán padre de Raquel la que Jacob deseaba le hizo trabajar a cambio de su mano y cuando pasó el tiempo en vez de darle a ésta le dio a la mayor llamada Lea, porque supuestamente la costumbre era dar a la mayor. Así que bajo engaño Jacob se casó con la que no quería y luego trabajó otros siete años por Raquel. Visto desde el punto de vista moderno nos podemos dar cuenta que estas uniones no eran sino el producto de ver a la mujer como objetos de los cuáles se podía disponer. La historia nos relata en el capítulo 30 que como Raquel era estéril y tenía envidia de su hermana le dio a su sierva Bilha para tener hijos, y posteriormente Lea le dio a su sierva Zilpa para tener hijos. Así que vemos que la esterilidad era común Israel y el remedio era usar a una sierva para lograrlo. A consecuencia de tener a estas dos esposas y estas dos concubinas Jacob tuvo doce hijos, los cuales se constituyeron en las doce tribus de Israel. En este caso, la poligamia no dejó de generar pleitos entre las esposas y los hijo, celos y envidias continuas porque Jacob tenía a su preferida, pero las otras podían darles otras cosas. No obstante y a pesar de todo Dios usó para bien las trampas de su suegro y estas costumbres para hacer nacer una nación de la cual vendría el salvador. Esto indica que Dios escribe derecho en líneas torcidas.

Ahora consideremos que estipuló la ley de Moisés al respecto:

Aunque Éxodo 20:14 prohíbe cometer adulterio, la poligamia (entiéndase un hombre teniendo varias esposas, no viceversa) no era considerada adulterio por tratarse de matrimonios legales. El adulterio son las relaciones sexuales practicadas fuera del matrimonio.

Una de las leyes mosaicas decía que si un hombre libre se casaba con una esclava (concubinato) debía tratarla como a una hija y si este hombre se casaba con otra (esposa o concubina) no debía por ningún motivo reducirle a la otra ni la comida, ni el vestido ni sus derechos de esposa (Ex. 21:9-11); si le faltaba alguna de estas cosas quedaría libre. Esto de alguna forma protegía a las esposas contra los malos tratos de sus esposos.

Ahora bien, ¿por qué en la ley de Moisés se estipulan ciertas cosas tales como la esclavitud y la poligamia si están apartadas de la perfecta voluntad de Dios?  En primer lugar notemos que los diez mandamientos fueron escritas directamente por el dedo de Dios, mientras que el resto fue escrita por Moisés bajo guía divina para establecer normas civiles para el incipiente pueblo de Israel hasta que llegara el tiempo de la promesa. Pablo explica que la ley es un ayo (maestro de niños) que nos lleva a Cristo (Gá. 3:23-25). La permanencia de los diez mandamientos como lineamientos para la ética cristiana es corroborada en el Nuevo Testamento, pero no así las leyes civiles de Israel. Hablando del pacto de Moisés el escritor a los hebreos dice en Heb 8:7 “Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.”

Otro texto que es importante considerar al analizar el tema es la respuesta que Jesús dio en su tiempo sobre el debate que había en su tiempo sobre el divorcio. Algunos le preguntaron

Mat 19:7,8 …¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así.

Esta respuesta es importante ya que también es posible aplicarlo en este asunto. Primero dice que Moisés no mandó sino que permitió el divorcio por la dureza de sus corazones. Este permiso de la ley es debido a que la ley no puede justificar y carece de poder para transformar los corazones, por tanto, Moisés escribe a personas incapaces de vivir la ley del Espíritu. Segundo se nos indica que esto no era así al principio sino que surgió como producto de ciertas condiciones temporales. Así que, entonces, la ley civil dada por Moisés estipula ciertos lineamientos que son buenos y necesarios para la época pero que venido el nuevo pacto la ley es perfeccionada y ahora la demanda es superior.

Ya habíamos mencionado que una de las razones por las que los judíos se casaban con varias mujeres era para poder tener hijos, otra razón era para concertar relaciones diplomáticas con otras naciones como era en el caso de los reyes. Moisés estipuló que cuando la nación tuviese reyes no debían hacer como los reyes de las naciones paganas “ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia.” Dt. 17:17. Dios quería que los reyes dependieran de él y no de la influencia que pudieran lograr por emparentarse con otras naciones y por el peligro de que sus corazones fuesen desviados de la ley.

En la siguiente parte de este tema hablaremos de la poligamia practicada por David y Salomón, así como otros pasajes interesantes para llegar a una conclusión.