Es frecuente cuando le decimos a alguien que tiene que ser salvo, que este se pregunte “¿salvo de qué? si no me estoy ahogando”, como resultado no desean una salvación innecesaria y la rechazan. Esto se debe muchas veces, a que hoy en día, es común oír desde los púlpitos una predicación de la salvación de los problemas, o de sentimientos como la depresión, la baja estima o el estrés, ser salvos de personas o cosas, e incluso la salvación de las necesidades económicas como las cosas más importantes de las que el hombre debe ser salvo y sin embargo ninguna de estas cosas tienen importancia eterna o ataca a profundidad el problema del hombre.

Si bien, en la Biblia, principalmente en el Antiguo Testamento, se nos dice que Dios salva a su pueblo de los ejércitos enemigos, y los rescata de la muerte y de la esclavitud no es si no hasta el Nuevo Testamento donde clara y abiertamente se nos dice cuál es la dimensión espiritual de la salvación. Desde el primer capítulo del Nuevo Testamento se nos revela quién nos salvará y de qué nos salvará “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mateo 1:21.

En otras palabras, el problema más grande que tiene el ser humano y del cual debe ser salvo es el pecado. Si nos ponemos a analizarlo esto tiene sentido. ¿Qué es lo que origina todos los problemas y peligros de los cuáles quisiéramos “ser salvos”? El pecado. Si morimos, si enfermamos, si vivimos en un mundo injusto y lleno de opresión es por causa del pecado…

El pecado se define como la infracción de la ley (1 Jn. 3:4), es decir, de los mandamientos de Dios. El Antiguo Testamento dice que Dios les dio leyes a su pueblo Israel, la obediencia traería bendiciones pero la desobediencia maldiciones. Es por eso que luego de que este pueblo se desviaba de los mandamientos, Dios permitía el ataque de sus adversarios y ellos clamaban por salvación. Esta salvación era en realidad externa porque los libraba de las consecuencias de sus pecados pero no los libraba en sí mismo del pecado que tenían en ellos. Hoy, si Dios nos salva de una crisis económica, o nos salva de morir en un accidente es algo asombroso pero no ataca el problema fundamental que nos llevará a enfrentarnos al juicio divino. Y es que la ley es la ley y la infracción tiene consecuencias en esta vida o en la venidera, y como todos hemos quebrantado esos mandamientos en mayor o menor medida tenemos un grave problema y requerimos esa salvación.

En su libro “Las cuatro salvaciones” el autor Arthur W. Pink nos dice que hay cuatro dimensiones en las que Dios nos salva del pecado a través de Jesús:

  1. Nos salva del Placer o amor al pecado concediéndonos una naturaleza que lo odia: a esta obra se le llama regeneración.
  2. Nos salva de la Pena o castigo del pecado, remitiendo toda culpa: A este acto se le conoce como justificación.
  3. Nos salva del Poder o dominio del pecado, por la acción de su Espíritu: A este proceso se le llama santificación.
  4. Nos salva de la presencia o inherencia del pecado: a esta obra final se le conoce como glorificación.

Los primeros dos pasos acontecen en el momento en que las personas se arrepienten de sus pecados poniendo su fe en Jesús. El tercer paso es un proceso que abarca toda la vida del cristiano y el cuarto es la consumación de esta salvación que ocurre al partir a la presencia de Dios.

Sin estas “cuatro salvaciones”, las cuales son una sola, nunca jamás podremos por nuestra cuenta dejar de desear pecar (nos gusta pecar), ni nos libraremos de la ira venidera (ignorarla no nos librará de ella), tampoco podremos ser libres del dominio del pecado y nunca jamás seremos despojados de todo vestigio del mal. Es por ello necesario mencionar que el pecado debe ser aquello por lo cual deberíamos clamar el poder ser salvos, por la gracia y obra del Espíritu de Dios. No debería ser un tema menospreciable pues así como buscamos salvaciones de cosas temporales deberíamos buscar la salvación de nuestra alma.

Hands-Drowning-Sea
Todos estamos hundidos en el pecado a punto de ahogarnos…

2Co_6:2 Porque dice:En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.

Rom 10:9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.