¿Sigue teniendo Dios planes para Israel como nación o han perdido toda esperanza de ser restaurados como pueblo de Dios? Basta ver los noticieros para ver que los conflictos en Jerusalén, en la franja de Gaza y otros puntos de Israel no parecen tener para cuando terminar. La mayoría de los judíos sigue dispersado en las naciones y no tienen un templo donde adorar, mientras que la mayoría de ellos rechaza a Jesús como mesías. Por otra parte la iglesia parece haber tomado el lugar que le correspondía a ella. ¿Restaurará Dios a Israel? Veamos que nos dice el profeta Jeremías y que consonancia tiene con el Nuevo Testamento.

Promesas del Señor para el futuro (vv. 1- 9)

Esta sección de consolación comienza prometiendo el regreso de los judíos a la tierra que Dios había prometido a sus padres.

Jeremías compara el dolor precedente al retorno a su nación como el dolor de parto que se anticipa a quien dará a luz (vv. 5,6). Pues bien, Israel habrá de pasar por un tiempo de angustia como nunca se había vivido pero Dios promete salvarlos(v. 7). Ese día es el que los profetas llaman día de Jehová, un momento de juicio para los enemigos de Israel pero de salvación para su nación. Se puede aplicar esto al tiempo de angustia que sufriría por el ataque de los babilonios pero también a la gran tribulación de la cual Cristo habla que habrá de suceder antes de su retorno en Mateo 24:21.

Dios promete en ese día (v. 8, 9):

a) romper su yugo, es decir, liberarlos de la opresión babilónica.

b) que no servirán más a naciones extranjeras

c) que servirán a Dios, en adoración.

d) que servirán a David su rey, alusión al Mesías o a un rey descendiente de David.

Parte de esto es cumplido en el retorno de los judíos a su patria en el año 538 a.C., luego en la reconstrucción del templo y el gobierno de Zorobabel tipo de Cristo, sin embargo, la paz no duró mucho. Zacarías el padre de Juan el bautista profetiza que estas promesas se cumplirían plenamente en Jesús el mesías (Lc. 1: 68-75). Puesto que los judíos volvieron a ir al exilio en el año 70 d.C. a mano de los romanos y el retorno de los judíos comenzó en 1945, aún podemos considerar que la promesa de liberación está por cumplirse pues Palestina es una tierra de guerra, no tienen templo, ni un rey davídico. Y como Jesús no cumplió esa profecía de Zacarías y de Jeremías en su primera venida lo tiene que hacer en la segunda venida.

El Señor salvará a su pueblo (vv. 10- 24)

Dios le dice a Jacob que no tema porque el lo salvará desde lejos y vivirá tranquilo. Dios promete que los salvará y aunque haya de destruir a sus adversarios, a ellos no los destruirá sino sólo los castigará (v. 11).

Notemos como Dios mira con compasión a su pueblo aún después de que fue rebelde y por darle la espalda sufre una enfermedad incurable. No hubo quien la sanara y humanamente hablando no tenía remedio. Sus amantes la habían abandonado, es decir las naciones paganas con las que había hecho alianzas ya no la podían apoyar. Dios dice que la librará de sus adversarios y estos serán llevados cautivos, es decir, les pagará con la misma medida con la que hirieron a su pueblo.

Miremos que hermoso texto: Jer 30:17 “Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda.”

En verdad que han habido momentos en los últimos siglos donde los judíos son la escoria de las naciones, son el desprecio de la iglesia, los olvidados, los desechados. Pero Dios promete traerles un remedio. Esto nos habla del firme compromiso y fidelidad de Dios por su pacto con Abraham.

Dios promete:

a) hacerlos volver y reconstruir la ciudad (v. 18)

b) hacerles recuperar su alegría y su honor. Multiplicarlos (v. 19)

c) ponerles a un príncipe que se acerque a él (v. 21)

d) volverlos a hacer su pueblo escogido (v. 22)

Dios les dice que por lo pronto no entenderán porque Dios los juzga de ese modo pero él ve necesario actuar de este modo en castigo de sus enemigos.

Conclusión

Israel como entidad no ha sido desechada de los planes divinos. Dios es fiel a su palabra y no deja que sus planes se dejen de cumplir a su debido tiempo. Nosotros sin embargo podemos retrasar el cumplimiento de sus promesas con nuestro actuar desobediente y sobre todo por el rechazo al Salvador. Sin embargo la misericordia de Dios es grande, que aunque nos castigue (discipline), no por eso nos deja de amar y de procurar nuestro bien.