¿Puede un hombre ladrón y corrupto cambiar? Hoy en día se buscan muchos métodos de rendición de cuentas y transparencia, auditorías, leyes anticorrupción, etc. para hacer que la corrupción descienda, pero no existe un método sicológico o educativo para transformar el corazón de un ladrón en un hombre de bien mas que el evangelio.

Dios ordenó en Exodo 20: 15 “No robarás” como una ley moral para su pueblo y que sigue siendo vigente para todo tiempo y lugar. Según la ley de Israel la persona que robaba debía hacer restitución a la persona afectada. Ex. 22:1-4 estipulaba que una persona que robaba un animal debía devolver 5 bueyes por un buey y 4 ovejas por cada oveja, y en caso de no poder pagar se vendía como esclavo. También había una ley referente a los fraudes, (que incluía hurtos, extorsión, apropiarse de un depósito, no declarar el hallazgo de algo perdido) que decía que la persona debía devolver aquello en que se había hallado falto y añadir una quinta parte (20%) (Lv. 6:2-5).

Juan el bautista y los corruptos de su tiempo

Cuando Juan el Bautista comenzó su predicación en el río Jordán anunció la llegada del Mesías como un rey que iba a impartir juicio y todo árbol que no diera buen fruto sería cortado y echado al fuego (Lc. 3:9), por lo que la gente tenía temor y pedía ser bautizada en agua para arrepentimiento. En la perspectiva cristiana sabemos que un día daremos cuanta ante el juez llamado Jesús por todo lo que hallamos hecho mientras estábamos en el cuerpo. El asunto es que más allá de las implicaciones sociales o de penalidad terrenal la Biblia nos dice que la paga del pecado es muerte (Ro. 6:23) y que todo pecado es infracción de la ley (1 Jn. 3:4), por lo que el castigo de robar nos impedirá el poder entrar al reino de Dios (cielo o paraíso) 1Co 6:9,10 “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; … ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” Según nos dicen las Escrituras, la ley es buena pero no tiene poder contra los deseos de la carne (Ro. 7:14), por lo que por muchas leyes que existan el hombre tiene una incapacidad interna para seguirla y necesita una transformación del corazón.

Una persona que está viviendo como estafador, ladrón o corrupto debe reconocer su culpa y temer a Dios y al día de su juicio que ya está cercano, por lo cual el llamado es al arrepentimiento.

Consideremos que entre la multitud que se reunía alrededor de Juan había diferentes tipos de personas buscando una palabra de esperanza. De entre ellos estaban los publicanos y los soldados. Los publicanos eran los recaudadores de impuestos que demandaban a la gente más de lo impuesto por Roma y se enriquecían a costa del empobrecimiento del pueblo. Los soldados, por otra parte, cometían muchos actos de extorsión y de abuso de autoridad causando terror entre la gente con tal de obtener dinero extra.

 Luc 3:12-14 Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.

¿En qué consiste el arrepentimiento para quien practica este tipo de cosas? El arrepentimiento consiste en el abandono de las practicas que hacen que quebrantemos la ley divina en el contexto de nuestra vida y nuestro trabajo, no consiste propiamente en llorar o lamentarnos, aunque eso puede ser parte, luego la Biblia nos manda a bautizarnos creyendo en el salvador. El arrepentimiento implica un cambio en nuestras acciones (extorsión), en nuestras palabras (calumnia) y en nuestras actitudes (contentamiento).

Este es el mensaje que deberíamos seguir anunciando a los gobernantes, empresarios, trabajadores y funcionarios corruptos de nuestro tiempo, que viene el día del juicio en que se presentarán ante un juez a quien no podrán sobornar, ni podrán engañar, ni el mejor abogado les podrá ayudar; pero que ahora pueden dar una vuelta atrás y seguir un camino mejor.

Jesús y Zaqueo

Jesús amó a todos y decía que venía a buscar no a los sanos sino a los enfermos, por lo cual fue a convivir en la casa de un publicano de mala fama llamado Zaqueo en la ciudad de Jericó (Lucas 19:1-9). Este hombre era rico y mucho de ello se debía a sus abusos en la recaudación. Imagínense la crítica de las personas. Es como si Jesús en este tiempo fuera a comer a casa de un político corrupto; las personas le dirían-  ¿por qué comes con él?, ¿no será que ya te corrompiste también? ¿te estará dando algo?.- Pero Jesús no hacía caso. En primer lugar porque Jesús podía convivir con ellos pero sin contaminarse por su pureza moral y en segunda porque su relación era de redención.

 

Así que de un momento a otro Zaqueo se puso en pie y dio un anuncio asombroso. Lc. 19:8 “… He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.” Jesús declaró que en ese día la salvación había llegado a esa casa por cuanto él también pese al pasado estaba demostrando que era un hijo de Abraham, un hijo de la fe.

Notemos que este hombre no solo hizo una confesión, no solo dijo “Señor” sino que a la par mostró que él realmente le estaba aceptando como Señor de su vida sujetándose a su mandamiento de no amar nada más que a él. Su transformación se puso de patente en que renunció al oro y a la plata por amor a Dios y al prójimo y quedándose solo con la mitad de sus bienes. Lo segundo fue que el mismo se puso bajo la pena de la ley devolviendo cuatro veces, conforme a lo que se estipulaba, a aquellos a quienes había defraudado. No basta que haya cristianos que tengan un pasado malo y que anuncien que Dios les ha transformado pero no hacen restitución a las personas lastimadas, defraudadas y aún robadas porque eso simplemente demuestra una falta de honestidad. Si Jesús entra a nuestro corazón se demostrará en la relación con nuestros semejantes.

Ejemplo y exhortación de Pablo

El apóstol Pablo que fue el mensajero a los gentiles (los no judíos) de su tiempo fue por las diversas ciudades del imperio romano anunciando salvación. En su carta a los Efesios dice “El que robaba, deje de robar y póngase a trabajar, realizando un buen trabajo con sus manos para que tenga algo que dar a los necesitados.” Ef. 4:28

Aquí Pablo nos muestra que la nueva vida que viene a través de Cristo puede tener tentaciones pero que la mejor forma de vencerla es adoptando un nuevo estilo de vida que en este caso es el trabajar por amor a los demás. Si antes se robaba como una forma de enajenación con el prójimo ahora Dios nos manda trabajar para el sustento propio pero también para el de los demás.

Pablo en su despida a los ancianos (pastores) de Efeso declara su integridad al decirles Hch 20:33 “Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado.” Esto indica que el robo comienza con la codicia de lo que es del prójimo y también por el egoísmo, en el no pensar en los demás. Pero Pablo trabajaba por él, por su equipo y por los necesitados.

Hch 20:34 Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. Hch 20:35 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.

Entonces el camino del cristiano es que así como antes robaba ahora sus manos le sirvan para dar por amor.

 Antes mencionábamos el pasaje de 1 Corintios 6 donde Pablo les advierte a los hermanos que no pequen porque los injustos no herederán el reino y agrega 1Co 6:11 “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” Así que la persona que por la fe viene a Cristo experimenta un cambio interior pero requiere de permanecer en ese estilo de vida mediante el nombre del Señor y por el Espíritu Santo que mora en él. 

Dicen que los malhechores que estaban a los lados de Jesús crucificados eran ladrones. Aunque no lo especifican los evangelios es probable. Lo interesante de la historia es que uno de ellos se arrepintió, reconoció que estaba pagando justamente, reconoció que Jesús era justo y pidió a Jesús que se acordara de él cuando viniera en su reino (Lc. 23:41-43). La respuesta inmediata fue que ese mismo día estaría con él en el paraíso. No hubo necesidad de obras de restitución, ni de bautizo, solo hubo arrepentimiento y fe y el salvador borró sus pecados con la misma sangre que estaba derramando para abrirle el cielo a su reino. No importa las faltas que hallamos cometido, el perdón y la gracia de Dios está disponible hoy para todos los que clamen a él, no importa si es desde una cárcel o desde un hospital, Cristo puede salvarnos.

 

El mundo necesita hoy de la Palabra del evangelio y que oigan que en Cristo se puede tener una vida nueva, una vida digna. El evangelio de salvación no sólo les asegura una vida buena en esta tierra, el respeto de los demás y una sana prosperidad sino también la verdadera felicidad, el perdón de su faltas ante Dios y la vida eterna…

BONUS

  1. Debemos enseñar la sabiduría a los jóvenes para que se aparten de la compañía de ladrones y no dejarse engañar por sus ofrecimientos económicos espúreos (Pr. 1:10-20)
  2. Debemos orar por la paz: 1Ti 2:2 Se debe orar por los que gobiernan y por todas las autoridades, para que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad. Debemos orar por un gobierno justo que aplique las leyes y castigue a los que la incumplan.
  3. Debemos buscar las riquezas que no se pueden quitar. En el mundo no hay seguridad en las posesiones por eso debemos buscar las posesiones eternas y el lugar donde jamás perderemos nada Mat 6:20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Isa 65:22 No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos.
  4. Dios recompensará a los despojados: El robo es una forma de injusticia pero Dios habrá de dar el doble de lo que se nos quita en este mundo. Isa 61:8 Porque el Señor ama la justicia, y odia el robo y el crimen. Él les dará fielmente su recompensa y hará con ellos una alianza eterna. Job 42:10  Después que Job oró por sus amigos, Dios le devolvió su prosperidad anterior, y aun le dio dos veces más de lo que antes tenía.
  5. Debemos considerar que la riqueza más grande que podemos perder es la salvación: Mat 24:43, 44 “Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.” ¿Cómo te hallará el Señor el día que él venga?