A veces Dios manda a sus siervos a hacer cosas que no parecen tener lógica ni sentido común, según  nosotros, quién compraría una casa que se va a quemar o un carro que se va a chocar, un negocio que va a quebrar o una vida que se va a acabar. Dios le ordenó a Jeremías comprar un terreno justo cuando la ciudad estaba a punto de caer en manos de los babilonios. En el año 588 a.C. el rey Nabucodonosor sitió la ciudad de Jerusalén y quizá la gente llegó a pensar que ese era el final definitivo para ellos. ¿Qué sentido podría tener hacer negocios en la compra de terrenos cuando era muy probable que pronto estas adquisiciones pasaran a manos enemigas?

Dios le dijo al profeta que un primo llamado Hanameel iba a venir a ofrecerle en venta un terreno y que debía comprárselo. Tal y como Dios se lo había mostrado vino su primo a ofrecerle esta heredad. Jeremías se hallaba preso en ese momento pero podía moverse dentro de la ciudad bajo vigilancia de que no fuera a predicar. El primo vino a ofrecerle esta venta puesto que en aquel tiempo los terrenos podían comprarse solo entre personas de la misma familia por el pariente más próximo, a este se le llamaba el pariente redentor (hebreo goel). La razón de la venta podía ser por deudas excesivas o la incapacidad para sostenerse. Jeremías le entregó un pago de 17 monedas de plata y frente a varios testigos concertó la compra venta por el que sellaron y firmaron un contrato. El Señor le ordenó tomar dos copias del contrato, una sellada y otra abierta y meterla dentro de una vasija de barro para que se conservara por mucho tiempo. Es importante mencionar que los sellos que se colocaban en los documentos eran garantía de resguardo y de legitimidad. El documento se enrollaba y se le colocaba un poco de cera derretida y con un anillo se presionaba para dejar impresa la señal de su dueño. Los rollos que se ponen dentro de vasijas de barro pueden durar por mucho tiempo como se corroboró al hallarse cientos de manuscritos escritos hace más de dos mil años en los llamados rollos del mar muerto.

¿Por qué Dios mandó poner en resguardo estos contratos? Porque iba a venir un día en que alguno de los familiares de Jeremías podría reclamar como suyo este terreno y tendría todo el derecho de hacerlo. Jer 32:15  “Pues el Señor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: En esta tierra volverán a comprarse casas, campos y viñedos.’ ” En efecto, el pueblo de Israel volvió a su tierra luego de 70 años y esta palabra se cumplió pues el pueblo de Israel volvió a comprar y vender, pero los familiares de Jeremías tuvieron asegurado un terreno por la compra venta realizada en el momento menos imaginable para hacerlo.

sellotos

Para mí esta es una hermosa ilustración de lo que Jesús hizo por nosotros. Nosotros representamos ese terreno perdido, condenado a la destrucción y a la muerte. ¿Quién podría dar dinero por personas que van a perecer dentro de pocos años? ¿Por qué habría de comprar a personas corruptas y malvadas como nosotros? Solo Jesús que por su fidelidad permitirá que aunque probemos la muerte nos volverá a la vida a través de la resurrección. Esto únicamente es posible por cuanto nuestro terreno ya no es nuestro sino que le pertenece a nuestro pariente redentor que lo compró cuando nosotros por nuestras muchas deudas lo perdimos, cuando llegamos a la quiebra espiritual. Jesús se solidarizó con nosotros al hacerse carne y llamarnos sus hermanos, y solo él tiene el derecho de volver a adquirir lo que de nosotros se ha perdido para devolvérnoslo. El pagó un precio alto, su propia sangre, para que de este modo la tierra no se perdiera, me refiero a nuestro cuerpo y espíritu. Ahora bien, hay un contrato concertado, bien sellado para ser abierto en el momento determinado y resguardado tan bien que no podemos preocuparnos con que más allá de la muerte haya equivocaciones o perdidas. Pablo nos confirma esto:

Efe 1:13 Gracias a Cristo, también ustedes que oyeron el mensaje de la verdad, la buena noticia de su salvación, y abrazaron la fe, fueron sellados como propiedad de Dios con el Espíritu Santo que él había prometido.
Efe 1:14 Este Espíritu es el anticipo que nos garantiza la herencia que Dios nos ha de dar, cuando haya completado nuestra liberación y haya hecho de nosotros el pueblo de su posesión, para que todos alabemos su glorioso poder.

¿Confiarás en Cristo para que él tome tu causa y compre tu alma? ¿Dejarás que él se haga cargo de tu futuro y descansarás en la seguridad de su contrato sellado?