Quiero ir más allá de la simple declaración de que el mundo está a punto (en términos proféticos) de llegar a su fin, y más bien tratar de combatir la idea que muchas veces lleva a los cristianos a la inacción por el pensamiento determinista de que puesto que el mundo ha de ser quemado ¿para qué hacer algo?

Desde hace varios años el cine nos ha mostrado las posibles formas en que este mundo puede ser destruido. El cambio climático en relación con el arca de Noé está de alguna forma representado en la película “2012” en la que debido al calentamiento global el planeta experimenta enormes terremotos que destruyen las ciudades más importantes del mundo al grado que quedan sepultadas bajo el agua. La película finaliza con varias personas que suben a un enorme barco rondando en los océanos que cubren la tierra. Poco después salió la película “Noé” en la que el director presenta a la humanidad acabando con la tierra, deforestando, quemando y matando en forma voraz a los seres vivos, causando sequía y más maldad al grado que el mismo diluvio llegó a ser la consecuencia de su misma codicia y consumismo.

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La Biblia nos da testimonio de que hace miles de años ocurrió una catástrofe mundial que borró del planeta a todo ser viviente a través de agua. De esto también hay testimonio en la geología y en varias culturas antiguas. Nos relata el libro de Génesis capítulo 6 que Dios al ver la maldad del hombre halló a Noé y le ordenó hacer un arca para que él y su familia y un par de animales de cada especie se salvaran, no sin antes predicarle a su generación. Dios envió lluvia durante cuarenta días y noches e hizo que las fuentes de abajo se rompieran provocando una inundación y un cataclismo que sepultó a la humanidad, a sus cosas y a los animales en toneladas de agua y lodo, y solo se salvaron Noé y su familia.

La Biblia nos dice que esta vez el mundo no será destruido por agua porque Dios hizo un pacto con la humanidad en Génesis 9 en el que nunca más destruiría la tierra con agua. Lo asombroso de este pacto es que no solo es hecho con los seres humanos (hijos de Noé) sino con todo ser viviente, es un pacto universal. ¿Por qué? Porque Dios ama a su creación y no desea destruirla. Esta es la primera razón por la que nosotros como seres humanos debemos cuidar el planeta y a los seres vivos. La razón es que este planeta no nos pertenece si no que nos ha sido dado como el jardín del Edén (Gén. 2) para cuidarlo y labrarlo, nosotros al igual que Adán hemos perdido nuestro jardín por ir en busca del fruto prohibido del materialismo y la codicia.

Algunos han criticado a Dios de ser un genocida y destructor del planeta, pero obviamente pasan por alto que él es el creador de todo y quien da vida a todo ser vivo y sustenta a todo el universo y puesto que ha puesto una ley que dice que la paga del pecado es muerte (Ro. 6:23) él tiene todo el derecho de dar la vida y de quitarla Eze_18:4 He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá. Esto significa que por ser el creador lo que desea es dar vida a todo y hacerlo por la eternidad pero puesto que ha dado libre albedrío al hombre este escogerá qué quiere tener. Si el hombre escoge desobedecer enfrentará el juicio y junto con él esta tierra de la cual fue hecho. Pero Dios dice, Eze 18:32 Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.

Al igual que en el tiempo de Noé también hay un elemento profético que nos señala hacia el fin del mundo como lo conocemos. El mundo no será destruido con agua, quizá no a consecuencia de un calentamiento global que haga que el mundo quede hundido, no lo sé, pero sí está reservado para el fuego. 2 Pedro 3:7 “pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.” Antes de eso, no obstante, el libro de Apocalipsis nos muestra varios tipos de catástrofes mundiales que habrán de ocurrir en la tierra, en los ríos, en los mares, en el sol y a los seres humanos.

¿Cuál debe ser nuestra actitud al saber que este planeta ha de ser destruido? No es huir, ni meter la cabeza bajo la tierra como el avestruz, o enajenarnos de lo que sucede alrededor. Nuestra acción más importante como la de Noé debe ser advertir, predicar, tratar de introducir a mayor número de personas al “arca de salvación” que ahora es Jesús. Pedro nos dice que debemos:

  1. Andar en santidad y devoción 2Pe 3:11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,
  2.  Esperar ese día que inaugurará el nuevo mundo (nuevos cielos y nueva tierra) y apresurarla viviendo en santidad y ganando a mayor número de personas 2Pe 3:12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 2Pe 3:13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

Aunque estas acciones son espirituales, no nos exime de la responsabilidad de cuidar el planeta que ahora tenemos. Hacerlo sería como procurar destruir nuestro cuerpo porque ¿qué importa si al final vamos a morir y Dios nos resucitará?, sería como demoler la casa donde vivimos porque de todas maneras viviremos en el cielo aunque luego no tengamos que protegernos de la lluvia y el sol. Es decir, si el cristiano anhela un cielo es porque desea un mundo limpio, bello, sano e íntegro; por tanto, seguir siendo negligentes con nuestro mundo es una contradicción.

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Es interesante que cuando Dios venga a juzgar no sólo castigará a los que persiguieron a su pueblo sino también a los que destruyeron la tierra: Apo 11:18 Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

En Romanos 8:19-22 Pablo dice que la creación espera el día en que los hijos de Dios se manifiesten, es decir, el día de la resurrección de los justos pues en ese día ella también será redimida de la maldición del huerto de Edén (Gén. 3). Pablo dice que ahora el mundo se queja y sufre como una mujer con dolores de parto. Pero está a punto de dar a luz a un nuevo día, a una tierra renovada que será llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar (Is. 11), una tierra sin más maldición (Ap. 22:1-5) sin muerte, enfermedad y catástrofes.

En resumen, Dios ama a este planeta porque él lo creó. En especial está preocupado por su máxima creación que es el hombre y lo primero que ha hecho es procurar la salvación de su alma pero viene el día en que habrá de recuperar su cuerpo resucitándole y dándole un mundo renovado. El cristiano debe ser un buen mayordomo y cuidar lo que a Dios le pertenece (Sal. 24:1) y cumplir el plan que Dios tenía para él en el huerto que era cuidar y cultivar la tierra. El mundo seguirá su curso y puesto que no sabemos el día ni la hora en que estas cosas habrán de acontecer, vivamos como si Cristo no fuese a venir en mucho tiempo, pero vivamos como si fuese a vivir mañana.