Bien dice Apocalipsis 21:8 que uno de los pecados que dejarán fuera a muchas personas de la entrada a la nueva Jerusalén es la cobardía.

Durante el asedio de la ciudad de Jerusalén el rey Sedequías se hallaba desesperado y entre la espada y la pared. Por tercera vez consultó al profeta en secreto esperando oír alguna palabra de parte de Dios. Jeremías que lo conocía le dijo que aunque él podía aconsejarlo lo más seguro es que no le haría caso y después de que el rey le aseguró que no le haría daño el profeta le aseguró que si se pasaba con sus enemigos, si se rendía podía salvar su vida, la de su familia y el pueblo pero si no, sería devastado.

El rey dijo: le tengo temor a los judíos que se pasaron con nuestros adversarios porque podrían torturarme si me rindo. El rey pensaba que si se rendía sería antipatriótico y se ganaría el desprecio de su nación y la tortura de las personas.

Jeremías lo exhortó a obedecer al Señor porque si lo hacía los judíos no le harían daño, pero si no. Las mujeres del palacio le recriminarían y le dirían “tus amigos te traicionaron, eso te pasa por confiar en ellos”, su familia caería y ni él lograría escapar.

Al oír esto Sedequías lo amenazó de no decir nada a los cortesano de lo que habían hablado porque si no lo metería de nuevo a la cárcel. Más temió a lo que pudieran decirle o hacerle “sus amigos”.

Esta triste historia nos presenta a los indecisos, a los que temen al qué dirán de los amigos si hacen aquello que Dios les demanda que es arrepentirse y seguirle para poder escapar de la ira divina. ¿Sus amigos lo verán como un traicionero acaso?

Esta historia me recuerdo aquella de Pilatos el hombre que por la presión del pueblo mandó a matar a un inocente, a su salvador. La convicción de la justicia del personaje no fue suficiente, prefirió la paz temporal, pensó que al lavar sus manos no sería responsable de la decisión. Pero nosotros estamos decidiendo ya al no tomar una determinación porque el tiempo pasa, y nuestra indiferencia se hace complice de nuestra propia destrucción.

Es irónico que el temor que el rey tenía no le vendría si confiaba en Dios pero que aquellos en quienes confiaba y de quienes temía le llevarían a la ruina, y sus esposas se lo echarían en cara. El remordimiento estaría sobre él el resto de su desdichada vida por no haber hecho enojar a unos cuantos, por no querer ganarse algunos enemigos, por no obedecer a Dios. Mahatma Ghandi dijo alguna vez “los cobardes mueren muchas veces antes de morir”. Es triste ver que el cobarde sufre pero eso no implica que la responsabilidad se quite de nuestros hombres. Quizá ahora no somos responsables de una nación, pero sí quizá de nuestra familia o de nuestra iglesia o si no de nuestras propias vidas. No dejes que nadie tome la decisión por ti. Si has creído obedece y no mires atrás, si lo haces así como Dios le dijo a Sedequías él te protegerá de aquello que temes que te pueda pasar.