Mateo 5:1-13 La felicidad es lo que más desea el ser humano en el mundo y Jesús comenzó su más celebre sermón mostrando a sus discípulos como ellos pueden tenerlo aún viviendo en este mundo de injusticias, maldad y dolor. Jesús comenzó a predicar el sermón más conocido y extraordinario de la historia desde un monte en Galilea en el que cientos de personas se reunieron a su alrededor para oír su enseñanza. Su enseñanza fue tan asombrosa que el pueblo lo conoció como un maestro y como una persona de autoridad.

Las bienaventuranzas de Jesús no son únicas en su forma ya que en la Biblia podemos encontrar varios pasajes en el libro de Salmos y Apocalipsis donde se formulan diversas razones por las que a los ojos de Dios el pueblo que le obedece es dichoso o feliz. Las bienaventuranzas son una forma de promesa y la manera en que Dios ve las cosas según su perspectiva y no según los hombres. Jesús pareciera hablar en paradojas, es decir, en aparentes contradicciones contrastando la felicidad según la gente de la época o el mundo y según lo ve con los lentes del reino venidero que pronto ha de manifestarse. Veamos cada una y descubramos que estas son más que un código moral son una forma de vida para la gente que entraría en la nueva dispensación:

  1. Mat 5:3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

La primera bienaventuranza es para aquellos que son pobres en espíritu. La paradoja está en que pareciera que las personas que lo tienen todo son las que deberían estar felices. Esto es lo que el mundo nos dice, pero la realidad es que para las cosas de Dios el hombre es pobre, ciego y desventurado (Ap. 3:18) cuando no le tiene. La pobreza de espíritu no tiene que ver con la condición económica aunque muchos pobres en lo material son ricos en fe (Stg. 2:5) y para los ricos es difícil entrar al reino por la autosuficiencia y el orgullo.

La promesa es que los que son pobres en espíritu tienen como pertenencia el reino de los cielos. El hombre que reconoce su miseria espiritual recibe el reino como un regalo porque no tiene en él justicia alguna para poder entrar en él. Dios da gracia a los humildes y sus preferidos son los niños, de los que son como ellos es el reino. Esto tiene que ver con una actitud de abrir el corazón en una necesidad honesta por reconocer lo que en verdad somos pero encontrar las riquezas de su gracia y amor y llenarnos de ella.

2. Mat 5:4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

Todo mundo ha llorado alguna vez y las razones pueden ser diversas. Algunos por la desgracia de la muerte, de la enfermedad, del divorcio o por injusticias de este mundo; otros porque están sufriendo la consecuencia de sus propios errores. Esta expresión es paradójica porque la gente creería que quienes ríen ahora, que quienes están de fiesta en fiesta, que quienes se alegran porque parece que todo les sale bien son los dichosos.

Sin embargo, lo que la manifestación del reino nos dice es que habrá un día de juicio y de retribución. Según el orden actual el cual es de maldición las pérdidas terrenales solo producen desesperanza y aflicción pero la venida del reino nos dice que Dios dará consuelo. Él limpiará las lagrimas de los que lloran y les llenará el corazón de dicha para siempre. Es por eso que quien ahora tiene dolor en su ser aún con todo tiene dicha en lo profundo del alma recordando la promesa que la tristeza se convertirá en baile y el manto de luto en óleo de alegría.

3. Mat 5:5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Una de las cosas que Jesús nos dijo que debíamos aprender de él es su mansedumbre y humildad (Mt. 11:29). La mansedumbre no tiene que ver con ser débil sino en la fortaleza bajo control. El mundo antiguo e igual el moderno se vive sometida al poder de los violentos, de los que someten a la fuerza a las poblaciones, de los que se aprovechan de los débiles o conquistan para aprovecharse. Pareciera que ellos tienen la felicidad.

Jesús no nos dice que nosotros debemos pelear para ganarnos el mundo por la fuerza. Nos muestra que el camino de la mansedumbre delante de él, que implica la sujeción a su voluntad en medio de los modelos mundanos al final nos llevará a obtener los tronos de la tierra. Cuando obedecemos su palabra somos más fuertes que los políticos influyentes, que los carteles, que los poderosos empresarios. Nos debe dar dicha que el cordero venció y se sentó a la diestra del Padre como recompensa de su fidelidad, y si nosotros vivimos como corderos también reinaremos.

4. Mat 5:6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

La justicia consiste en dar a cada quien lo que merece. En este mundo no hay justicia plena y lo vemos a diario. Juan dice que toda injusticia es pecado (1 Jn. 5:17), esto significa que nosotros fallamos a ser justos ante Dios y si él nos diera lo que cada uno merece nadie le alcanzaría para ser salvo. Por tanto Dios tiene que justificar al hombre y lo hace por medio de la fe en Jesús quien hizo un pago justo por los pecados humanos (Ro. 5:1). Jesús enseñó que con la medida con que juzguemos se nos volverá a medir. Por tanto, es injusto e hipócrita desear que se aplique justicia para el mundo, para los demás pero no para nosotros. Como Dios es justo tendrá que aplicar sus leyes también para con nosotros pero si amamos la justicia nos apegaremos a ella, buscaremos el perdón, nos apegaremos a las leyes divinas.

El mundo clama por justicia pero la saciedad les llegará no a quienes la demandan superficialmente sino a quienes se revisten de ella por medio de Jesús. Habrá una justicia final porque el juez supremo se sentará en su trono de gloria y juzgará con verdad las acciones e intenciones de la humanidad. Por tanto, ni el pecado, ni la maldad ni la ira que esta causa nos deben causar infelicidad porque al final Dios dará el merecido a cada quien.

5. Mat 5:7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Ligado a la justicia está el valor de la misericordia, son como las dos alas de un ave. No podemos solo desear justicia sino practicar misericordia para con los demás así como la queremos para con nosotros. Estos son dos valores que se complementan y se hacen contrapeso. El mundo venidero traerá justicia y consolación no obstante en el día a día el dolor necesita de gente compasiva que se hagan parte identificable de este nuevo reino. Debemos ser agentes de misericordia para parecernos a Dios pero más que nada según nos dice esta bienaventuranza para que podamos alcanzar misericordia de parte de Dios. Vivimos en un mundo egoísta y cruel pero aquellos que piensan en los demás tendrán quien piense en él cuando este lo necesite.

La salvación del hombre no es por las obras de este sino por la misericordia de Dios hacia él. El ser humano como receptor de la gracia también debe darla a su prójimo, debe perdonar como él lo ha sido. Cerrar el corazón a los demás es cerrarla a sí mismo, pero quien actúa con misericordia Dios promete que esta no le faltará el día del juicio.

6. Mat 5:8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Esta bienaventuranza tal vez no la entiendan aquellos que no le conocen y que por tanto no desean ver a Dios. Dirán algunos, ¿por qué ver a Dios si puedes vivir sin él, si puedes vivir lejos? Pero por decir un poco, si es hermoso el sol, la luna, las estrellas y el mar; más lo es quien lo hizo todo. La belleza de Dios es infinita en amor, en bondad, en misericordia, en justicia y santidad…

La visión del hombre está empañada por las cosas temporales y en su mayoría materiales que lo atrapan en la codicia y lo asfixian con placeres y falso sentido de seguridad. Pero esta ceguera nos viene de un corazón sucio, un corazón que no late por lo que debe y que necesita ser limpiado de la vano y de lo malo. El hombre hoy vive bajo una falsa felicidad cuando lo encuentra en la ilusión de lo que no es Dios, pero quien limpia su corazón verá a su creador, al ser más bello, más grande, más digno, la verdadera razón de vivir por siempre. ¿Si en el cielo tuviéramos el reino pero no tuvieramos al rey sería eso acaso dicha?

7. Mat 5:9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Nota que Jesús no habla de los pacíficos sino de los pacificadores, de los que trabajan para traer la paz. Isaías dice que son hermosos los pies de los que anuncian la paz. La primera relación que el ser humano necesita restablecer es la que ha sido rota para con su creador y luego la de su prójimo. El mundo está quebrado por el odio, por el resentimiento, por los malos entendidos, por la culpa y necesita de agentes que obren en favor del restablecimiento de las buenas relaciones. Quienes hacen esto serán llamados hijos de Dios.

Las bienaventuranzas anteriores parecieran actitudes pasivas y receptivas pero esta y la que siguen nos hablan de la labor del creyente en el mundo como agentes de cambio. La dicha de ser llamados hijos de Dios está en que el ser humano busca identidad y esta no está en tener derechos sin obligaciones, sino en parecerse al padre de los espíritus pues él vino a reconciliar. ¿A quiénes dirá venid benditos de mi Padre? a los que visitan al enfermo, a los que cubren al desnudo, a los que ayudan al perdido a hallar el camino. Esta es la dicha de ser llamado hijo y no un extraño o un extranjero.

8. Mat 5:10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Mat 5:11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Mat 5:12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Si hacemos el bien normalmente nos irá bien Esta es la bienaventuranza más larga y es la que más promesas contiene. El hacer el bien, el practicar la justicia y el confesar a Cristo es una lucha ofensiva contra el reino de las tinieblas, y contra todos los subditos del maligno. Se lucha contra corriente y se da bien y muchas veces se recibe como pago el mal. ¿Entonces qué? somos tentados a callar, a ocultar, a quedarnos encerrados, a no enfrentarnos con la  verdad, a avergonzarnos y a negar la fe. Pero Cristo nos asegura el reino si somos perseguidos y vituperados. Estamos del lado de los profetas antiguos cuando lo que nos ganamos es la oposición del mundo pero esto debe ser alegría para el discípulo, no de tristeza ni de temor.

Conclusión

Cristo sabe que este mundo es duro y malo pero él nos ha dado el secreto para vencerlo, no escapando, ni ocultando el rostro sino enfrentando con fe y esperanza en nuestro Dios. Jesús nos muestra una serie de actitudes y valores que el discípulo debe vivir en integridad para que su felicidad sea completa. Podemos ser felices en el mundo siendo ciudadanos fieles del reino venidero y presente ya en espíritu siguiendo el ejemplo de nuestro maestro.