Si bien todos los pecados son mortales en el sentido que llevan a la condenación si no son expiados por la sangre de Cristo, existe una categoría de pecados a los que los creyentes están expuestos y que debemos evitar a los que Juan llama pecados mortales o que llevan a la muerte. El pasaje en cuestión dice:

1 Jn. 5:16-17 Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte.

La dificultad es que la muerte puede tener un significado físico, espiritual o eterno (el lago de fuego). ¿Hay pecados que puedan llevar al creyente a la muerte física, a la muerte espiritual y a la muerte eterna? Consideraremos solo las primeras dos pues la última es el resultado de la segunda.

I. Pecados que llevan a la muerte física

En el Antiguo Testamento según la ley de Moisés habían ciertos pecados que debían ser castigados con la muerte física por la justicia civil, tales como adulterio, homicidio, hechicería, idolatría, blasfemia, etc. Pero hay que decir que no siempre se llevaba a cabo este castigo, como fue el caso de David que cometió adulterio y fue perdonado. Por otro lado hay innumerables veces en que Dios castigó a personas o al pueblo de Israel por el pecado. El envió el diluvio en tiempos de Noé, sobre Sodoma y Gomorra, sobre Er, sobre los primogénitos, sobre los rebeldes israelitas en el desierto por fornicación, idolatría y codicia; etc…

En el Nuevo Testamento no tenemos ordenada ejecutar una disciplina que lleve a la muerte física directamente pero según 1 Co. 5 la iglesia puede expulsar a uno de sus miembros entregándolo a Satanás. Pablo exhorta a los hermanos a expulsar a un “hermano” de la iglesia que vivía con su madrastra y les dice en 1Co 5:5 “el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”. Este pasaje es de interés en el sentido de que cuando una iglesia expulsa a alguien se está quitando de sobre él la cobertura espiritual de Cristo que lo proteje del maligno y se le expone al daño que este quiera hacerle. Pablo dice que él entregó a Satanás a Himeneo y Fileto para que aprendieran a no blasfemar. Por tanto el fin de esto era lograr un aprendizaje y una corrección en las personas. Cuando una persona peca la orden de Cristo es exhortar a la persona buscando su arrepentimiento y si no hace caso hay que tomar a dos o tres testigos, y si no hay que decirlo a la iglesia y si no se arrepiente tenerle por gentil o publicano (Mt. 18:13- 18). Esto último implica no relacionarnos con él o llevarlo a la expulsión (1 Co. 5:9-13).

Algunos ejemplos de juicio directo que llevan a la muerte física podemos verlo en 1 Co. 11 donde Pablo dice que por no dicernir el cuerpo de Cristo había en la iglesia 1Co 11:30,31 “… muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen… mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.” También tenemos la muerte de Ananías y Safira (Hch. 5:1-11) quienes trataron de engañar al Espíritu Santo y la amenaza del Señor a “Jezabel” de echarla a ella y a quienes fornicaban con ella en cama si no se arrepentían, así como de herir a sus hijos de muerte (Ap. 2:21-23).

Pero tenemos el caso de hermanos que podían estar enfermos por algún pecado no confesado sin estar necesariamente expulsados, esto es, porque posiblemente se trataba de un pecado no manifiesto.

Stg 5:14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Stg 5:15 Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Stg 5:16 Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.

Santiago dice que por la oración de fe el enfermo será salvo de la aflicción y posiblemente de morir. Lo interesante viene cuando nos habla de que si hubiera cometido pecados le serán perdonados. La pregunta es ¿será perdonado de inmediato por la oración de sanidad o por la confesión que se menciona en el versículo siguiente?  Jesús no negó que hubieran casos de enfermedades que hubieran sido producidas por el pecado, más bien cuando sanó al paralítico lo primero que hizo fue tratar con su situación espiritual perdonándole y le dijo “no peques más, para que no te venga alguna cosa peor” (Jn. 5:14). En su caso él conocía el corazón del paralítico y le ofreció perdón pero nosotros no lo sabemos por eso creo que es importante la confesión. Los ancianos no conocen el corazón de las personas y por tanto no podemos pedir que ese pecado sea perdonado y la persona sea sanada si no hay confesión (tampoco deberíamos ir con la suposición de que lo hay). Cuando Santiago dice “la oración eficaz del justo puede mucho”, nos está diciendo que no es la oración del pecador que traerá la sanidad sino la del creyente que está en santidad.

Pero otro caso lo vemos en Simón (el mago) que fue bautizado por Felipe y cuando vió que los apóstoles al imponer sus manos el Espíritu venía sobre ellos, les ofreció dinero para tener esta potestad. Pedro le dijo “tu dinero perezca contigo” (Hch. 8:20), en otras palabras “¡vete al infierno con todo y tu dinero!” (TLA). Pedro le dijo, “arrepiéntete y ruega a Dios por si quizá te sea perdonado el haber pensado así”. Notemos que Simón estaba ante el peligro de un posible pecado de muerte pero quizá tendría perdón. Luego Simón pidió “oren por mí para que no me pase nada”, es decir, Simón entendió que debido a este pecado podía recibir juicio de Dios y pidió la oración de los apóstoles. No se nos dice si los apóstoles oraron por él.

¿Qué caracteriza estos pecados cometidos por estas personas que fueron juzgadas con una muerte o enfermedad física? 

  • Son pecados reiterados y llevados a cabo en rebeldía.
  • son graves pecados hechos con conocimiento y orgullo e ignorando el llamado al arrepentimiento.

Interpretación: Visto de este modo 1 Jn. 5:16,17 nos dice que oremos por los cristianos que pecan pero no llegan al grado de expulsión porque se arrepentirán pero que no lo hagamos si por dureza de corazón llegan a una expulsión (lo cual es raro actualmente pues es más común dejar que se vaya de la iglesia sola) dando muestras de ser gentiles o publicanos y posiblemente llegan a tener padecimientos físicos o enfermedades pero si en ese estado se confiesan y se arrepienten, podemos orar por ellos y serán restaurados (2 Co. 2:1-11).

II. Pecados que llevan a la muerte espiritual

Jesús dijo a los fariseos que ellos morirían en sus pecados porque no creían en él (Jn. 8:21,24) y Ef. 2:1 nos dice que Dios nos dió vida cuando estabamos muertos en delitos y pecados. Aquí hay una división entre los creyentes que creen que la salvación se pierde (arminianos) y los que dicen que no (calvinistas). Los que creen que la salvación no se pierde dicen que quienes se van es porque simplemente no eran de nosotros (1 Jn. 2:19), que nunca fueron creyentes como fue el caso de los anticristos que negaban que Jesús vino en carne (1 Jn. 2). Los que creen que si se puede perder dirían que hay quienes vuelven como perro a su vómito (2 P. 2:22).

Aún los pasajes que vimos en 1 Co. 5:5 y 11:31 que nos hablan de la expulsión del fornicario para la destrucción de la carne “a fin de que sea salvo en el día del Señor” y el juicio sobre los corintios que el Señor hizo “para que no seamos condenados con el mundo” los calvinistas lo interpretarían como que la salvación no se pierde sino que solo son actos disciplinarios. Otra interpretación (arminiana) del primer pasaje es que Pablo está diciendo que el juicio llevará a estas personas al arrepentimiento y a sí se salvará el día del Señor, y del segundo pasaje (como dice DHH) “si el Señor nos castiga es para que aprendamos y no seamos condenados con los que son del mundo”.

Sabemos que Juan usa la palabra vida (zoe) para referirse a la vida que Dios da, a la vida eterna. Juan nos habla de dos estados en que puede estar el ser humano y nos dice cómo podemos saber en cuál estamos:

1Jn 3:14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. 1Jn 3:15 Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

Pensemos en la lógica del pasaje.

  1. Un creyente tiene vida y esta se demuestra en el amor
  2. el que no ama permanece en muerte, este es un no cristiano.
  3. El odio hacia el hermano es como el homicidio y quienes cometen este pecado no tienen vida permanente en ellos. Se refiere a que o bien un cristiano pierde la vida eterna o que la vida eterna no reposa en ellos.

Independientemente si somos calvinistas o arminianos entendemos que los creyentes que niegan a Cristo (anticristos) y los que odian a su hermano no tienen vida eterna (pecados contra la verdad y el amor, no se puede tener vida eterna sin creer la verdad sobre Cristo y por tanto no se puede dar el fruto del amor genuino), ya sea porque nunca la tuvieron como dicen los primeros o porque la perdieron como dicen los segundos. El punto es que no tenemos la certeza de que pedir perdón por ellos serán perdonados pero sí por los creyentes que aunque pecan (1 Jn. 1:7-10) se confiesan y piden perdón (1 Jn. 2:1-2).

Pero, ¿por qué no deberíamos pedir por un cristiano caído? En Jua 17:9 Jesús dijo “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,” y pidió que los guardara del mal (o del maligno) (Jn. 17:15), pero no por Judas en quien entró Satanás y le llevó a pecar y a quitarse la vida. Por Pedro, quien le negaría, Jesús oró que no le faltara la fe (Lc. 22:32), y aunque le negó luego fue restaurado pues Jesús sabía quienes habían creído.

¿Cómo reconocemos un pecado que lleve a la muerte espiritual?

Juan nos da dos ejemplos, gente que niega al Padre y al Hijo, y gente que odia a su hermano y está en tinieblas; pero no son los únicos casos. Juan nos dice que un cristiano no peca (1 Jn. 3:6), es decir, no se deleita en el pecado ni vive una vida disoluta en él. Una cosa es el pecado ocasional otra es la costumbre y la práctica del mismo. Creo que ahí entra la advertencia de 1 Co. 6:9-10 donde dice que no nos dejemos engañar porque los fornicarios, idólatras, afeminados, ladrones,…, no tendran parte en el reino de los cielos.

Otros pasajes del N.T. dicen que no solo debemos orar por los que pecan sino que cuando vemos a un cristiano que ha pecado debemos restaurarle con espíritu de mansedumbre (Gá. 6:1), quiere decir, ayudarle a entrar al camino recto de nuevo. Stg. 5:19, 20 nos habla de hacerlo volver para salvar de muerte su alma y cubrir multitud de pecados. El asunto está que quienes están cometiendo pecados que llevan a su muerte espiritual no querrán arrepentirse y ahí veremos su verdadera naturaleza.

Conclusión:

La enfermedad en alguien que peca puede ser el resultado del pecado que le está llevando hacia la muerte física y espiritual pero Dios aún trata de corregirlo y volverlo al camino. No obstante la responsabilidad del arrepentimiento recae sobre él mismo.

Podemos decir que el pecado que lleva a la muerte no es el pecado imperdonable (la blasfemia contra el Espíritu) pero sí conduce hacia ello en tanto que la persona da muestras de endurecimiento, de necedad y de cerrar sus oídos a Dios y a la iglesia.

Cuando Juan escribe esto es para alentarnos a orar por los que han pecado con la convicción que Dios los restaurará. Sin embargo, el no orar por aquellos que han rechazado al Señor y le están dando la espalda deliberadamente no significa que ellos no tengan ninguna esperanza. Aún a Israel por quien Dios le dijo a Jeremías que no orara (Jer. 7:16) el Señor no dejó de llamar a través de él hasta el último día, sin embargo su dureza les llevó a su destrucción, aún el faraón fue advertido hasta que llegó la décima plaga y cuando esta vino ya no hubo más esperanza.