El rey Nabucodonosor de Babilonia sitió la ciudad de Jerusalén con todo su ejército en el año noveno (diciembre de 589 a. C. o 588) del reinado de Sedequías en Judá hasta su caída en el mes cuarto del año 11 (julio de 587 a.C. o 586). El sitio de la ciudad consistía en la colocación del ejército fuera de la ciudad con el propósito de lograr que los alimentos de la se terminaran y estos se rindieran o murieran de hambre, o hasta que estos lograran encontrar una manera de penetrar las murallas.  El 18 de julio de 586 a.C. los babilonios abrieron brecha en una parte del muro y entraron todos sus príncipes y acamparon en la puerta de en medio.

Juicio al rey Sedequías

Al ver Sedequías su derrota intentó huir en la noche por el camino del huerto del rey pero el ejército lo alcanzó y lo llevaron hasta Ribla en tierra de Hamat (cerca de Siria) donde se encontraba Nabucodonosor. El rey degolló a los hijos de Sedequías y a sus nobles en presencia del rey de Judá. Le sacó los ojos a Sedequías y se lo llevó con grillos a Babilonia.

Destrucción de Jerusalén y destino de los judíos

El ejército babilonio quemaron la casa del rey, las casas del pueblo y derribaron las murallas de la ciudad.

Los que habían quedado vivos y aquellos que se habían pasado a los babilonios fueron llevados cautivos a Babilonia.

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A los pobres del pobre se los dejó en Jerusalén y se les dió viñas y tierras.

Salvación de Jeremías y Ebed melec

Tal y como Dios había prometido a Jeremías todo lo que anunció se cumplió pero él fue protegido por orden de Nabucodonosor quien había ordenado a Nabuzaradán, capitán de la guardia, cuidarle y hacer con él como él dijere. Algunos príncipes babilonios fueron al patio de la cárcel donde Jeremías había estado prisionero y lo entregaron a Gedalías quien fue dejado como gobernante de la ciudad y vivió entre el pueblo que quedó.

Antes de la caída Jeremías había dado a Ebed melec una palabra de Dios, quien había abogado por él para sacarlo de la cisterna donde lo habían metido algunos príncipes judíos. Dios le dijo que por haber confiado en su palabra sería librado de sus enemigos y salvaría su vida.

Lo que significó un terrible juicio para unos fue salvación para otros. Algo similar sucederá el día de la venida de Cristo. ¿Confiarás en Jesús para ser salvo de este día de ira?

2Ts 1:6,7 Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo;