Mt. 5:13-16 Discípulos: sal y luz del mundo. Como una consecuencia del discurso que Jesús estaba pronunciando en la montaña sobre las bienaventuranzas en el que hace mención sobre la actuación de los hijos de Dios en el mundo: gente que procura la justicia, pacificadores, llenos de misericordia y dispuestos a sufrir persecusión por la justicia y la verdad; Jesús menciona que sus seguidores son sal y luz para el mundo. La persona que pertenece a su reino ha experimentado una transformación de vida, de sus valores y propósitos que lo han vuelto hacia Dios y lo hacen distinguirse en el mundo que le rodea.

Sal de la tierra

Mat 5:13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

Es conocido que en el tiempo de Cristo la sal era algo muy valioso, tanto que a los soldados romanos se les daba un “salario”, un pago con sal. La sal como sabemos sirve para dar sabor a los alimentos y que estos no estén deshabridos. También servía para preservación de algunos alimentos ya que no se contaba con los modernos refrigeradores para conservar la carne y otros productos. En el Antiguo Testamento, además, la sal servía para ciertos sacrificios que se presentaban al Señor (Lv. 2:13, Nm. 18:19). Por lo anterior, la sal era algo indispensable para la gente de la época. En aquella época también, la sal en trozos se colocaba como piso en los hornos para aumentar rápidamente su calor, y se mezclaba con estiércol para fabricar combustible. También servía como abono para las plantas.

Cuando la sal era impura, como era frecuente en aquella época porque no se tenía la tecnología moderna para purificarla, perdía el sabor y era desechada y arrojada a la tierra y pisoteada por las personas.

Jesús dice que por sí misma, en su estado puro la iglesia puede ser de mucha utilidad y bendición para el mundo pero si pierde el sabor y se hace insípida, no puede recuperar el sabor y se hace inservible y desechable. Por tanto quería Cristo decirnos que para que podamos influir en el mundo con el sabor del evangelio debemos procurar la pureza y la santidad, no diluirnos con los valores mundanos, no comprometer nuestros principios, no mancharnos con el pecado.

La luz del mundo

Mat 5:14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Mat 5:15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Mat 5:16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Obviamente que la función de la luz es iluminar en la oscuridad, ya sea como la luz que emana desde una ciudad en un monte y se deja ver en la noche o como la luz de un candelero en una casa. Jesús identifica la luz de sus discípulos con sus buenas obras.

Jesús compara a la iglesia como una ciudad asentada sobre un monte que no se puede esconder. Normalmente las ciudades se han asentado sobre los valles y no en las montañas, sin embargo, Jerusalén, que era la ciudad del gran Rey fue edificada sobre el monte Sión. La gente al venir desde las ciudades aledañas de visita por la noche podían ver desde lejos este panorama y dejarse guiar por ella. Era prácticamente imposible que esta luz fuese ocultada. Su posición la hacía muy visible.

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Vista panorámica de la ciudad de México desde las montañas de la delegación Milpa Alta

Jesús también enseñó que nadie enciende una lámpara y la pone bajo un almud, un recipiente que en su tiempo se usaba para medir granos. Antes bien, se pone en lo alto para que alumbre a los que están en casa. En el tiempo moderno que usamos focos y lámparas seguimos poniéndolas en el techo o en un lugar que pueda lograr una mejor iluminación.

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En ambas comparaciones Jesús habla de poner en alto la luz y de no ocultarla sino mostrarlas porque esto disipará las tinieblas, guiará a las personas y es lo que la gente necesita.

Jesús dice que así debe alumbrar nuestra luz ante los hombres para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a Dios el Padre. Jesús dice que los discípulos son personas que hacen por naturaleza el bien pero que normalmente sentimos temor o timidez y solemos esconder nuestras buenas acciones ante el mundo que necesita ver algo diferente. A veces por temor a no ser diferentes la iglesia se ha conformado por ser uno más y no distinguirse en su estilo de vida, en sus valores, en su fe, en su esperanza y en su amor, en sus acciones, etc.

En pocas palabras Jesús nos dice que seamos lo que somos y manifestemos lo que somos porque el mundo nos necesita y si no lo somos, somos inservibles…

Flp 2:15 … En este mundo lleno de gente malvada y pecadora, ustedes, como hijos de Dios, deben alejarse de la maldad y brillar por su buen comportamiento. (TLA)