Algunas personas consideran erróneamente que el hecho de que la mayoría de las iglesias católicas y evangélias realicen sus servicios de adoración el día domingo proviene de Constantino I el grande quien en el año 321 promulgó una ley de descanso obligatorio ese día para todo el imperio. No es así en primer lugar porque esta ley no privilegió a la iglesia católica en especial pero sí a la religión imperial que celebraba el día del sol invicto. No obstante conforme la iglesia católica fue adquiriendo poder estableció que la adoración del día shabat se transfiriera al domingo en el concilio de Trento (s. XVI). Tras la revolución francesa (1789) el domingo quedó como una norma en el derecho laboral como día de descanso y de ahí en casi todas las legislaciones.

No obstante al leer el Nuevo Testamento no encontramos una orden al estilo del Antiguo Testamento en que se establezca un día de descanso el primer día de la semana ni tampoco se enseña que esté sustituyendo el sábado judío. Lo que encontramos en los primeros años del cristianismo es la costumbre de reunirse el domingo en conmemoración de la resurrección de Jesús con una cierta armonía con varios grupos que a la vez guardaban el día sábado. Pero al principio el día domingo no era un día de descanso sino que las personas que podían asistir a las reuniones ese día lo hacían siguiendo esta tradición de la iglesia primitiva.

La Biblia y la historia de los primeros siglos dan cuenta de esta costumbre cristiana. Jesús resucitó el primer día de la semana (Lc. 24.1), domingo, por cierto, llamado así por ser el deis dominicus, día del Señor, pues ese día fue declarado Hijo de Dios con poder por la resurrección (Ro. 1:4). Los cristianos se reunían para compartir el pan el domingo, comenzando con los discípulos en camino a Emaús (Lc. 24:30,31) cuando el Señor se les reveló partiendo el pan. El día domingo de resurrección le confesaron Señor y Dios (Jn. 20:28), le adoraron, declaró su autoridad sobre todo y les dio la gran comisión (Mt. 28:17-20). A partir de ahí Hch 20:7 dice “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba,” luego ordena recoger la ofrenda cada domingo 1Co 16:2 “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo,” pues ese era un día de reunión aún en las iglesias gentiles.

Así Juan en el año 90-95 d.C. escribió “yo estaba en el Espíritu el día del Señor” Ap. 1:9. Se ha discutido si Juan usó “el día del Señor” para referirse al día de la venida de Cristo y de su juicio o el día domingo. No obstante varios escritos nos muestran que así era conocido el domingo. La Didaché, el escrito cristiano más primitivo que existe (entre el 75 y 80 d.C.) dice: “Reúnanse el día del Señor, partan el Pan y celebren la acción de gracias”

Ignacio de Antioquía, quien fue ordenado obispo por el mismo Juan el apóstol, en el año 110 escribió:

Si los que se habían criado en el antiguo orden de cosas vinieron a una nueva esperanza, no guardando ya el sábado, sino viviendo según el día del Señor(Domingo), día en el que surgió nuestra vida por medio de él y de su muerte. Carta a los magnesios, 9, 1

Justino Mártir, vivió entre los años 100 y 164, en su primera apología escrita, en el capítulo 67 dice:

El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo. Celebramos esta reunión general el día del sol, por ser el día primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo, y el día también en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos; pues es de saber que le crucificaron el día antes del día de Saturno, y al siguiente al día de Saturno, que es el día del sol, se apareció a sus apóstoles (cf. Mt28,9) y discípulos, enseñándoles estas mismas doctrinas que nosotros les exponemos para su examen. San Justino, Apología, 1, 69

En su misma Apología también escribió:

 “El día que se llama “del sol” se celebra una reunión de todos los que moran en las ciudades o en los campos; y allí se leen, en cuanto el tiempo lo permite, los recuerdos de los apóstoles o los escritos de los profetas. Luego, cuando el lector termina, el presidente, de palabra, hace una exhortación e invitación a que imitemos estos bellos ejemplos. Seguidamente nos levantamos todos a uno y elevamos nuestras preces; y terminadas éstas, se ofrece el pan y el vino…” .

Orígenes en el año 225 escribió: “Si se nos opone, que estamos acostumbrados a observar ciertos días, como por ejemplo, el día del Señor, primero de la semana”

La celebración del día domingo por los cristianos tiene importancia por el hecho de la resurrección porque esta es primicia de los que durmieron primicia (1 Co. 15:20) y el principio de una nueva creación. Aunque el domingo no sustituye al sábado podemos comparar el sentido de teológico de ambos. El shabat celebraba la primera creación y el descanso de Dios el séptimo día pero el primer día de vida de Adán, el domingo de resurrección celebra el principio de la nueva creación y anuncia el día de nuestra resurrección y el nuevo descanso de Dios así como un nuevo descanso de Dios en el primer día del postrer Adán (1 Co. 15:45). Hablamos de un nuevo descanso porque debido al pecado de Adán entró al mundo una era de pecado y muerte y Dios trabajó poniendo las bases para volver a traer vida al hombre al generar una nueva creación. Adán y sus descendientes cayeron esclavos del pecado, de Satanás y de la muerte; y Cristo vino a hacerlo descansar de ello. Por ello el domingo de resurrección es importante como señal del principio del fin del yugo de pecado y muerte. Ese día domingo Cristo sopló su Espíritu y vida sobre sus discípulos (Jn. 20:22) tal como Dios sopló sobre el polvo de Adán para hacerlo alma viviente. El salmista anunció el día de la salvación, Sal 118:24 Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él.

Por lo anterior aunque el domingo no tiene la obligatoreidad del shabat en el A.T. (ni tampoco este en el N.T,) ni tampoco le sustituye, constituye un día de celebración especial y festivo para los cristianos desde los primeros tiempos.

Adoremos a quien nos dio esperanza, 1Pe 1:3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,