Mt. 5:21-25: Vivimos en tiempos violentos y peligrosos en que se nos enseña a dar rienda suelta a nuestras emociones y a expresarnos de los demás en forma ofensiva sin ningún sentido de culpa. Esto no es algo moderno, pues los antiguos judíos liderados por los fariseos consideraban que no había problema en ello mientras no se llegara a matar a la persona. Lo cierto es que la ira y los insultos que proceden de ella lastiman a otros de forma verbal o sicológica y son malas y peligrosas como el cometer asesinato porque estamos tratando con seres hechos a imagen de Dios.

Lo que la ley enseñaba

La gente en los tiempos de Jesús sabía que cometer asesinato estaba mal y era un pecado castigado (Mt. 5:21, Ex. 20:13).  Cualquiera que matare con premeditación sería culpable de juicio, esto significa que sería culpable ante los jueces instituidos por Dios y la condena consistía en pena de muerte (Lv. 24:17), porque la vida humana es santa pues el hombre es hecho a imagen de Dios (Gn. 9:6). Por tanto, la gente tenía temor de quebrantar este mandato por no enfrentarse a las autoridades, sin embargo…

Lo que Jesús enseñó

Jesús como dador de la ley fue más allá:

pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. (Mt. 5:22)

Aquí vemos tres situaciones que llevan al hombre a la culpabilidad ante la ley de Dios, veamos:

a. El que se enoja con su hermano será culpable de juicio: Como veremos poco a poco al analizar el sermón del monte Jesús no habla en términos absolutos sino menciona ciertas situaciones. En este caso, no todo enojo es pecaminoso, pues Jesús mismo se enojó y fue sin pecado y Pablo enseñó “airaos, pero no pequéis” y “que el enojo no les dure todo el día” (Ef. 4:26), por tanto se refiere al enojo que se condena es el que lleva al resentimiento y al odio y a otros tipos de pecados. Si interpretamos el juicio aquí por el mismo juicio del versículo anterior estaría hablando del tribunal.

b. El que le diga necio al hermano será culpable ante el concilio: De nuevo, decir necio no es pecado siempre puesto que Jesús usó esta palabra para llamar a los fariseos y fue sin culpa. La palabra necio usada aquí es “raca”, que tiene la connotación de estúpidez o inutilidad y tiene la intención de insultar a la persona denigrándola. Por tanto, Jesús se refiere aquí no solo a llamar necio al hermano sino cualquier tipo de insulto que tenga por fin ofender al prójimo. Jesús dice que dicha persona será culpable ante el concilio o sanedrín, el cual era la junta suprema de Israel en asuntos de la impartición de justicia de la ley judía.

c. El que diga fatuo quedará expuesto al fuego del infierno: Jesús dijo que si llamamos “moré”, es decir, cabeza hueca o imbécil, lo cual constituye una injuria grave, era una expresión despectiva más fuerte que raca y se usaba para condenar a los rebeldes, es decir, era una forma de maldición. Jesús dijo que tales personas son reos del infierno o la Gehena. La Gehena (Ge Hinnon, Hijo de Hinóm), era un basurero a las afueras de la ciudad que siempre permanecía ardiendo y donde echaban los cuerpos de los muertos extranjeros y de los malhechores y llegó a convertirse en sinónimo del lugar del juicio final.

Todos nos hemos enojado y hemos en algún momento abierto nuestra boca con la intención de ofender y hasta de maldecir a nuestro prójimo, lo cual nos pone en una posición peligrosa si no resolvemos la situación, porque según la gravedad podríamos enfrentarnos a alguna de estos tipos de juicio. El proverbista nos dice que en vez de dar rienda suelta a nuestras emociones debemos calmarnos. Pro 15:1 La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.

Ante el posible juicio, la solución de Cristo

Mat 5:23-25a Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

Jesús presenta dos situaciones. La primera es del adorador que en el Antiguo Pacto iba al templo llevando una ofrenda por el pecado ante el altar. Los judíos llevaban varios tipos de ofrendas sacrificiales y algunas con el fin de que sus pecados fueran expiados o perdonados por Dios. Pero Jesús dice que si allí la persona se acuerda del hermano que tiene algo contra él, debe dejar allí la ofrenda e ir a reconciliarse con él. En este caso, él es quien ofendió al prójimo y por ello al momento de ofrecer el sacrificio su conciencia le recuerda que el prójimo ha sido lastimado por sus acciones. Jesús enseña que no basta estar bien con él sino que debe buscar la reconciliación con el prójimo. Levítico 5 y 6 nos menciona un tipo de sacrificio llamado ofrenda por la culpa cuyo fin era la restitución o reparación al prójimo. En él se le exigía no solo presentar la ofrenda sino restituir al hermano.

En términos actuales diríamos que cuando estemos pidiendo perdón a Dios y nos acordamos que alguien tiene algo contra nosotros debemos ir a reconciliarnos y volver para que entonces la sangre del cordero sea efectiva en nosotros. De otro modo estaríamos aplicando inadecuadamente la sangre de Cristo en nuestras vidas.

Aquí la reconciliación tiene que ver con llegar a la paz logrando que la relación vuelva a ser restablecida. Para ello se requiere admitir la falta sinceramente y pedir perdón humildemente con la promesa o buena voluntad de no volver a cometer la falta, dar muestras de arrepentimiento y restituir lo dañado.

Es interesante que Jesús presente sus casos para los ofensores y no para los ofendidos y creo que se debe a que muchos de nosotros pensamos que siempre tenemos la razón y los demás son los culpables. Pero es más frecuente que ambos hallamos incurrido en faltas y uno de los dos debe ser el primero en reconocer las ofensas, Dios quiere que seamos los primeros en hacerlo.

Solución inmediata o juicio sin misericordia

La segunda situación que nos presenta es que nos pongamos de acuerdo con el adversario y que lo hagamos pronto.

Mt. 5: 25,26 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

Jesús nos habla de ponernos de acuerdo o como dice Lucas (Lc. 12:58) llegar a un arreglo o acuerdo. El proverbista nos aconseja:

Pro 25:8 No entres apresuradamente en pleito,
No sea que no sepas qué hacer al fin,
Después que tu prójimo te haya avergonzado.

La mayor parte de los problemas podrían solucionarse sin llegar hasta los tribunales si pusieramos la voluntad para llegar a una negociación con las personas a las que hemos ofendido, defraudado o lastimado. Pero si no lo hacemos así enfrentaremos al juez y nos va a salir mucho más cara la multa o la verguenza de ir a la cárcel, pues él aplicará las leyes civiles o penales de la ciudad en contra nuestra sin ningún tipo de compasión.

Jesús quiere que nosotros seamos prudentes, que no dejemos pasar el tiempo, que no nos confiemos, porque en el momento que se empiece a juzgarnos no habrá marcha atrás. Por tanto, tengamos cuidado con la ira y con las palabras que salen de nuestros labios cuando estamos molestos porque aunque no son igual de graves que el asesinato no dejarán de ser penados. Pablo dijo: Rom 12:17,18 “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.” No nos dejemos engañar por la forma suave en que el mundo considera la enemistad y por el orgullo personal que se nos promueve más bien tengamos inteligencia y seamos mansos.