Baruc hijo de Nerías fue el escribano de Jeremías quien escribió el libro del profeta. Fue una persona de cierta influencia en Israel, posiblemente de clase acomodada y también un amigo de Jeremías, un hombre culto, valiente y temeroso de Dios.

El pasaje de Jeremías 45 se retrotrae al cuarto año de Joacin, el cual como nos muestra Jer. 36 fue la fecha en que Jeremías le pidió a Baruc escribir el rollo del libro y leerlo en Jerusalén. Debido a ello fue llevado ante los príncipes y su primer libro fue quemado por el rey.

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Al igual que a Jeremías a Baruc le había tocado sufrir, y su llanto y su lamentación por el rechazo, las amenazas y todo lo que sufría le hacía sentirse muy mal y eso lo reflejaba en su oración. Por ello Dios le dio una profecía personal a través de su amigo el profeta Jeremías, Jer 45:3 “Tú dijiste: ¡Ay de mí ahora! porque ha añadido Jehová tristeza a mi dolor; fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso.” Notemos que Baruc dice que Dios es quien le ha añadido tristeza al dolor que ya tenía porque él es quien le había ordenado escribir ese libro y leerlo ganándose el rechazo de la población y ahora se enfrentaba al peligro de muerte, a la burla del agunos y al menosprecio.

La respuesta de Dios para él fue

Jer 45:4,5 Así le dirás: Ha dicho Jehová: He aquí que yo destruyo a los que edifiqué, y arranco a los que planté, y a toda esta tierra. ¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques; porque he aquí que yo traigo mal sobre toda carne, ha dicho Jehová; pero a ti te daré tu vida por botín en todos los lugares adonde fueres.

En otras palabras, le dice que el tiempo es muy crítico y de juicio. Para Dios no ha sido fácil tomar estas decisiones, su corazón también le dolía al tener que arrancar aquello que había plantado, pero en aras de la justicia y santidad así como por el bien de la nación tenía que destruir a su pueblo para volverlo a construir.

Por tanto Baruc no debe pedir cosas grandes, ni buscarlas, es el tiempo de poner los intereses personales a un lado como Dios mismo lo hace, ¿habrá pedido casas, tierras o una familia? ¿habrá pedido quizá fama o respeto de la gente? no sabemos. La palabra de consuelo, sin embargo, es que aunque pronto vendría mal sobre toda carne, su vida le sería por botín en todos los lugares a donde él fuere. Es decir, Dios le daba una promesa de resguardo como a ningún otro en Jerusalén. Dios lo salvó de la instigación de los príncipes judíos por escribir el libro de Jeremías, luego lo libró de la destrucción de Babilonia y finalmente milagrosamente fue salvado junto con el profeta de los judíos malvados que se lo llevaron a Egipto luego de la muerte del gobernador Guedalías.

A veces Dios dice que nó a nuestras peticiones pero siempre que lo hace tiene sus razones y sabe darnos algo mejor en medio de lo malo. Pablo dice ¿qué hemos de pedir como conviene?, no lo sabemos (Ro. 8:26). A veces como Jesús mismo en el fondo deseamos otra cosa que el tomar de la copa, pero siempre es mejor que se haga su voluntad y no la nuestra. A veces simplemente no es el mejor tiempo para pedir ciertas cosas. No podría estar el pueblo sufriendo y nosotros gozando.

Tampoco hay que pensar que para él no hay recompensa, pero aún él no llegaba a casa. Pablo dice que si somos muertos con él también viviremos con él, si sufrimos también reinaremos con él (2 Ti. 2: 11,12). Pero el hecho de que Dios guarde nuestra vida como garantía no es tampoco cualquier cosa, a muchos profetas y apóstoles no les tocó así sino que tuvieron que rendir su vida en testimonio. Jesús dijo que la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido (Mt. 6:25). Para decirlo en otras palabras, si tenemos vida y salud tenemos mucho ya habiendo tantos que no la tienen y debemos estar agradecidos.

David aún siendo un gran rey, lleno de riquezas y conquistas militares expresó no haber andado en busca de grandezas sino en confianza humilde se depositó en los brazos de Dios como un niño.

Sal 131:1 SEÑOR, mi corazón no es orgulloso, ni son altivos mis ojos; no busco grandezas desmedidas, ni proezas que excedan a mis fuerzas.
Sal 131:2 Todo lo contrario: he calmado y aquietado mis ansias. Soy como un niño recién amamantado en el regazo de su madre. ¡Mi alma es como un niño recién amamantado!
Sal 131:3 Israel, pon tu esperanza en el SEÑOR desde ahora y para siempre.

Si eres uno de aquellos a quienes Dios ha tenido por digno de padecer afrenta por causa del Nombre (Hch. 5:41), regocijate porque tu galardón es grande en los cielos (Mt. 5:12).