Mat 5:27-30  Creo que Cristo vio la tendencia farisaica de nosotros en condenar el pecado del adulterio y no el pecado de adulterio que se genera en el corazón.

La ley dice en el séptimo mandamiento “no cometerás adulterio” (Ex. 20:14), pero también dice en el décimo “no codiciarás la mujer de tu prójimo” (Ex. 20:17) y ambos son igual de serios e importantes. Podemos racionalizar el pecado del corazón pensando que como no hace mal a nadie no está tan mal como el adulterio que sí puede producir mucho daño, sin embargo, el mal no se define por sus efectos terrenales sino por Dios quien mira nuestra impureza e infidelidad.

Jesús dijo: “cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” (Mt. 5:28). Estas son palabras muy duras en especial para los varones para quienes el mirar se ha convertido en este tiempo algo común y normal.

La codicia no solo se refiere al mal deseo sino al deseo de querer apropiarse de tal cosa o persona, en este caso estar con él o ella. Algunos piensan que es imposible no mirar a una mujer sin desearla como si el deseo fuese irrefrenable, como si no tuviésemos decisión sobre nuestra voluntad, si así fuera sería injusto ser condenados por algo por lo que no tenemos albedrío. Hay muchas maneras de mirar a una mujer pero el pecado está en hacerlo para codiciarla pues eso ya es adulterio en el corazón. Como dijo alguna vez Martín Lutero “no podemos evitar que los pájaros vuelen en nuestra cabeza pero sí que hagan nido en ella.”

Advertencia y consejo

Mat 5:29,30 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

Primero notamos que Jesús dice que el castigo para el adulterio como para el de la codicia sexual es el infierno, el lugar de castigo que hay que evitar a toda costa y no cualquier cosa.

Jesús menciona dos cosas que nos pueden ser ocasión de caer, o pecar, el ojo derecho y la mano derecha. Aquí nos dice que debemos identificar por qué medios somos tentados a la codicia. Notemos que la codicia se manifiesta en mirar y en tocar aquello que es pecado y hay cierto tipo de personas, situaciones y momentos en que podemos ser más vulnerables. La mano derecha y el ojo derecho eran especialmente apreciables por los judíos por lo que vemos que quitarlos sería humillante 1Sa 11:2 Y Nahas amonita les respondió: Con esta condición haré alianza con vosotros, que a cada uno de todos vosotros saque el ojo derecho, y ponga esta afrenta sobre todo Israel. Lo derecho significaba algo valioso, algo de preeminencia, algo de utilidad, de preferencia.

Jesús usa una hipérbole, una forma literaria de exageración para enfatizar una verdad. El no enseñó que literalmente una persona que quería librarse del infierno (Gehena) tiene que cortarse la mano derecha o sacarse el ojo derecho, sino que quería poner de relieve la precaución, la vigilancia y el heroísmo que debemos tener para evitar caer en estos pecados. Jesús dice que es mejor sacrificar cosas si esto nos lleva a evitar la tentación de la codicia, no importa lo que uno pierda si no vas con todo y ello al infierno. Podría ser un trabajo, una relación, un programa televisivo o de internet, podría tratarse de un amigo, podría ser la escuela, etc… ¿Qué tendrás que cortar o sacar de tu vida con el fin de no cometer este pecado de adulterio?