Desde el comienzo de su ministerio profético Dios le dio a Jeremías autoridad sobre naciones y reinos para arrancar y plantar (Jer. 1:10). Durante la mayor parte de su libro sus oráculos se habían dirigido a su nación pero ahora se dirige a las naciones de alrededor, pues si Dios juzgaría a su pueblo también lo haría con las naciones mostrando que es juez de toda la tierra.

Los mensajes de Jeremías en casi toda esta sección están escritos en forma poética y vaticinan como serían las caídas de estos grandes pueblos, además fueron palabras dichas por el profeta en diferentes momentos durante su ministerio.

El primer país al que Dios juzgaría sería Egipto que hasta ese momento había mantenido cierto poderío en la región. Había sido el pueblo al que los patriarcas habían emigrado en tiempo de hambre y fue de donde salieron después de muchos años de esclavitud, luego a partir de la formación del reino del norte, los reyes de Israel y Judá recurrían a ellos y a través de ciertos pagos los ayudaban a defenderse de las naciones de alrededor y en realidad se convirtieron en una fuente de tropiezo espiritual para ellos. Eran un pueblo muy próspero y rico por estar asentados en el río Nilo y las magníficas ruinas de sus edificios dan cuenta de ello.

La primera profecía fue contra el faraón Necao quien en la batalla de Carquemis, junto al río Eufrates, cayó bajo los babilonios en el año 605 a.C. En sus oráculos anuncia que aunque se pondrían en orden para la batalla saldrían huyendo con terror. Las pretenciones de conquista de los egipcios quedarían deshechas y su apoyo en sus vecinos lidios, etíopes y libios no serviría de nada. La razón es que Dios mismo se estaría vengando de ellos como sus enemigos (v. 10). Para Egipto no habría remedio ni medicina.

Babilonia4.png
Los babilonios derrotaron rotundamente a los egipcios en Carquemis

La segunda profecía contra Egipto fue la invasión de Nabucodonosor anunciada en Jer. 43:10-13 y 46:13-26. El anuncio se daría en Menfis la capital del reino antiguo y en Tafnes (cerca de Zoan) el lugar donde se habían refugiado los judíos pensando escapar de los babilonios luego de la invasión en el 586 a.C.

babilonia-y-egipto-2-638

Dios anuncia la caída de “abbyr”, el poderoso que es traducido por fortaleza o el toro Apis que era venerado en Menfis (v. 15), por el empuje del mismo Dios.

Jeremías ve que los soldados caerán y huirán a sus naciones de origen. Al faraón se le pondría por apodo “mucho ruido pero a distiempo”, como decir perro que ladra no muerde, un faraón que había prometido derrotar a Babilonia y librar a sus aliados pero que se tragaría sus palabras.

Dios anuncia que la gente de Menfis sería desterrada y dicha ciudad nunca más sería habitada (v. 19), como vemos hasta la fecha. Egipto sería humillado (v. 24).

Jeremías anunció:

Jer 46:25 “Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, ha dicho: He aquí que yo castigo a Amón dios de Tebas, a Faraón, a Egipto, y a sus dioses y a sus reyes; así a Faraón como a los que en él confían.”

Tebas era la capital del alto Egipto y Amón el Dios principal de esa ciudad. El castigo sería sobre Amón y al faraón, es decir, sus reyes y sus dioses. Entendiéndose que la vida egipcia giraba en torno a sus dioses y creían que ellos podían salvarles de sus enemigos.

Amón.jpg
dios egipcio Amón

En el versículo 26 Dios dice que los entregará en manos de Babilonia pero después volvería a ser habitada. La desolación sería solo pasajera. Más adelante incluso varias ciudades egipcias se convertirían en centros donde el judaísmo y el cristianismo florecerían.

Dios dijo que aunque destruiría a las naciones entre las cuales sería dispersado pero a él no lo destruiría (v. 28). Israel fue dispersado a Asiria, Babilonia y Egipto. Dios no los dejaría sin castigo sino que los corregiría.

Aquí vemos como un imperio tan poderoso como el egipcio cayó por su orgullo, idolatría y por no reconocer a Dios, solo quedan las enormes estatuas, esfinges, tumbas y piramides que testifican que los reinos de este mundo pasarán pero quien hace la voluntad de Dios permanecerán para siempre. ¿En quién tienes tu confianza hoy?