Mat 5:31-32 Las razones más importantes por las que la gente se divorcia por categoría son: infidelidad, incompatibilidad, separación, uso de alcohol o drogas, falta de comunicación, problemas de personalidad, abuso físico y mental, y falta de amor. ¿Cuál de todas estas es justificable según Jesús para el divorcio?

En México la cantidad de divorcios en los últimos quince años ha aumentado 136% y el matrimonio disminuido un 20%, según el INEGI. Según el mismo instituto 18% de los matrimonios terminan en divorcio y esto no es muy diferente en otros países.

Muchos jóvenes de las nuevas generaciones tienen desconfianza en el matrimonio, así como temor ante la posibilidad de un divorcio, y viven en un mundo que ha suavizado y relativizado la importancia de la unión del hombre y una mujer hasta que la muerte los separe. La ley civil permite los divorcios casi por cualquier causa y la nueva moralidad que critica la institución matrimonial, así como el valor mismo de la fidelidad matrimonial, produce la aceptación de los mismos. Los cristianos sin embargo nos sujetamos a la ley de Cristo y no a la del mundo o de las naciones.

En los tiempos de Jesús el divorcio había llegado a ser algo común puesto que la ley de Moisés lo permitía. Se leía “Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio.” (Mt. 5:31). Leamos lo que la ley decía:

Deu 24:1 Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Deu 24:2 Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. Deu 24:3 Pero si la aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer, Deu 24:4 no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.

Según leemos un hombre podía despedir a su mujer (divorciarse) dándole carta de divorcio por haber hallado en ella algo indecente, pero no podía volver a casarse con ella si ella se volvía a divorciar o enviudaba. Los judíos tenían dos escuelas que tenían posturas diferentes en cuanto al divorcio, uno era del rabino Hillel y el otro del rabino Shamai. Hillel era más liberal y creía que cualquier cosa que no le gustase de la mujer daba cabida para un divorcio, incluyendo pequeñeces como no preparar bien la comida, pero Shamai pensaba que eran sólo ciertas cosas que entraban dentro de la categoría de indecente. Más adelante en Mateo 19:1-12 Jesús vuelve a discutir el tema sobre el divorcio dando más razones y explicaciones en contra del divorcio, pero lo veremos luego. En esta parte Jesús dice:

Mat 5:32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.

Podríamos pensar que Jesús quebranta un mandamiento de Moisés para poner uno nuevo, pero vemos que en los casos anteriores no quebrantó sino que amplió los mandamientos y en este caso restringe la interpretación del mandamiento, creo que a lo que se consideraba indecente según Deuteronomio 24:1, pero que los judíos habían interpretado esto a conveniencia para lograr divorciarse.

Aquí Jesús nos dice que si se repudia a una mujer, es decir, si se divorcia uno de la otra persona, el matrimonio no es anulado según Dios, y si se une con otra persona hace que ella adultere y quien se casa con ella está cometiendo adulterio puesto que se está uniendo con una persona que en realidad sigue unida a la otra. Jesús, sin embargo, dice que la fornicación (porneia) es una base justa para el divorcio. La fornicación involucra todo acto sexual prohibido por Dios, según Levítico 18 como bestialismo, incesto, homosexualismo, fornicación propiamente, etc., y que sería la ruptura propia del pacto por uno de ellos. Por tanto, esta sería la única razón de las que pusimos al inicio de este escrito.

1Co 7:10 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; 1Co 7:11 y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.

¿A qué se refiere Pablo aquí con “separación”? ¿está hablando de divorcio? Sí según vemos del contexto en el que cita a Jesús. Las únicas ocasiones en que Jesús se refirió a esto era hablando del divorcio, por tanto no puede referirse a otra cosa.

Pablo habla sobre un matrimonio cristiano y les dice que el Señor ordenó la no separación (divorcio) de ella, puesto que en la sociedad grecorromana a la que Pablo se dirige era posible que la mujer se divorciase de su marido, no así en la legislación judaica; no obstante, al final también dice que el marido no abandone a su mujer lo cual también nos está hablando del divorcio. Pablo dice que de darse el caso de la separación (divorcio), la mujer (ni el hombre), deben casarse con otras personas pues si lo hacen como había dicho Jesús estarían cometiendo adulterio, por tanto, o bien deben reconciliarse o vivir solas o solos. Pablo no dice que aprueba o que está bien el divorcio entre cristianos pero de darse no deben casarse.

Otro caso del cual Pablo habla es de cuando un cristiano está casado con un no cristiano:

1Co 7:12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 1Co 7:13 Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. 1Co 7:14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. 1Co 7:15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. 1Co 7:16 Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?

Cuando Pablo dice “digo yo, no el Señor”, no está anulando su autoridad, sino que la está equiparando y está diciendo que mientras Jesús señaló el primer caso, él hablará de otro tipo de casos por la inspiración del Espíritu y con la autoridad apostólica. El no vivir con un marido no creyente implica que tendrá que lidiar con alguien que no se sujetará al Señor en cuanto a la orden a los maridos de amar a sus esposas y a las mujeres de sujetarse a sus maridos, implica que ellos pueden ser golpeadores, viciosos, maltratadores, etc. porque no tienen al Señor. Para la mujer cristiana le será más difícil vivir con este hombre pero Pablo dice que si el esposo consiente en vivir con ella, esta no debe procurar la separación. Debe mantenerse en esta relación porque en ella el incrédulo será santificado, es decir, el bien de ella influenciará en él para bien del matrimonio. Pero si el incrédulo se separa, Pablo dice que se puede dar el divorcio porque la persona no puede vivir en esclavitud.

Al inicio decíamos que parece que existen otras causas justificables como son: incompatibilidad, separación, uso de alcohol o drogas, falta de comunicación, problemas de personalidad, abuso físico y mental, y falta de amor. ¿Son estas causas justas delante de Dios para un divorcio? Según vimos en la exposición de Pablo las normas de Dios, en este caso el del no divorciarse es dado a personas cristianas y no a los incrédulos. Cuando una persona se convierte al Señor tiene que dejar el pecado y empezar a obedecer los mandamientos de Dios. Esto de entrada resuelve muchísimos problemas por los que la gente piensa en divorciarse. Va a hacer que los drogadictos y alcoholicos dejen los vicios, va a poner en ellos un espíritu no agresivo, va a producir en ellos amor, amabilidad y respeto. Por tanto, la primera gran verdad que deben aprender los matrimonios de hoy en día es que es necesario tener a Dios en el centro del hogar como capitán.

Pero eso no quiere decir que los matrimonios cristianos no tienen problemas, sino que lo siguen teniendo por cuestiones de personalidad, comunicación, o pecados que pueden cometer como mal carácter, rencor, impaciencia, etc. Estos casos no son irresolubles sino que pueden solucionarse con la ayuda de Dios y de la iglesia, así como de consejeros, por lo cual el Señor ordena que en el matrimonio cristiano no procedan a la separación.

Algunos quizá se pregunten si el maltrato de parte de alguien que se dice ser cristiano no sería una causa justa para el divorcio, pero en este caso habría que preguntarse si tal persona en verdad es cristiano. Creo que en estos casos podría darse lo que dice Pablo, una posible separación, pero sin que ninguno de los dos se casen ante la esperanza de una reconciliación y para evitar cometer adulterio.

Conforme leímos de lo que dice Jesús y Pablo hay dos casos de divorcio justificable, uno por una causa de infidelidad y el otro por incrédulo que ya no quiere vivir con un cristiano. Habría que señalar que el Señor prohibe casarse con un no cristiano para evitar este tipo de problemas y constantemente en el libro de proverbios advierte sobre el tipo de personas que una persona debe evitar para no casarse con alguien de quien luego quiera separarse. Por otro lado Jesús y Pablo señalan estas excepciones a la regla para mostrarnos que el divorcio por otras razones es pecado ante el Señor el cual deberíamos buscar evitar a toda costa.