Situado en el actual país de Jordania, Moab era uno de las naciones emparentados con los judíos por aquel incesto cometido por las hijas de Lot cuando Dios destruyó Sodoma y Gomorra (Gn. 19:30-38). Ellos habitaron al lado este del mar muerto y crecieron hasta hacerse una nación que tuvo enemistad continua con los israelitas desde los tiempos del éxodo. En el norte estaban limitados por el río Arnón pero en ocasiones lograron extenderse más allá de esta frontera natural. En Dt. 2:9 Dios le mandó a los israelitas a no pelear con los moabitas porque eran familiares y porque les había dado ese territorio, no obstante, los moabitas buscaron pelear con ellos muchas veces.

mapa de moab

Jeremías proclamó un juicio de parte del Todopoderoso a este pueblo en este largo capítulo. En primer lugar menciona (v. 1) la destrucción de la ciudad de Nebo y la humillación de Quiriataim (mencionadas en Números 32:3 y Josué 13:9, ver mapa de abajo). El esplendor de Moab quedaría terminado. El versículo 2 nos dice que desde Hesbón los enemigos harían planes contra Moab. Esta mención es interesante ya que durante la entrada de los israelitas a la tierra prometida Sehón rey de los amorreos habitaba en esta ciudad y conquistó a los moabitas (Nm. 21:25-30), más adelante fue conquistada por las tribus de Israel y luego por Moab (En el segundo mapa aparece como Jesbón).

El versículo 3 menciona la destrucción y ruina de la ciudad de Horonaim que estaba a 15 km al este del mar muerto. El anuncio de la ruina llegaría hasta Zoar (v. 4), la cual fue una de las ciudades del valle mencionadas en Gn. 13:10 junto con Sodoma y Gomorra, y significaba “pequeña”, y fue a donde primero huyó Lot con sus hijas (Gn. 19:22,23).

En el versículo 4 y 5 se nos habla de la destrucción de Horonaim que era otra ciudad a unos 15 km del mar muerto, y se nos describe en forma gráfica con gente llorando por la cuesta de Luit ante tal desastre.

El pecado que llevaría a la ruina en Moab sería la confianza en sus fuerzas y riquezas (v. 7). Su Dios Quemos iría al destierro, pues sería derrotado junto con su gente y sus sacerdotes. Quemos era un dios con cabeza de toro y cuerpo de hombre que los judíos llamaban “abominable”, pero que fue adorado por algunos israelitas hasta el tiempo de Josías. Pero ahora le llegaría el momento de su ruina. Era el mismo Dios llamado Baal por los cananeos.

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Dios anuncia que no quedaría sino ruina en el valle y la meseta (v. 8) y la ciudad quedaría sin habitantes (v. 9).

En el versículo 10 hay una maldición entre paréntesis para los enemigos que no ejecuten el juicio que Dios ha decretado porque ocurriría como aquellos soldados que dejaban escapar a sus prisioneros. Jer 48:10 “(¡Maldito el que no haga con gusto el trabajo que el Señor encarga!…)”

Hasta el momento Moab nunca había ido al destierro (v. 11, 12), había vivido tranquila sin sufrir muchos ataques por su posición geográfica, que a  diferencia de Israel se encontraba aislada, por ello había prosperado pero esto ya no sería más. En ese momento se sentiría defraudado por su dios Quemos como lo fueron los israelitas por el becerro de oro que se adoraba en Betel (v. 13), en quienes ponían la confianza. Por eso no debían confiar que eran valientes guerreros (v.14).

La cercanía del destructor estaba cerca y lo afirmó el Rey, el Señor Todopoderoso (v. 15). Por los que sus vecinos son llamados a llorar (v. 17).

Lo mismo se anuncia de Dibón, la ciudad más importante de Moab situada al norte del río Arnón (v. 18), cuya fortaleza defensiva sería derribada. La misma ciudad de Aroer quedaría sin entender lo que pasaría (v. 19).

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El Señor decretó castigo para las ciudades de la meseta entre las que hay algunas que a la fecha no han podido localizarse (Vv. 21-24): Holón, Jahas, Mefáat, Dibón, Nebo, Bet-diblataim, Quiriataim, Bet-gamul, Bet-meón, Queriot (Se observa en el primer mapa por Kiriot), Bosrá y todas las ciudades de Moab.

La fuerza de Moab sería rota y su poder destruido (v. 25). Quedaría borracha porque se rebeló contra el Señor y se revolcaría en su vómito (v. 26) vencida y humillada ante los demás.

Moab se había burlado siempre de Israel y hablaba de él con desprecio como si fuera ladrón (v. 27). Desde el principio así habían visto a Israel como ladrones despreciables y no habían reconocido que era Dios quien les había dado la tierra. Moab había sido orgullosa, arrogante y altiva (v. 29), insolente, charlatana y bravucona (v. 30).

El profeta mismo se duele y dice que llorará y se lamentará por ellos y por la gente de Kir hareset (v. 31), el cual vemos ubicado en el siguiente mapa.

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Con expresiones poéticas Jeremías menciona como quedaría destruida el viñedo de Sibma (v. 32) y los bellos jardínes de Moab (v. 33), pues era un lugar célebre por sus vinos.

Toda la región lloraría por ellos desde Hesbón al norte hasta Elalé y Jahas, y desde Soar al sur hasta Horonaim y Eglat-selisiya pues aún sus manantiales quedarían secos(v. 34).

Dios destruiría a la gente idólatra de Moab (v. 35) que subía a adorar a sus altares paganos. Jeremías sentía un dolor por esta gente y las veía de luto (v. 36) por su riqueza perdida y su ruina. En señal de dolor se cortarían la barba, se raparían la cabeza, se harían heridas en las manos y vestirían de ropas ásperas (v. 37).

Como a una vasija inútil Moab quedaría despedazada y por ello el llanto se oiría en todas las terrazas (v. 38).  Dios pide que se haga lamentación por Moab pues para muchos serían motivo de burla y vergüenza (v. 39).

Como un águila vendría su enemigo y sus ciudades y fortalezas caerían (vv. 40, 41). La razón de su caída sería por haberse levantado contra el Señor y sus propósitos (v. 42). Por eso serían como animales perseguidos por un cazador (v. 43), pero no escaparían pues el tiempo de su caída había llegado (v. 44). De nada les serviría huir a Hesbón porque estaría ardiendo en llamas como ella (v. 45).

Un terrible Ay se pronuncia contra este pueblo porque su gente iría al destierro (v. 46), pero Dios al final haría cambiar su suerte (v. 47) pues al final volverían a su tierra al fin de los tiempos.

La historia nos dice que los moabitas después de haber sido dominados por los babilonios poco a poco fueron desapareciendo siendo absorbidos por los pueblos árabes.

Reflexión:

El orgullo y la autosuficiencia nunca son buenos, solo nos llevarán al fracaso y al quebrantamiento. Debemos ser agradecidos por las bendiciones abundantes que Dios nos dá y no actuar con menosprecio hacia a aquellos que son menos afortunados que nosotros.

Por otro lado, debemos ser un pueblo compasivo como Jeremías quien lloró por sus enemigos aún cuando otros se burlaron de ellos. Eso es tener un corazón generoso y humilde que puede reconocer las grandezas de las otras naciones.